Leyendas sagradas y riqueza de la cultura ancestral: los secretos de los tejidos Mayas de Guatemala

La indumentaria textil maya es valorada por la riqueza de su diseño, color y conocimiento ancestral. Cada pieza posee un amplio simbolismo. Un patrimonio tangible que demanda protección, a pesar de las influencias.

Fuente: El Periódico. Por Ana Lucía González

GUATEMALA (11/11/2019).- Enmarcados por la majestuosidad de los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro, el lago de Atitlán está rodeado por una serie de pueblos que en conjunto retratan una de las más bellas estampas del país. A su alrededor, se localizan 13 de los 19 municipios de Sololá, que comprenden tres comunidades lingüísticas: los tz’utuhiles, kaqchikeles y k’iche’s. Todos tienen en común una tradición prehispánica.

Aunque cada poblado cuenta con una cosmovisión particular, un mundo de leyendas sagradas, además de una riqueza cultural que los identifica a través de sus costumbres, vestimenta y cultura.

La agricultura, el comercio y el arte forman parte de las actividades diarias de estas comunidades. Principian desde la pesca y siembra de tul, utilizado para fabricar petates y canastos, además de los cultivos de verduras, granos y la producción de café de reconocida calidad.

En el arte, las creaciones abarcan diversidad de expresiones. La elaboración de textiles y piezas de uso diario es milenaria. También resalta la variedad de joyería de mostacilla, las artesanías en madera y los artículos de cuero. Se suman a este mosaico, la gastronomía regional con platos tradicionales como el pulique y el patín. No menos importante, la pintura popular o “naive” que con su estilo ingenuo refleja la cotidianidad de los artistas mayas.

La indumentaria de cada comunidad cuenta una historia común y denota una riqueza textil única en el mundo. La antropóloga Barbara Knoke de Arathoon se ha dedicado a estudiar el simbolismo de los tejidos mayas de Guatemala en donde ha encontrado elementos que se remontan a la cosmovisión prehispánica. Por ejemplo, los surcos, el centro, el pavo o chompipe y la serpiente, entre otros. En otros casos, las tejedoras han preferido tomar elementos de su cultura tradicional y su entorno.

“El ritmo de vida ha modificado el traje distintivo tradicional a uno que actualmente es resultado del gusto personal de la tejedora. Las piezas varían desde los colores, los materiales que puede costear, la moda y su creatividad”, explica. Parte de su labor ha sido rescatar el significado de símbolos que forman parte de la memoria colectiva maya.

Puesto que la indumentaria de cada comunidad evoluciona, destacamos cinco ejemplos de vestuario del departamento de Sololá que reflejan características y mensajes propios.

Es el punto turístico más importante alrededor del lago y el que cuenta con mayor cantidad de servicios. El huipil distintivo femenino es de fondo rojo y diseños morados de gatos y pájaros. Lo usan quienes integran la cofradía o cualquier ocasión importante.

Las mujeres de Panajachel son más adaptadas al cambio. Los hombres dejaron de usar su traje hace varias décadas y las mujeres siguen una nueva norma. Han sustituido el huipil con rasgos locales en cuanto a color, materiales y motivos. Muchas veces inspiradas en prendas de otras comunidades, de acuerdo con la Guía de Viajeros Textiles de Guatemala, de Deborah Chandler.

Detalle de huipil de niña de Panajachel.

Al mismo tiempo, es un lugar donde los interesados en tejidos e indumentaria maya de distintos lugares del país, puede encontrarlos en la calle Santander de Panajachel, así como en puntos de venta específicos del pueblo.

EL COLOR DE SANTA CATARINA PALOPÓ

Ubicado a cinco kilómetros al este de Panajachel, originalmente dedicado a la pesca, pero que en las últimas décadas se ha enfocado hacia el turismo y su traje regional, el cual ha experimentado una serie de cambios. Anteriormente su huipil era de tonos rojos con diseños multicolores cargados de simbolismo. “Algunas ancianas todavía lo usan”, indica Arathoon.

