En un futuro podría verse reflejado el actual confinamiento global en los anillos de los árboles

¿Recordará la Tierra la pandemia por coronavirus?. Los indicadores paleoclimáticos han dado indicios de lo que fue la famosa Peste Negra, y la historia podría volver a repetirse. En un futuro podría verse reflejado el actual confinamiento global en núcleos de hielo, anillos de árboles y depósitos de sedimentos. “A medida que los árboles crecen, absorben azufre, óxidos de nitrógeno y metales como el cadmio”, explican los investigadores .

Fuente: Tiempo

 

En 2017 un trabajo científico utilizó tecnología avanzada para analizar núcleos de hielo extraídos de los Alpes. En este indicador paleoclimático se hallaron indicios de lo que fue la famosa Peste Negra, una de las peores pandemias de la historia de la humanidad que mató a la mitad de la población de Europa entre 1349 y 1353.

Estos registros mostraron que durante los últimos 2000 años, solo se registró una única abrupta caída de los niveles anuales de plomo en la atmósfera, coincidiendo con el periodo de esta gran pandemia que llevó al colapso de la actividad económica, incluyendo la minería y la fundición de plomo.

Año 2020. Una nueva pandemia mantiene en vilo a toda la humanidad. Estudios recientes muestran que distintos índices de contaminación han disminuido significativamente en diversas partes del mundo, en la medida que las personas han dejado de conducir, los aviones han dejado de volar y las fábricas han permanecido cerradas.

Según reporta un artículo publicado por Scientific American, las emisiones mundiales de dióxido de carbono han disminuido en un 17% en el último año, y las proyecciones sugieren que 2020 verá la mayor caída anual de esas emisiones, en alrededor de dos mil millones de toneladas métricas , o el 5.5% del total de 2019.

 

Las huellas sobre el hielo

Según Paul Mayewski, director del Instituto de Cambio Climático de la Universidad de Maine y autor principal del artículo sobre la Peste Negra, el actual confinamiento podrá dejar huellas sobre las grandes masas de hielo. En particular, el marcador más probable que podría llegar a encontrar un investigador dentro de 100 años al perforar el hielo serían los aerosoles, tales como partículas de plomo, cadmio y azufre que pueden permanecer en la atmósfera durante días o semanas antes de precipitar.

“Los núcleos de hielo pueden reconstruir aerosoles con una resolución mensual en algunos casos, por lo que la señal COVID-19 debería aparecer”, dice Christo Buizert, paleoclimatólogo de la Universidad Estatal de Oregón.

Los núcleos de hielo pueden reconstruir aerosoles con una resolución mensual en algunos casos. Otro aerosol importante que según Buizert podría aparecer en los núcleos de hielo es el hollín, específicamente las partículas de 2.5 micrones de diámetro o menos, conocidas como PM2.5. En Wuhan (China), donde se cree se originó la pandemia, los niveles de PM2.5 cayeron un 44% durante el cierre de la ciudad.

 

Anillos de árboles como indicadores paleoclimáticos

La actual pandemia podrá verse reflejada en un futuro en los anillos de árboles también. De hecho, con una mejor fidelidad que en los núcleos de hielo, dado que se encuentran mucho más cerca de las ciudades y centros industriales.

A medida que los árboles crecen, absorben azufre, óxidos de nitrógeno y metales como el cadmio depositado de la atmósfera en el suelo y el agua. Los científicos pueden usar la espectrometría de masas para analizar cómo varían los niveles de un año a otro.

 

Cataclismo rico en plásticos

Otros marcadores de la pandemia podrían involucrar mayores niveles que el promedio en determinados materiales. Kim Cobb, paleoclimatólogo del Instituto de Tecnología de Georgia, cree que la creciente montaña de plástico para protección personal que se está desechando, podría aparecer en capas de sedimentos en las vías fluviales.

La adición actual de miles de millones de guantes, máscaras y otros artículos de un solo uso podría crear un pulso, una capa más gruesa, representando un cataclismo rico en plásticos. “Sería un marcador, una capa cronológica, que sería algo fascinante para los futuros geólogos”, dice Cobb.

En definitiva, un investigador intrépido podría en un futuro lejano discernir esa capa, dado el largo tiempo que muchos plásticos requieren para degradarse. Un dendrocronólogo también podría contribuir con su conocimiento acerca del registro de aerosoles en algunos árboles de larga vida. Y Los núcleos de hielo darán su aporte, si es que todavía existieran para ese entonces algunos glaciares y capas de hielo.

 

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