Últimas noticias

Opinión

Certificación Forestal en América, estado y perspectivas del mercado

Internacionales

El Dr. Frederick Cubbage, de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), disertó en Misiones sobre la importancia de avanzar en certificación forestal en la región, y explicó que «estas normas técnicas se transformaron en la principal nueva forma que los productores y consumidores pueden utilizar para probar la forestación sustentable y contribuir al mercado de productos forestales en todo el mundo».

Fuente: Revista ArgentinaForestal.com

MISIONES (JULIO 2006).- El Dr. Frederick Cubbage, de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), disertó sobre las tendencias del mercado y estado actual de la Certificación Forestal en América, en el marco de las duodécimas Jornadas Forestales y Ambientales (organizadas por la EEA Inta Montecarlo y la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Misiones). A continuación, y como un aporte al informe especial en la presente edición de la Revista Argentina Forestal.com sobre la importancia de avanzar en Certificación Forestal en la región, extraemos una síntesis de la conferencia de Cubbage y sus aspectos más relevantes. En la última década, el Manejo Forestal Sustentable (MFS) se convirtió en el paradigma dominante en el debate sobre manejo y protección forestal en el mundo, dado que se aplica a los componentes económico, ecológico y social de la forestación. Varios procesos y acuerdos internacionales sobre Criterios e Indicadores de MFS se aplican al manejo de bosques templados y tropicales. Éstos normalmente incluyen criterios generales que establecen principios para el manejo forestal, e indicadores que pueden usarse para estimar y hacer el seguimiento del estado de los bosques del mundo a nivel nacional o quizás a nivel de la unidad de manejo forestal. Paralelamente al MFS, la certificación se fue desarrollando para evaluar el manejo forestal, la protección ambiental, y los beneficios sociales de la propiedad forestal y las prácticas forestales a nivel de rodal o unidad de manejo forestal. Estos nuevos procesos de sistemas de certificación públicos y privados funcionan dentro del contexto de las leyes y agencias forestales nacionales, estatales o provinciales existentes. Las normas técnicas de certificación se transformaron así en la principal nueva forma que los productores y consumidores pueden utilizar para probar la forestación sustentable y contribuir al mercado de productos forestales en todo el mundo. negrita/Bosques en América/negrita Las estadísticas sobre los bosques en América aportan información a la discusión de programas de forestación. Sudamérica tiene alrededor del 45% de su superficie total cubierta por bosques. Brasil tiene la mayor extensión de bosques de América, con aproximadamente 477 millones de hectáreas, o el 56% de su territorio. Uruguay tiene la menor porción de superficie forestada en América, con el 8,6%. Con el 34%, México sorpresivamente tiene poco más de su superficie total clasificada como forestada que Estados Unidos y Canadá. En Sudamérica, los países del Noreste -Guayana Francesa, Guyana y Surinam- tienen los más altos porcentajes de sus territorios bajo cobertura boscosa, variando desde el 70% a casi el 95%. Los países del Noroeste -Colombia, Ecuador y Venezuela-, como así también Bolivia, tiene una porción menor de su superficie clasificada como bosques, aunque todavía más que Norteamérica, de 39% a 54%. Argentina tiene 33 millones de hectáreas de bosques, que representan sólo el 12% de la superficie cubierta en el país. La pérdida de área forestada desde 1990 a 2000 fue mayor en términos de porcentaje en América Central, a razón de –1,47% por año, si bien esta tasa cayó a –1,23% por año de 2000 a 2005. Desde 1990 a 2000, Sudamérica perdió 0,44% por año. La tasa de pérdida de bosques en Sudamérica aumentó a 0,50% por año entre 2000 y 2005. No hubo pérdidas significativas de bosques en Norteamérica desde 1990 a 2000, sólo –0,01% por año desde 2000 a 2005, prácticamente todo en México. En términos de superficie total, la pérdida de bosques