A partir de los años setenta se dio un cambio, atribuido a una norteamericana que introdujo la gama de tonos turquesas, verdes y azules, con la idea de reproducir los “colores del lago”. Se aplicaron diseños brocados geométricos. Posteriormente se ha dado una tercera ola de cambios al huipil con fondo corinto y diseños multicolores.

En los últimos años, las fachadas de las casas de Santa Catarina lucen los diseños de sus textiles, una idea que surge de Melissa Whitbeck y que ha aportado a la comunidad un atractivo turístico, según Chandler. El sitio web Mail Online eligió a Santa Catarina Palopó como uno de los lugares que ofrece “las vacaciones más coloridas del mundo”.

Huipil de niña Santa Catarina Palopó.

Tres grupos sociolingüísticos alrededor del lago

Los pueblos de origen kaqchikel son: Panajachel, San Antonio Palopó, San Marcos La Laguna, Santa Catarina Palopó, Santa Cruz La Laguna y Sololá. De origen tz’utujil son: San Juan La Laguna, San Pablo La Laguna, San Pedro La Laguna y Santiago Atitlán. De origen k’iche’: Santa Catarina Ixtahuacán. Más alejados, Nahualá, Santa Clara La Laguna y Santa Lucía Utatlán.
Dos pueblos conviven con dos idiomas mayas. Santa María Visitación con hablantes tz’utujiles y k’iche’s. Y San Lucas Tolimán, con pobladores de origen kaqchikel y tz’utujil.

LOS NAHUALES DE  SANTIAGO ATITLÁN

Es el pueblo tz’utuhil más grande en la orilla del lago. El huipil distintivo de esta comunidad es de pájaros bordados, aunque también se han incorporado las flores bordadas a mano. Estas figuras se asocian con los nahuales de sus antepasados. También en el cuello resaltan tres triángulos bordados que representan los tres volcanes.

A pesar de los cambios, su indumentaria aún conserva ciertos elementos distintivos. Sus bordadoras optaron por transformar los hermosos pájaros en glifos y después en flores. Por otro lado, el auge del bordado a máquina hizo que perdiera fuerza el bordado manual, así como el uso de cuellos con detalles en mostacilla, explica la antropóloga Knoke, especializada en tejidos mayas.

Tanto el huipil como los pantalones masculinos se tejen en telar de cintura. “Se van tejiendo rayas de urdimbre-trama (horizontal) y en esas cuadrículas se van bordando los pájaros. Algunas bordadoras toman libros de aves como referencia, pero depende de la creatividad de cada persona”, refiere.

Uno de los atuendos más distintivos de Santiago Atitlán es el tocoyal, cinta que se enrolla alrededor de la cabeza con fuerte simbolismo y que puede medir hasta 18 yardas de largo. En 1997 el investigador Robert S. Carlsen develó el significado de esta pieza: “representa la serpiente arcoíris del cielo, que produce el aliento de una gran serpiente y protege al mundo de daños. A su vez simboliza el cordón umbilical que ata a las mujeres sagradas al cielo. Yaxper, la patrona de las comadronas, fue la primera en usarlo”.

Santiago Atitlán es un lugar rico en todo tipo de artesanías y tradiciones. Estas incluyen labores en cuero, esculturas en madera, mostacilla, tejedoras, bordadoras y bordadores. La religiosidad es muy importante. Conviven el catolicismo, protestantismo y el sincretismo, encarnado en la figura de Maximón.

Los pájaros y las flores son el distintivo principal de los huipiles de Santiago Atitlán. Los tres picos en el cuello significan los tres volcanes

 

RESCATE DE LOS COLORES NATURALES, SAN JUAN LA LAGUNA

Un pueblo de vocación agrícola, textil y artesanal, donde las mujeres tejedoras se han organizado en cooperativas locales. Originalmente, el huipil de San Juan la Laguna era de dos piezas tejidas en telar de cintura color blanco. Actualmente es de color vino a rayas. Tanto en en el centro del pecho como en el reverso tiene 24 cuadrados bordados a mano en punto cadeneta en 4 hileras de 6 cuadrados. Esta es una representación del día 24 de junio que es el día de San Juan en la tradición católica. Esta idea se completa con seis filas en zigzag que tiene alrededor del cuello y que representan el mes de junio: estas seis filas se refiere al desfile que se celebra el 24 de junio, de acuerdo con la página indígenas.

