Dos hermanos mezclan arte e ingeniería fabricando puertas y molduras

Internacionales

Horacio y Rodrigo Fernández levantaron una empresa con ventas anuales previstas por 40 millones de dólares. La compañía recibirá hoy un premio a la calidad en Roma, Italia, y está invirtiendo US$ 5 millones para duplicar su producción. CHILE(6/7/2004).- La mayores quejas contra los exportadores apuntan al poco valor agregado que dan a sus envíos, limitándose, en muchos casos, a materias primas. Crítica que no afecta a los hermanos Horacio y Rodrigo Fernández, dueños de la fábrica Polincay. Con ventas previstas para este año por US$ 40 millones, la empresa comercializa un 25% de su producción de puertas en el mercado nacional y exporta el resto a Estados Unidos, México, Guatemala, Ecuador, Perú y Salvador. También es la principal proveedora en el mercado chileno de molduras de construcción. “Estamos abocados en un plan de crecimiento y expansión que nos permitirá duplicar, durante este año, la producción y abordar nuevos mercados, por un valor de US$ 5 millones”, explica desde Florencia, Italia, Horacio Fernández, gerente general de la compañía, quien viajó junto a su hermano a recibir un reconocimiento europeo a sus productos. La empresa obtuvo el trofeo internacional a la calidad 2004, New Millennium Award, que anualmente entrega el Trade Leaders Club de Madrid, organismo que reúne a 7.000 empresas de 110 países. Las fábricas de Polincay se emplazan en 40 mil metros cuadrados en Colina, siendo de esta forma la industria maderera más grande en infraestructura en la Región Metropolitana. Tiene una capacidad productiva de 2.000 contenedores de molduras y un millón y medio de puertas contraplacadas por año. negrita/Artistas e ingenieros/negrita Los hermanos Fernández adquirieron Polincay en octubre de 1995 al grupo Brotec e ingresaron al mercado nacional con la venta de molduras para cuadros y construcción. Gracias al aporte de Rodrigo, subgerente general de la compañía, con estudios en arte, crearon un producto estrella, una moldura de construcción que les ha valido reconocimiento mundial. Tanto, que, según relatan, en el mercado de Estados Unidos se demandan alrededor de 24 mil contenedores cada año. “Desde hace tres meses realizamos envíos de nuestros productos a Japón y con muy buena recepción”, cuenta Rodrigo Fernández. Agrega que “la meta para este año es abordar el mercado de la Unión Europea y es también por eso que nos encontramos acá, para formalizar contactos y reuniones con distribuidores locales”, afirma desde Italia. En 1996 Polincay facturó US$ 1,5 millón, cifra que aumentó a US$ 2 millones en 1997. Pero la recesión detuvo el crecimiento, las ventas bajaron un 50% y había que enfrentar a la crisis. Fue entonces cuando los hermanos Fernández diversificaron su línea de negocios e invirtieron en la compra de fábricas de muebles de cocina, de molduras de pino, de enchape de paneles, como también en una línea de producción de puertas en España. Reiniciaron sus envíos a Estados Unidos y para responder a la creciente demanda fabricaron ellos mismos muchas de las máquinas que necesitaban. Aquí fue clave el complemento entre los hermanos: la creatividad de Rodrigo como artista y la visión empresarial de Horacio como ingeniero comercial. Los riesgos tuvieron sus frutos. En 1999 las ventas se empinaron a US$ 10 millones y el año pasado ascendieron a US$ 35 millones. Para el 2004 proyectan ventas por US$ 40 millones. Fuente: La Tercera

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