| Plantar hasta derrotar la erosión |
Dr. Roberto Ipinza C., director de INFOR
CHILE (ABRIL 2005).- El principal problema ambiental de Chile es lejos la erosión, con sobre el 60% del territorio nacional afectado por este mortal enemigo del desarrollo, que ataca silenciosa y despiadadamente como un cáncer a la tierra y cuya arma más poderosa es la indolencia y la inactividad del ser humano, que no percibe que la tierra desaparece, que se esfuma la productividad de los suelos y que se pierde biodiversidad. La confusión y el desconocimiento del ser humano, lo lleva a reaccionar porque se pincha un dedo, pero muestra una inacción increíble ante este flagelo que ve como algo normal. ¿Qué futuro tiene nuestro principal recurso natural, el suelo? La erosión puede ser causada, principalmente, por el agua y el viento. Resulta contradictorio que el agua, que es clave para la vida, pueda transformarse en un elemento destructivo. Pero la culpa no es del agua, en los lugares o zonas donde no hay vegetación en los cuales puede causar estragos. Desde pequeños hemos visto como los ríos se llevan parte importante de nuestro suelo en sus aguas color “chocolate”, sin embargo, este color es considerado como un elemento más del paisaje y no alcanzamos a dimensionar que tras esa imagen está el triunfo de la pobreza que doblega a más de un millón y medio de nuestros compatriotas a causa de la erosión. La destrucción de bosques en la cabecera de las cuencas, la destrucción de bosques para la agricultura y ganadería de subsistencia y los incendios forestales, constituyen algunas de las causas de la eliminación de la vegetación. El hombre ha desnudado a la tierra al quitar su vegetación. Los árboles son los únicos seres vivos que en comunidad, es decir cuando forman un bosque, pueden regular la cantidad y la calidad del agua. ¿Cómo pueden hacerlo? Por ejemplo, el sur del país se caracteriza por lluvias intensas y prolongadas, parte de esta agua puede escurrir en forma superficial, pero su velocidad es disminuida por los obstáculos o árboles que enfrenta a su paso. Cuando el suelo está cubierto por la vegetación, las gotas de lluvia son interceptadas por las copas de los árboles, el agua desciende lentamente, recorriendo ramillas y el tronco, hasta tocar y penetrar la mullida capa de hojarasca que forma el piso de los bosques. El agua se infiltra en el suelo, llega hasta las raíces, saciando la sed de los árboles. El viaje del agua continúa lentamente y se deposita en los acuíferos en la profundidad de la tierra. El agua clara, transparente y pura va formando y alimentando pequeños cursos de agua hasta los majestuosos ríos. ¿Pero qué sucede cuando las gotas de lluvia no son interceptadas por la vegetación? Estas horadan en forma despiadada la tierra, como una lluvia de meteoritos que va explosionando todo y acarreando pendiente abajo un mar de lodo que tiñe de café chocolate los ríos chilenos. Esta situación se agrava con las actividades mineras emplazadas a orillas de los ríos que no contemplan un buen estudio de impacto ambiental y que aplican enormes chorros de agua a gran presión para lavar la tierra y descubrir el veleidoso mineral que es colectado en pequeñas dosis tras haber removido gran cantidad de tierra por efecto del agua disparada contra el terreno. Desde Puerto Montt hacia el norte son escasos los ríos cristalinos, en realidad, son una excepción. Lo importante no es lo que vemos o lo que sentimos ante esta situación, lo relevante es qué hacemos para impedir que esto siga sucediendo. Y una vez más y con mayúsculas, la solución es Plantar y volver a Plantar hasta derrotar a la erosión, sólo así devolveremos en parte la vida a la madre Tierra que nos da la vida.