Desde hace varios años, las mujeres de este poblado cuentan con un proyecto para recuperar el uso de tintes naturales. Han sido exitosas y ahora se encuentran varios lugares en donde se ofrecen demostraciones de tipos de plantas, semillas, cortezas o el insecto de la cochinilla de donde se obtiene cada color. “Se está regresando a lo que se utilizaba en el pasado, puesto que la prenda adquiere un valor agregado: chalinas, bufandas, toda la artesanía textil se beneficia de este proceso”, explica Knoke.

JERARQUÍAS EN EL TRAJE DE SOLOLÁ

La cabecera de Sololá fue fundada en 1547. A pesar de las influencias contemporáneas, es uno de los municipios donde tanto hombres como mujeres han sabido conservar su traje, documenta Guisela Mayén de Castellanos en Tzute y Jerarquía en Sololá.

“La indumentaria de un hombre en Sololá refleja si está activo dentro del servicio de la comunidad o si es del pasado. En algunos pueblos, la viuda o la soltera lleva prendas que comunican su estatus a los demás miembros del grupo”, refiere. Además, revela el estatus de un individuo, el cual denota origen, edad, sexo, nivel económico y cargo dentro de la jerarquía cívico-religiosa.

Knoke ha identificado dos tendencias en el uso del huipil femenino. Los con mangas y cuello en color rojo con rayas de jaspe y diseños brocados de trama suplementaria tejido en telar de cintura. Dos, los que perdieron sus mangas, y se asemejan a formas de otros lugares. Varían los colores entre el naranja, corinto y café con diseños bordados a máquina.

La indumentaria masculina describe el uso de camisa con una serie de cambios, rodillera (paño enrollado en color café y blanco en lana natural) pantalones tejidos en telar de cintura con brocados de trama suplementaria, saco y sombrero. De acuerdo con Linda Asturias de Barrios, este es híbrido, al combinar características prehispánicas y europeas.

UNA PIEZA SUJETA A TRANSFORMACIÓN

El uso del huipil se remonta al periodo Clásico Medio (500-600 d. C.), entonces solo era usado para ocasiones ceremoniales. Sobre esta prenda se han encontrado vestigios en cerámicas y en el Códice de Dresde, de acuerdo con el texto Indumentaria Maya Milenaria, del Museo Ixkik’ del Traje Maya.

> La palabra huipil, deriva del vocablo náhuatl huipilli, que significa “mi tapado”.

> Con la conquista, la prenda se transformó. Se introdujeron otros materiales como la seda, el telar de pie y nuevos diseños decorativos.

> Hasta la fecha, en el huipil persisten las técnicas textiles prehispánicas como su diseño rectilíneo y el telar de cintura, que ha sobrevivido con pocas variantes.

> De los 22 departamentos del país, 17 cuentan con 117 huipiles distintivos, de igual número de municipios. Todos son de uso cotidiano, excepto San Antonio Sacatepéquez, San Marcos.

Entre las técnicas decorativas más utilizadas están: el brocado de trama suplementaria, que forma figuras con hilos adicionales que se entrelazan con la urdimbre y la trama básica mientras se teje la tela. El bordado es de origen europeo. Sobre el tejido terminado se borda con aguja. En las últimas décadas se borda a máquina.

A pesar de la influencia cultural, el traje distingue a las diferentes comunidades indígenas. Ciertas prendas denotan el rango o cargo de un individuo, posición económica, edad y ocasión en la que el usuario participa.

El huipil es una prenda que se sigue transformando. Cada pieza refleja las destrezas y gustos de cada tejedora o bordadora.

Fuentes:

Huipiles mayas de Guatemala, Guía Museo Ixchel del Traje Indígena

Tzute y jerarquía en Sololá, Guisela Mayén de Castellanos

Guía de Viajeros Textiles de Guatemala, Deborah Chandler

Sololá, Revista Galería Guatemala, Año 5, No. 13. (2002) Fundación G&T Continental

Huellas prehispánicas en el simbolismo de los tejidos mayas de Guatemala. Simposio 18, año 2004. Asociación Tikal.

 

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