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Emergencia PyME en la forestoindustria | FAIMA advierte sobre el «agotamiento sectorial» y exige medidas para frenar la caída del empleo y la producción

La entidad que agrupa a 28 cámaras madereras del país emitió un duro documento donde detalla la realidad económica que enfrentan en el sector, el impacto negativo del freno a la construcción, los aumentos tarifarios de energía y combustible por encima de la inflación, los altos costos en dólares y el encarecimiento del crédito. Señalan que la recesión del último año ya provocado la pérdida de más del 10% de los puestos de trabajo en el último año.

 

Por Patricia Escobar

@argentinaforest 

 

BUENOS AIRES (14/8/2026). — La Federación Argentina de la Industria Maderera y Afines (FAIMA), entidad representativa de 28 cámaras empresarias de la transformación mecánica de la madera en todo el país, emitió un crítico documento institucional en el que advierte sobre el límite operativo de las pequeñas y medianas empresas del sector.

Según la federación, la combinación de una demanda interna paralizada, aumentos en las tarifas energéticas que superan el 300% en el último semestre y altos costos financieros está provocando un escenario de suspensiones, concursos de acreedores y cierres definitivos de plantas en las distintas economías regionales.

Desde la conducción de la entidad, cuyo director ejecutivo es el economista Fernando Couto, recalcaron que el deterioro de esta actividad compromete la estabilidad social de comunidades enteras del Centro, la Patagonia, el Noreste (NEA) y el Noroeste (NOA) argentino, donde el aserrado, los tableros y la fabricación de muebles constituyen la principal fuente de empleo formal.

“Queremos  poner en conocimiento la difícil situación que atraviesan las distintas ramas de la industria de transformación mecánica de la madera. Se trata de una actividad productiva industrial localizada en amplias regiones del país (particularmente en el Centro, Patagonia, Noreste y el Noroeste argentino), donde el aserrado, la producción de tableros y la industria del mueble constituyen el principal sostén del empleo y del entramado económico local. Su deterioro no afecta únicamente a un sector: compromete la viabilidad económica de comunidades enteras del interior productivo”, advierten  Couto.

La primera transformación: ingresos a la baja y costos fijados en moneda dura

El análisis técnico presentado por FAIMA expone un «efecto pinza» en los eslabones primarios de la producción maderera:

  • Caída de la demanda: La paralización de la obra pública nacional y la contracción de la construcción privada —encarecida en dólares— retrajeron drásticamente los volúmenes de venta.
  • Brecha de competitividad salarial: Bajo el esquema cambiario vigente, la industria abona salarios industriales medios de entre 1.000 y 1.400 dólares mensuales. La comparación regional coloca a la producción local en desventaja frente a países competidores como Brasil (USD 600) y China (USD 500 a 600).

El diferencial de costo laboral en moneda dura erosiona de raíz la capacidad de competir, tanto en el mercado externo como frente a las importaciones en el mercado interno. Este diferencial se agrava con la evolución de dos costos críticos. Por un lado, el energético: durante los últimos dos años y medio, en el actual contexto cambiario, el incremento de las tarifas ha operado directamente en dólares, encareciendo un insumo esencial para la actividad industrial.

“La magnitud del salto es elocuente: según informes privados, la tarifa energética acumuló en el último semestre un aumento cercano al 300%, muy por encima del 17% de inflación registrado en el mismo lapso”, señalan el documento de FAIMA.

Por otro lado, el combustible, cuyo peso atraviesa transversalmente toda la matriz de costos del sector. Su incidencia es doble: en el plano productivo, encarece el abastecimiento de materia prima —que en nuestra cadena se moviliza mayoritariamente por transporte carretero, desde el monte y el aserradero hasta la planta— y, en el plano logístico, eleva el costo de la distribución en el mercado interno y de la colocación de productos en el comercio exterior.

Dada la alta incidencia del flete sobre bienes de volumen considerable, el encarecimiento del combustible golpea de manera particularmente aguda a una industria dispersa territorialmente, cuyos centros productivos se ubican lejos de los grandes mercados de consumo.

En materia de empleo, el sector genera alrededor de 60.000 puestos de trabajo directos, a los que se suma una cantidad similar de empleos indirectos.

Sin embargo, según datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), la combinación de ingresos en retroceso y costos en constante aumento ha deteriorado fuertemente la situación de numerosas empresas, llevando a muchas de ellas al límite de su sostenibilidad económica y financiera, e incluso al borde del cierre o del concurso preventivo.

En este contexto, desde FAIMA indican que “durante los últimos 12 meses, el sector registra una caída superior al 10% en el empleo directo e indirecto, reflejo de la profunda contracción que atraviesa la actividad”.

Escalada de costos insustituibles:

  • Energía eléctrica: Según informes privados citados en el documento, la tarifa acumuló un aumento cercano al 300% en el último semestre, contrastando con el 17% de inflación registrado en el mismo período.
  • Combustibles y fletes: El encarecimiento del transporte carretero afecta doblemente a la actividad, encareciendo el traslado de los rollos desde el bosque al aserradero y encareciendo la distribución final desde los centros productivos hacia los grandes centros de consumo.

COMPARATIVO REGIONAL DE COSTOS SALARIALES INDUSTRIALES 

Argentina (Sector Maderero) | USD 1.000 – USD 1.400 / mes
Brasil | USD 600 / mes
China | USD 500 – USD 600 / mes

* Fuente: Documento de Posición Institucional FAIMA.