fue mayor en Brasil desde 1990 a 2000, a un ritmo de 2,7 millones de hectáreas por año, que se incrementó a 3,1 millones de ha por año desde 2000 a 2005. En total, Sudamérica perdió en promedio 4,3 millones de ha de bosques por año desde 2000 a 2005. Los bosques implantados comprenden alrededor del 5,6% de la superficie total de bosques en Estados Unidos. En Sudamérica, las plantaciones abarcan aproximadamente 1,1% del área de bosques de Brasil; 3,7% de la superficie boscosa de Argentina; 16,5% de la superficie de bosques de Chile; 50,9% de la superficie de bosques de Uruguay; y solamente alrededor del 1% o menos en otros países de Sudamérica. FAO también tiene información sobre tipos de bosques y volúmenes de madera por país y región: al 2003, Canadá tenía un 26% de bosques templados y un 76% de bosques boreales; Estados Unidos. un 37% de bosques subtropicales, 48% de bosques templados y 15% de bosques boreales; y México un 70% de bosques tropicales y 30% de subtropicales. La mayoría de los países de Sudamérica tiene 100% de sus áreas boscosas clasificadas como bosque tropical. La única gran excepción es Chile, con 54% de bosque subtropical y 45% de bosques templados. Brasil tiene un 2% de bosques subtropicales, y Argentina tiene un 5% de bosques subtropicales y 4% de templados, con el resto sorprendentemente clasificado como tropical. Los datos de FAO indican que Brasil tiene el 64% del volumen de madera de Sudamérica, con 71 mil millones de metros cúbicos, seguido de lejos por Perú, Venezuela, Bolivia y Colombia, que varían entre 10 mil millones y 5 mil millones de metros cúbicos cada uno. El resto de los países sudamericanos tiene menos de 2.500 millones de metros cúbicos de volumen total de madera cada uno. En contraste, Canadá tiene 29 mil millones de metros cúbicos de volumen de madera, Estados Unidos tiene 31 mil millones, y México tiene 3 mil millones. negrita/Certificación Forestal/negrita Superficies por Sistema. La certificación forestal se desarrolló rápidamente desde 1993, y alrededor de 277 millones de hectáreas, o 7%, de los bosques del mundo fueron certificados para principios de 2006 (Tablas 1, 2). Aproximadamente el 12% de todos los bosques de América están certificados, teniendo Canadá casi la mitad de sus bosques certificados. Canadá también posee el 69% del área forestal certificada de América, y el 43% de los bosques certificados del mundo, aunque este total podría incluir varios sistemas en las mismas áreas. El principal sistema de certificación forestal en el mundo es el Programa para el Reconocimiento de Sistemas de Certificación Forestal (Programme of Edorsement of Forest Certification – PEFC), el cual aprueba los proyectos de certificación forestal desarrollados en países individuales. En total, el PEFC ha reconocido 184 millones de hectáreas como certificadas, incluyendo 56 millones de ha en Europa y 126 millones de ha en América. El Consejo de Administración Forestal (Forest Stewardship Council – FSC) es el único sistema que ha unificado principios y gobiernos mundiales, y cuenta con aproximadamente 68 millones de ha. Los principales sistemas de certificación forestal en América incluyen FSC (34 millones de ha en América); la Iniciativa para el Desarrollo Forestal Sustentable (Sustainable Forestry Initiative – SFI), 55 millones de ha; 22,3 en Estados Unidos y 32,4 en Canadá; y la Asociación Canadiense de Normalización (Canadian Standards Association – CSA, 71 millones de ha). La Certificación Forestal (CertFor) en Chile y Certificação Florestal (CerFlor) en Brasil, las cuales están reconocidas por el PEFC, tienen 1.552.420 ha y 762.657 ha inscriptas, respectivamente. “La certificación forestal fue ampliamente desarrollada como un medio para fomentar la forestación sustentable en los trópicos. Sin embargo, aproximadamente el 95% de la superficie de bosques actualmente certificada está en el hemisferio Norte, y en América, con sólo alrededor del 5% en Centro y Sudamérica. Hasta que surgieron los sistemas de certificación de Brasil y Chile en 2002, la certificación forestal en Latinoamérica era proporcionada solamente por FSC”. FSC