| Noticias de Uruguay |
En este contexto, la empresa sueco-finlandesa continúa firme en la decisión de instalarse en Uruguay. «No hay nada que vaya a impedir la inversión de Stora Enso en Uruguay. Vamos a seguir adelante con nuestros proyectos, más allá de la discusión entre uruguayos y argentinos», aseguró el vicepresidente de Comunicaciones de la firma, Kari Vainio.
Fuente: La República
URUGUAY (17/4/2006).- ARGENTINA SE sigue preguntando si las plantas de celulosa (Botnia y Ence), a instalarse a orillas del compartido Río Uruguay, provocarán daños ecológicos. Y no cesa en su reclamo de información. El gobierno uruguayo está convencido de que no habrá impactos ambientales negativos. Y promete «extremar los cuidados del medio ambiente aplicando las normas existentes». Los ambientalistas argentinos volvieron a ocupar los puentes fronterizos, provocando la ira de transportistas y autoridades por los daños materiales que ocasionan los bloqueos. El tantas veces anunciado encuentro entre los presidentes Tabaré Vázquez y Néstor üirchner nunca logró concretarse y llueven las críticas desde ambas márgenes del río. Las afirmaciones y desmentidos acerca de una suspensión de los créditos del Banco Mundial para la construcción de las plantas no están ausentes en este conflicto que ya lleva siete meses. Y las amenazas de recurrir a tribunales regionales e internacionales (como el Mercosur y La Haya) se repiten cada día al igual que los pronósticos del tiempo. En este contexto, la empresa sueco-finlandesa Stora Enso continúa firme en la decisión de instalarse en Uruguay. Así lo confirmaron directivos de la firma a LA REPÚBLICA en una conferencia realizada en el edificio central de la empresa en Helsinki, capital de Finlandia. «No hay nada que vaya a impedir la inversión de Stora Enso en Uruguay. Vamos a seguir adelante con nuestros proyectos, más allá de la discusión entre uruguayos y argentinos», aseguró el vicepresidente de Comunicaciones de la firma, Kari Vainio. El hecho de que la firma haya decidido instalarse sobre la margen de un río interno de Uruguay, el Río Negro, le da una cuota de alivio a los nórdicos. Pero no la suficiente como para desligarse totalmente ya que el río elegido, que atraviesa todo el territorio uruguayo de este a oeste y lo divide en dos, desemboca en el compartido Río Uruguay. De hecho, ambientalistas argentinos y uruguayos y la organización ecologista Greenpeace ya se encargaron de poner el grito en el cielo cuando se anunció la construcción de una tercera planta productora de celulosa en Uruguay. Para tranquilidad de los defensores de la ecología, la firma «nunca» pensó en asentarse en Fray Bentos. «Por las características de los suelos y el agua siempre apostamos al centro del país. Los terrenos en las cercanías de Fray Brentos no son muy buenos», explicó Vainio. Lo cierto es que hasta el momento la firma sueco-finlandesa, fusionada en 1998, está dedicada a la compra de terrenos y plantaciones. Lleva adquiridas 30 mil hectáreas de tierras en los departamentos de Durazno y Tacuarembó y en los próximos meses se empezarán a comprar plantaciones. El objetivo es adquirir 140 mil hectáreas en Uruguay: 100 mil plantadas y 40 mil sin plantaciones. En cuanto al lugar donde funcionará la planta celulósica todavía no hay nada definido, aunque se sabe que será en Durazno o en Tacuarembó. El vicepresidente de la empresa para América Latina, Otavio Pontes, precisó: «Sabemos que será en algunos de esos dos departamentos, pero estamos estudiando varios sitios. Recién en noviembre tendremos una decisión definitiva». Pontes reconoció que el tiempo no los corre porque en caso de comprar eucaliptos ya crecidos la planta «podría estar funcionando en cinco años», que se extendería a ocho años si la empresa decide plantar de cero, porque ése es el tiempo de crecimiento de esta especie en Uruguay. Por qué Sudamérica y en especial Uruguay Son varias las razones por las cuales la empresa del norte de Europa elige Sudamérica. Pero el tiempo de crecimiento de los árboles usados para la., producción de celulosa, como el pino y el eucalipto, es uno de los motivos. Jorma Westlund, miembro de la Federación de Bosques de Finlandia, detalló que en Finlandia un pino tarda unos 80 años en crecer, cuando en Uruguay este proceso dura entre siete y ocho años. La capacidad de producción de pulpa por hectárea en América del Sur, comparada a la de Finlandia, es determinante en la decisión de expandirse. Westlund detalló que en madera de fibra corta (eucaliptos, roble, álamo), Uruguay tiene .una capacidad de producir diez toneladas de pulpa por hectárea, mientras que en Finlandia la capacidad desciende a 1,2 toneladas. En fibra larga (pinos, abetos, piceas) la capacidad de producción de pulpa en Uruguay es de siete toneladas y en