Un proyecto piloto busca mejorar la productividad ganadera y, al mismo tiempo, conservar el monte nativo en el Chaco árido. Podrían replicar la experiencia en otras zonas de la provincia.
Fuente: INTA
CÓRDOBA (3/6/2026)- El INTA Regional Córdoba y la Secretaría General de Ambiente, Economía Circular y Biociudadanía de la provincia de Córdoba impulsan un proyecto piloto de manejo de bosques con ganadería integrada. La experiencia se desarrolla en el departamento de Pocho, en el arco noroeste provincial, y busca compatibilizar la producción ganadera con la conservación del monte nativo.
La iniciativa se enmarca en el Proyecto Pagos por Resultados de REDD+ (Reducción de Emisiones por Deforestación y Degradación de los bosques) de la Argentina, financiado por el Fondo Verde del Clima e implementado con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).
El origen del proyecto se remonta a una compulsa internacional donde el país acreditó una reducción de 18 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente entre 2014 y 2016. “Con esa certificación, se pudo acceder al Fondo Verde del Clima, orientado a proyectos de restauración y manejo sostenible de bosques nativos”, dijo Torcuato Tessi, investigador del INTA Manfredi y coordinador del equipo técnico.

El programa se implementará en todas las provincias del país, con la meta de reducir 10 millones de toneladas adicionales de CO₂. En ese marco, una de las líneas de trabajo es el Manejo de Bosques con Ganadería Integrada (MBGI), una propuesta impulsada por el INTA que busca compatibilizar la producción ganadera con la conservación del bosque nativo.
A partir de 2015, su implementación se fortaleció mediante acuerdos interinstitucionales a nivel nacional y su incorporación como alternativa de manejo dentro del marco de la Ley de Bosques.
El MBGI se enfoca en áreas clasificadas como categoría amarilla —donde se permite el uso productivo con criterios de conservación—, que concentran buena parte de las tensiones entre producción y ambiente. “La propuesta apunta a integrar la ganadería con prácticas de bajo impacto, buscando una sinergia entre la producción de carne y el mantenimiento del monte nativo”, señaló Tessi.
La FAO tomó este enfoque como base para canalizar la inversión del programa en las provincias, con 92 planes de manejo a nivel país, destinados a pequeños y medianos productores ganaderos.
Una experiencia modelo en el Chaco árido
En Córdoba, la experiencia piloto se localiza en un establecimiento de la localidad de Chancaní, ubicada en el departamento Pocho, entre el Parque Nacional Traslasierra (ex Pinas) y el Parque natural provincial y reserva forestal natural Chancaní, en el Chaco árido. “La idea es que, una vez validado, este campo funcione como modelo demostrativo de manejo de bosque para la región”, sostuvo el técnico del INTA.
El enfoque de Manejo de Bosques con Ganadería Integrada plantea sostener —o mejorar— la productividad sin resignar niveles de conservación. “Primero hacemos un relevamiento del predio y definimos ambientes: dónde conservar más y dónde priorizar intervenciones como, por ejemplo, la implantación de pasturas”, señaló. Ese ordenamiento busca elevar la oferta forrajera sin comprometer el funcionamiento del monte.
El objetivo es que el sistema rinda más en uno de los ambientes más exigentes de la provincia. “Necesitamos que el campo produzca más de lo que produce hoy, para que el productor viva mejor y para que conservar no sea un costo extra, sino parte del sistema”, sintetizó.
El plan combina usos según el estado de cada ambiente. “Habrá sectores de alto valor de conservación donde el pastoreo se use de forma estratégica, solamente para bajar la carga de combustible y reducir el riesgo de incendios, evitando afectar los renovales”, explicó. En otras áreas, con suelos degradados o baja cobertura, se avanzará con pasturas implantadas, orientadas a la producción.
“Con potreros y rotaciones podemos decidir cuándo usar los animales en cada ambiente”, indicó. Así, el rodeo alterna entre áreas de conservación —donde regula biomasa combustible— y sectores más enfocados en la productividad forrajera, que aportan cobertura al suelo y mejoran los índices del sistema. “Hay formas de compatibilizar ambas cosas”, sostuvo.
Un plan a diez años
El equipo de profesionales del INTA, integrado por ingenieros agrónomos, ingenieros forestales y biólogos, cuenta con un plazo de un año para formular el plan de manejo, siguiendo los lineamientos del MBGI definidos a nivel nacional. En ese período realizan un relevamiento integral del predio y diseñan una propuesta con especificaciones técnicas y un horizonte de implementación de diez años. En ese esquema también se contemplan las inversiones necesarias para su ejecución.
Una vez elaborado, el plan debe atravesar una doble instancia de validación. Primero interviene la autoridad local —la Secretaría de Ambiente de Córdoba— y luego la FAO, que habilita los fondos para su ejecución.
Durante ese proceso, el equipo técnico mantiene un rol activo en el seguimiento. “Nosotros luego acompañaremos la implementación como responsables del plan de manejo y conservación”, señaló Tessi. Ese monitoreo busca asegurar que las prácticas definidas se cumplan y que los objetivos productivos y ambientales se sostengan en el tiempo. “Creemos que es una oportunidad para ver el MBGI funcionando en la provincia”, concluyó.