es el único sistema de certificación que se ha aplicado en todo el mundo, y es uno de los tres sistemas que van a la cabeza en términos de superficie de bosques que abarcan. Para noviembre de 2005, el FSC había otorgado 4.200 certificados, alcanzando 73 millones de ha en 62 países. Éstos incluían 104 certificados y 5.572.553 ha en diez países de Sudamérica. El FSC es generalmente considerado el “más verde” de los diversos sistemas, por su fuerte enfoque en la protección ambiental y los asuntos sociales, como también por su apoyo por parte de las organizaciones ambientalistas no gubernamentales (ONGs) tales como el Fondo Mundial para la Naturaleza (World Wildlife Fund) y la Red de Acción de los Bosques Tropicales (Rainforest Action Network). Brasil y Bolivia tienen las mayores superficies certificadas con FSC en Sudamérica, seguidos por Chile. “Con la implementación de los sistemas de certificación de Brasil y Chile, fueron certificadas muchas áreas de bosques industriales, en su mayoría implantados, en esos países. CerFlor en Brasil y CertFor en Chile son apoyados fuertemente por la industria forestal en cada país. Además, las principales empresas de Canadá, Uruguay, Argentina, Chile y Brasil han recibido la certificación ISO 14001. Esta incluye por lo menos 127.000 ha en Uruguay y 233.000 ha en Argentina que no están certificadas bajo otros sistemas de certificación. La mayor parte de las 1,6 millones de ha de CertFor en Chile también están certificadas con la ISO 140001, y asimismo es probable que gran parte de las de Brasil estén certificadas con ISO. Además, el Servicio Forestal de Estados Unidos está cambiando por lo menos una primera porción de la certificación ISO 14000 de todo su Sistema Forestal Nacional bajo sus nuevas regulaciones de planeamiento, que incluirá alrededor de 78 millones de ha”. Varias asociaciones de pequeños propietarios de bosques de provincias canadienses tienen sistemas de certificación en marcha también, los cuales están siendo actualmente consolidados en un sistema nacional. negrita/Impactos/negrita Todos los estándares de certificación forestal tienen a la protección ambiental como uno de sus focos principales, quizás el más importante. Hay una abundancia de estándares diseñados para proteger el medio ambiente y la biodiversidad durante las operaciones forestales, que requieren el mejor uso de la ciencia forestal y el monitoreo de los impactos de las prácticas forestales. La evidencia empírica acerca de los impactos de los sistemas de certificación forestal es escasa, ya que son nuevos y la estimación de los impactos regionales es difícil. Dos estudios recientes de tierras forestales certificadas en Estados Unidos encontraron que las prácticas ambientales fueron mejores bajo los esquemas de la certificación forestal. El Servicio Forestal de Texas notó que la implementación de las mejores prácticas de manejo era estadísticamente mayor cuando la madera era destinada a industrias bajo la Iniciativa para el Desarrollo Forestal Sustentable (SFI). Un estudio del Manomet Center for Conservation Sciences reveló que los propietarios de tierras que habían certificado ya sea bajo el FSC o SFI llevaban a cabo prácticas en favor de la biodiversidad significativamente más intensas que los propietarios que no habían certificado. Además, concluyeron que no había diferencia entre FSC y SFI en términos de los resultados totales de dichas prácticas. Por otra parte, varios estudios internacionales han examinado la efectividad de la certificación forestal de FSC y PEFC. Estos incluyen una serie de estudios del Programa Forestal Europeo de WWF en Latvia, Estonia, Alemania, Rusia, Suecia y Reino Unido. Contienen informes individuales por país, y están resumidos en una hoja informativa reciente. En total, analizaron 2.817 Solicitudes de Acciones Correctivas hechas en esos países, cubriendo 18 millones de ha de bosques. El resumen de WWF concluyó que la certificación FSC mejoró el estado de conservación y aumentó los niveles de biodiversidad en los bosques. Esto incluyó la implementación coherente de Declaraciones de Impacto Ambiental (DIAs); identificación, mapeo y manejo o protección de áreas naturales y biotipos; niveles crecientes de madera muerta; más regeneración natural que favorece la diversidad de especies; y restauración de tipos de bosques amenazados. Los mejores resultados económicos incluyeron mejor manejo de la caza; mejor planificación y sustentabilidad a largo plazo; mejor monitoreo de los objetivos; seguimiento de la comercialización y el producto mejorado; y beneficios recreacionales, culturales e históricos mejorados. Los beneficios sociales incluyeron mejor implementación de la legislación sobre salud y seguridad; mejor entrenamiento del equipo; y mejoras en la seguridad pública. Newsom y Hewitt (2005) analizaron los impactos globales de FSC/SmartWood. Ellos también notaron que la certificación requería hacer cambios significativos en las operaciones, y “…no simplemente darle un sello de aprobación al buen desempeño y a los líderes de la industria. En promedio, los cambios requeridos para las operaciones certificadas afectaron a 15 cuestiones forestales diferentes como resultado de la evaluación forestal.” Las diez categorías más importantes de cambios requeridos incluyeron cambios en cuestiones sociales: entrenamiento de los trabajadores, seguridad y comunicación con grupos de interés; cuestiones ambientales: áreas acuáticas y riparias, sitios sensibles y bosques de alto valor para la conservación; y cuestiones de los sistemas: planes de manejo, monitoreo, cadena de custodia e inventario. Un estudio extenso de la Federación de Organizaciones de Propietarios Forestales Nórdicos (Federation of Nordic Forest Owner’s Organisations – 2005) examinó la efectividad y eficiencia de FSC y PEFC en Finlandia, Suecia y Noruega. En resumen, encontraron que la certificación forestal mejoró el manejo forestal sustentable, y sus mayores contribuciones se registraron en el área protección ambiental. Esto ha exigido mayores inversiones en medio ambiente por parte de los propietarios forestales, pero no les ha traído beneficios económicos significativos a la fecha. El informe señala que la mejor imagen ambiental puede facilitar el acceso al mercado en el largo plazo para la madera y los productos madereros nórdicos. Otros diversos estudios han examinado la administración e implementación de la certificación forestal, de los cuales uno de los más notables es el de Cashore et al. (2004) y sus colegas. Se centraron en el rol de la certificación forestal en la implementación de los procesos de MFS, y en el desempeño de un rol como gobierno no estatal para lograr la forestación sustentable a través de los procesos de mercado. Nosotros certificamos nuestras tierras estatales y universitarias en Carolina del Norte, y publicamos varios estudios sobre esos esfuerzos y costos. negrita/Debates/negrita Hay muchos debates acerca de las ventajas de la certificación forestal. Algunos son generales y explícitos; otros son más implícitos. Diversas críticas han citado los altos costos de la certificación forestal, y han deducido que estos sistemas les son impuestos en las agendas sociales a los desgraciados propietarios forestales y gerentes. Aunque no se hagan públicas, algunas discusiones sugieren que firmas o gobiernos de países en desarrollo sienten que la certificación está siendo promovida o requerida por países desarrollados, ya que los países desarrollados pueden competir mejor, debido a sus supuestas ventajas tecnológicas y ejecutivas. Otra preocupación es que los altos costos fijos de la certificación ponen a los pequeños propietarios en desventaja en comparación con los grandes productores industriales. Hay extensos debates en cuanto a los valores sociales incluidos en los estándares de certificación forestal, por lo menos con FSC; el rigor ambiental de los diferentes sistemas; qué prácticas son reguladas y en qué medida; y los impactos o mejoras a campo en las prácticas forestales. Una crítica fundamental de los ambientalistas es que algunos sistemas son meramente un “lavado verde” (“greenwash”) para encubrir las mismas viejas prácticas. Por otra parte, algunos industriales sugieren que son esenciales, pero