Bienes finales: caída del consumo interno y asimetría arancelaria

El segmento encargado de la fabricación de muebles y componentes de carpintería enfrenta, además, la pérdida del poder adquisitivo del mercado interno y la presión de los productos importados.

La entidad señaló una asimetría regulatoria que perjudica la fabricación nacional: los bienes finales terminados del exterior ingresan con posiciones arancelarias más bajas que las aplicadas a los insumos importados que las PyMEs locales requieren para elaborar esos mismos productos.

En el caso de la construcción con madera, la federación denunció la irrupción de soluciones habitacionales importadas de menor calidad —principalmente desde China— que, favorecidas por el atraso cambiario, ingresan a precios que imposibilitan la competencia de los constructores locales.

 

Caída del empleo e impacto del costo financiero

A la pérdida de rentabilidad se suma el costo del endeudamiento para sostener la operatoria cotidiana. La entidad detalló que el financiamiento del capital de trabajo se volvió inviable:

  • Financiamiento al consumo desincentivado: Las tasas para tarjetas de crédito y préstamos personales se ubican en torno al 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%, generando un costo financiero real que paraliza las compras de bienes durables.
  • Tasas para capital de trabajo: Durante el cierre de 2025 y los primeros meses de 2026, las PyMEs debieron endeudarse a tasas del 70% anual para cubrir desfases operativos, absorbiendo un costo financiero que agotó su liquidez.

A modo de ejemplo, según datos del Banco Central, las tasas de las tarjetas de crédito y de los préstamos personales se ubican en torno al 110% anual, frente a una inflación anualizada cercana al 33,5%. “Esto arroja tasas de interés reales extraordinariamente elevadas, que desincentivan cualquier forma de financiamiento al consumo, el principal motor de nuestra cadena de bienes finales”, explican desde FAIMA.

La restricción de acceso al crédito en condiciones razonables limita, precisamente, la herramienta que permitiría a muchas firmas capear el cic lo adverso. Para los empresarios, esta situación no es nueva.

“Durante los últimos meses de 2025 y comienzos de 2026, numerosas PyMEs del sector debieron financiar su capital de trabajo a tasas que rondaban el 70% anual, en un contexto de inflación en torno al 35% para ese mismo período. El costo real del financiamiento que se viene soportando, sostenido en el tiempo, erosiona la capacidad de subsistencia de las empresas”, adviertieron.

Pedido urgente de un cambio de enfoque en las políticas públicas

En la conclusión del informe, los industriales madereros remarcaron que el modelo económico actual no contempla la capacidad de resistencia real de las pequeñas y medianas empresas, las cuales carecen de las espaldas financieras o las escalas de las grandes corporaciones.

Por todo lo expuesto, desde FAIMA solicitan a las autoridades que prioricen la recomposición del tejido industrial y un proceso de reutilización de la capacidad instalada, hoy ociosa, que devuelva la pujanza económica a las regiones del país donde la foresto-industria se encuentra emplazada.

La industria de transformación mecánica de la madera es un sector mayoritariamente conformado por pequeñas y medianas empresas, de estructura federal y fuerte arraigo territorial.

 “Con la franqueza que el momento exige, estas empresas no encuentran hoy cabida en el diseño de las políticas vigentes del gobierno nacional”, plantearon los industriales madereros.

Los esquemas implementados suponen una capacidad de resistencia (financiera, de escala, de acceso al crédito) que la PyME no posee, y las consecuencias ya están a la vista: mientras para una gran empresa el escenario actual representa una tensión, para las pequeñas y medianas se traduce, hoy, en suspensiones, caída de la producción y cierres que se multiplican mes a mes.

«El ajuste no se está distribuyendo de manera neutral: recae, en este mismo momento, con particular dureza sobre el eslabón más frágil y, a la vez, más federal y generador de empleo de la cadena. A esta altura, el margen de espera se está agotando. La capacidad de las empresas para sostenerse aguardando un cambio de contexto (que durante un tiempo permitió absorber la crisis) hoy está prácticamente exhausta: cada mes que transcurre sin una respuesta se traduce en capacidad productiva que se pierde y en empleo que no se recupera», remarcan en el informe.

Por eso resulta imprescindible que las autoridades acompañen a este entramado productivo con medidas concretas que le permitan atravesar esta etapa. No se trata de un pedido de privilegios, sino de la preservación de una base industrial que, una vez desmantelada, es muy difícil y costosa de reconstruir.

Preservar esta capacidad productiva no es únicamente una cuestión sectorial: es una decisión estratégica sobre el desarrollo de las economías regionales, el empleo del interior y el agregado de valor a un recurso genuinamente argentino.

Desde FAIMA reclamamos que estas particularidades sean contempladas en el diseño de las políticas públicas, y reafirmamos nuestra plena disposición al diálogo y al trabajo conjunto con el sector público para revertir esta situación.

«Con la franqueza que el momento exige, estas empresas no encuentran hoy cabida en el diseño de las políticas vigentes del Gobierno Nacional. Mientras para una gran empresa el escenario actual representa una tensión, para las pequeñas y medianas se traduce en suspensiones, caída de la producción y cierres que se multiplican mes a mes», expresaron desde la federación.

La entidad remarcó que el margen de espera del sector está agotado y solicitó a las autoridades nacionales, provinciales y municipales la implementación de medidas que permitan reactivar la capacidad instalada ociosa y preservar el tejido industrial del interior del país antes de que el desmantelamiento de las plantas sea irreversible.

 

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