| Opinión |
MISIONES (5/10/2007).- La lamentable y liviana actuación de algunos legisladores de Argentina y Chile, pretendiendo instalar en la opinión pública la existencia de un problema que hasta los concejales del pueblo desmienten, habla por lo menos de desinformación a la hora de impulsar proyectos y pedidos de informes. Podría pensarse, sino, que se intenta obtener algún tipo de rédito o posicionamiento personal, sin tener en cuenta el daño que generan a una empresa, a una localidad y a una provincia impulsando proyectos que parten de una falsedad. Hay que decirlo con claridad: Tras el conflicto entre la Argentina y el Uruguay por la instalación de Botnia en tierra charrúa, hay intentos reiterados de generar un conflicto similar en tierra misionera, provincia argentina que abraza la actividad forestoindustrial, celulosica y papelera desde el Estado. Los reiterados fracasos en la intención de generar un conflicto, desatan “denuncias” verdaderamente inverosímiles por la creatividad sin límites de quienes las formulan. Sin embargo, esos sectores interesados no deberían penetrar la actividad legislativa, al menos que ésta en algunos casos se ejerza con improvisación y poca seriedad. En ese sentido, la actuación de la flamante diputada nacional Ivana Bianchi o el legislador de Chile, Roberto León, quien con menos tino aún, sostiene que la denuncia fue formulada por el “Parlamento argentino”, son ejemplos de evidente ligereza en el ejercicio de sus funciones. Párrafo aparte para la información maliciosa que circula en Internet. Un portal que predica la cuestión ambiental y se presenta como promotor de la protección de los recursos naturales de la “Selva Paranense”, puso en foco a la provincia de Misiones tras la publicación de notas tituladas como “Muerte en el Alto Paraná” y “desastre ambiental”, sin consultar nunca no sólo a la empresa, que es lo primero que dicen los manuales (y antes que eso el sentido común), ni a los concejales que fueron las autoridades en constatar en el lugar el accionar de la empresa, sino que siguió y sigue utilizando titulares escandolosos refritando una y otra vez la misma nota de Ortega, generando en forma irresponsable, evidentemente maliciosa y encerrando oscuros intereses, tratando de posicionar un tema sin haber cumplido con las normas básicas del periodismo, sin chequear la información y, como ya se dijo, sin recurrir a las fuentes. Además de la postura claramente interesada del medio, en sus titulares se denota la maliciosidad manifiesta al tratar en forma reiterada como “desastre ambiental” una denuncia de un vecino por la situación de un lote en el cual había visto, en un sector reducido sobre un curso de agua algunas ramas caídas y 6 cuervos muertos, de los cuales aún se sospecha su real procedencia dado que aparecieron en forma misteriosa uno al lado del otro a ambos costados de un camino vecinal que cruza por el predio de la empresa. Para este medio, esta denuncia que nunca se encargó de verificar ni contrastar con la empresa es un “desastre ambiental”. En cuanto a la definición, hay decenas de posturas, pero en su mayoría coinciden en “afectación del ambiente que genera cambios bruscos en la comunidad”, dandole a esto una gran dimensión geográfica y otra temporal. Como medios periodísticos, para dimensionar, en los diarios argentinos y del mundo se habla de desastre ambiental, por ejemplo cuando: – se derramaron 100 mil barriles de petróleo en el Mar Mediterráneo – en la Bahía de Minamata (Japón) se vertieron a las aguas aproximadamente 27 toneladas de compuestos con mercurio. – el escape de gases en Seveso (Italia), que se produce al estallar una válvula de seguridad de una industria química liberando al ambiente TCDD (2,3,7,8 tetraclorodibenzodioxina), una de las dioxinas más peligrosas. – la tragedia de Bhopal en la India, cuando fueron liberados, provenientes de una fábrica de pesticidas, casi 40 tn de gases letales. Lo dicho. Intereses habrá siempre. Es de esperar que los legisladores de ambos países aprendan a diferenciarlos.