Finlandia de tina tonelada. Sudamérica tiene «.significativas ventajas de costos en relación a Europa: es un 50 por ciento menor que en el viejo continente». No obstante, desde la empresa aclararon que además de mostrar un bajo costo «tiene que haber un contexto político estable en el país de radicación y Uruguay lo posee». La primera apuesta de Stora Enso en Sudamérica fue en Bahía (Brasil), en 2005, donde se construyó una planta que produce actualmente 900 mil toneladas de pulpa por año. Tiene 3.800 empleados (dos mil en la planta y 1.800 en plantaciones) y la mitad de su producción es exportada a la planta de papel que la misma firma tiene en la ciudad finlandesa de Oulu. La futura planta uruguaya superará la capacidad de producción de la brasileña, ya que se proyecta que producirá un millón de toneladas de pulpa por año. Y abastecerá a las instalaciones que Stora Enso posee en Europa (Alemania, Bélgica, Holanda) y en China (Suzhou). Para esto la firma se propone invertir 1.250 millones de dólares: 150 millones para la compra de tierras y plantaciones y 1.100 millones para la construcción de la planta. Cómo funcionan las plantas de pulpa y papel El proceso comienza en los bosques, que en Finlandia ocupan el 85 por ciento de la superficie terrestre. La mayoría de los bosques del país nórdico (el 61 por ciento) que se utilizan para la industria forestal son privados. De hecho, hay unos 400 mil propietarios particulares de bosques en ese país. Merja Simonen, ingeniera forestal de Stora Enso, dijo que cada propietario tiene un promedio de 34 hectáreas. «El bosque particular, además de ser un sustento económico para miles de familias finlandesas, es una manera de dejar un legado a las futuras generaciones». Simonen dijo que «esta tradición podría extenderse a Uruguay». LA REPÚBLICA vio cómo se trabaja en los bosques, donde no se ven alambrados ya que cualquier ciudadano puede penetrarlos sin necesidad de obtener el permiso de su dueño. La tarea de cortar los árboles (en el caso de Finlandia son pinos y abedules) se realiza con modernas maquinarias, que cuestan unos 500 mil dólares, y que tiran el árbol, luego extraen las ramas y por último lo cortan de acuerdo con el largo programado anteriormente en la computadora de la máquina, comandada por una persona. El 95 por ciento de este trabajo se realiza con maquinaria y el restante a mano, en zonas donde es dificultoso el ingreso de los rodados. Claro que los tiempos no son los mismos: cortar una hectárea con máquina lleva unas seis horas cuando el trabajo manual tarda tres semanas. Una vez cortados, los troncos son separados entre los de mayor diámetro y los de menos grosor. Los primeros son apilados y luego trasladados a los aserraderos, mientras que los últimos se llevan a las plantas de celulosa para ser usados como materia prima. La fabricación de la pasta consiste básicamente en separar la celulosa, uno de los componentes de la madera junto al agua y la lignina, para luego ser utilizada en la fabricación de papel, cartón y otros derivados. El proceso para obtener pulpa comienza con el descortezado de la madera (la corteza luego se usa para la generación de energía), luego la madera se reduce a pequeñas astillas, llamados chips. El paso siguiente consiste en separar la celulosa de la lignina mediante el uso del licor negro, que antes se arrojaba directamente al agua y ahora se utiliza para producir energía. Luego la celulosa se somete a un proceso de blanqueamiento, en el que se usan distintos químicos y se retira totalmente la lignina para obtener el papel con el blanco deseado (si quedan rastros de lignina, él papel se ve marrón). A simple vista, la pulpa líquida es similar a la nieve, hasta hay quienes se atreven a comerla. Para la posterior producción de papel se utiliza la pulpa líquida, pero si la pasta fuese exportada debe secarse previamente. En la fabricación de papel las maquinarias se encargan de revestir el papel de diferentes maneras para que quede más brilloso, con más grosor y más o menos suave, entre otras características. Es aquí donde discriminan los papeles de impresión, para revistas, libros, diarios y afiches. Para realizar este proceso, la empresa emplea el método ECF (libre de cloro elemental), cuestionado por los grupos ambientalistas porque se utilizan dioxinas de cloro, «que pueden provocar enfermedades como el cáncer y afectar a los animales». Una vez finalizado el proceso los rollos de papel se exportan o se distribuyen para el consumo interno. En el mundo, en 2003, el consumo de papel per cápita fue de 54 kilos y para 2020 se proyecta una suba a 65 kilos por persona. En Norteamérica esta tendencia no se registrará debido a la gran cantidad de gente que lee en Internet. Fuente LA REPUBLICA.- Uruguay. Por CARLA RIZZOTTO – FINLANDIA