sólo necesarias debido a las campañas y protestas de acción directa en las instalaciones de las empresas, que obligan a adoptar sistemas de certificación para prevenir pérdidas de ventas o daños a la imagen corporativa. Sólo unos pocos de estos debates han sido (o pueden ser) empíricamente probados a la fecha debido a la reciente implementación de la certificación forestal. Los debates entre FSC y SFI en Estados Unidos continúan, con el empleo por parte de los grupos ambientalistas y la industria, de muchos enfoques nuevos y creativos para defender sus valores. La primera gran empresa de Estados Unidos en lograr la doble certificación con SFI y FSC en 2004 fue Potlatch, quienes expresaron que piensan que los dos sistemas son complementarios. Los ambientalistas llevaron con éxito iniciativas de los accionistas a votación en tres de las principales firmas de productos forestales con propiedades en Arkansas en 2006: Weyerhaeuser Company, Kimberly-Clark Corporation, e International Paper. Estas resoluciones exigen a las compañías que estudien la posibilidad de certificar sus tierras madereras y e instalaciones de producción bajo los estándares del FSC, no sólo de SFI. Este método único pone más presión sobre las compañías para que adopten el sistema “más verde” de FSC. negrita/Discusión y Conclusiones/negrita América contiene alrededor del 38% de los bosques del mundo, y Brasil tiene aproximadamente el 38% de los bosques de América y el 14% de los bosques del mundo. La pérdida de bosques continúa siendo significativa en Centro y Sudamérica, y se está transformando en un problema renovado con el moderado crecimiento de la población y el rápido desarrollo rural y recreacional en Norteamérica. Las propuestas para prevenir estas pérdidas varían desde la utilización de los mercados hasta la intervención pública. La certificación forestal emplea métodos de mercado, pero para hacerlo requiere que los propietarios forestales cumplan también con las leyes forestales, ambientales y sociales. Creemos que la certificación es la innovación más significativa que afecta a las prácticas forestales en décadas. Pero sólo el 12% de los bosques de América están certificados, con más de la mitad de ellos en Canadá. En Latinoamérica, los bosques certificados comprenden solamente 1% de la superficie forestal total. Tal realismo sugiere que para desarrollar formas de proteger y manejar los bosques, debemos no sólo examinar las ventajas y la expansión de la certificación forestal, sino también los impactos de los mercados no certificados y las políticas públicas, tanto dentro como fuera del sector forestal. La certificación forestal se ha incrementado en extensión a lo largo de América. Los valores clave del bosque dispuestos en las leyes nacionales, los diferentes criterios e indicadores de MFS y los sistemas de certificación forestal están relacionados. Las leyes forestales nacionales reflejan las intenciones del gobierno de proteger y asistir en el manejo de los bosques. Los Criterios e Indicadores de MFS proporcionan formas en que los gobiernos nacionales pueden estimar, monitorear y hacer el seguimiento del estado de los bosques, y compararlos entre distintos países y con los objetivos nacionales en materia de forestación. La certificación proporciona una forma en que las metas del MFS pueden ser implementadas a través de los mercados al nivel de unidad de manejo forestal. Las leyes y la certificación forestal son normativas: establecen cómo deben ser manejados los bosques. La implementación de las leyes frecuentemente es pobre. A la fecha, sin embargo, la certificación forestal, que funciona a través de las presiones del mercado para demostrar las prácticas de MFS, ha tenido más éxito. Auditores de terceras partes independientes inspeccionan las prácticas forestales y deben poner en juego la reputación de su empresa y su sistema al garantizar el cumplimiento de los estándares. Además, los estándares han sido ajustados periódicamente. Estas medidas detalladas de prácticas de manejo forestal según los estándares ambientales, sociales y económicos tendrán efectos significativos en su aplicación para la forestación en América. En Norteamérica, Chile, Brasil y Uruguay, la mayoría de las grandes empresas de productos forestales han adoptado la certificación forestal, bajo CSA, SFI, FSC, o los recientes estándares de Brasil y Chile. Notablemente, se observa un mayor porcentaje de adopción en el extremo Norte de América. Esto puede ser atribuido a los agresivos programas desarrollados en Canadá y en Estados Unidos, y probablemente a la mayor facilidad de certificación con áreas de manejo forestal industrial más grandes. Los modelos de propiedades vastas, diversas y esparcidas en Brasil, o aun de pequeños propietarios privados en el Sur de Estados Unidos, han sido menos receptivos a la planificación, ejecución y auditoría del manejo forestal intensivo que los sistemas industriales más grandes. De hecho, aun con FSC, las grandes propiedades industriales o las principales propiedades gubernamentales todavía representan una gran porción del total de la superficie forestal certificada. Esta discrepancia entre porciones de bosque certificadas por país necesita ser cubierta por la certificación forestal para llevar a cabo su promesa en las zonas tropicales y subtropicales de Latinoamérica. Nuestras discusiones con los gerentes de muchas de las principales empresas indican que la certificación ha transformado el pensamiento y las prácticas acerca de los aspectos económicos, ecológicos, sociales, gerenciales y científicos de la forestación sustentable. Mientras algo de esto es retórico, la nueva visión de la forestación está siendo infundida a través de las organizaciones como estándares de certificación en la mayoría de los empleados y operaciones. Además, las auditorías a la certificación forestal son realizadas por importantes empresas internacionales. La reputación de estas firmas depende de su transparencia, independencia y rigor. Las auditorías exigen una rigurosa evaluación de los sistemas de gestión ambiental, políticas forestales y prácticas forestales para satisfacer estándares económicos, ecológicos y sociales. Establecer e implementar un programa de calidad para cumplir con los minuciosos estándares de la certificación forestal es absolutamente necesario para aprobar con éxito las auditorías externas. La aplicación continuada de los criterios e indicadores de MFS a través de los esquemas de la certificación forestal aumentará la recolección de datos, inspección, administración y protección de los bosques naturales en todo el mundo. Al mismo tiempo, la certificación forestal ofrece la promesa de un continuo permiso social para cultivar y manejar plantaciones forestales intensivas bajo pautas y estándares razonables. Las empresas han debido ajustarse para una mejor planificación, mejor moral, mejor comercialización y otras cuestiones, a partir de la certificación forestal. Por otra parte, la certificación puede ser vista como controles externos no deseados en la práctica de la forestación en los países menos desarrollados, o aun en países desarrollados. Las empresas y agencias forestales deberán dedicar esfuerzos y costos significativos para lograr y mantener la certificación forestal. La esperanza es que este esfuerzo sea recompensado con un mejor acceso a los mercados internacionales, prevención de protestas de ambientalistas e impactos desfavorables en las ventas, y mejora en el desempeño ambiental y social de las organizaciones forestales. La certificación forestal continuará siendo exigida por el público, los compradores de productos madereros y por las ONGs ambientalistas que manejan gran parte de esta agenda. Con éxito, la certificación forestal continuará acrecentando el manejo forestal, la protección forestal y los beneficios sociales en América en el futuro. Las compensaciones entre los beneficios percibidos y los costos que se discuten aquí determinarán las ventajas de adoptar la certificación forestal y su tasa de expansión en diferentes países. (*) Traducción: Ing. Ftal. Fabiana Isidro cursiva/Más información en la Revista ArgentinaForestal.com Nº32/cursiva

Fuente: Revista ArgentinaForestal.com

Artículos relacionados