Hay dos aprovechamientos de madera, el que tiene origen con autorizaciones legales para la extracción de madera de especies nativa y la cosecha forestal de bosques cultivados para darle un destino comercial en el mediano y largo plazo. Aunque suele asociarse el aprovechamiento de madera con la pérdida de bosques, desde PEFC plantean que la utilización responsable de los recursos forestales –nativos o cultivados- también pueden generar incentivos para mantenerlos bajo una gestión sustentable, regenerarlos y evitar así su conversión a otros usos del suelo. El desafío es garantizar que la demanda del consumidor esté vinculada con gestión sostenible, conservación de la biodiversidad y trazabilidad.
Fuente: PEFC Argentina
BUENOS AIRES (22/10/2026). ¿Es posible que la producción de madera pueda contribuir a conservar los bosques? La pregunta que parece contradictoria ya está comenzando a ocupar un lugar relevante en el debate nacional, frente a la evolución internacional sobre sostenibilidad, cambio climático y desarrollo de las economías forestales.
Durante décadas, una parte importante de la conversación pública se concentró en la necesidad de proteger los bosques frente a la deforestación y la degradación ambiental.
Sin embargo, especialistas internacionales proponen incorporar otra dimensión a la actividad forestal: el valor económico que puede generar un bosque gestionado de manera sostenible también puede convertirse en un incentivo para conservarlo a largo plazo.
Este concepto fue abordado durante el encuentro From Forest to Frame: Responsible Timber Construction and the Transition to a Low-Carbon Economy, realizado el 15 de julio en Kumamoto, Japón, en el marco del Global Nature Positive Summit.
El debate reunió a representantes de la Agencia Forestal de Japón, la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (ITTO) y PEFC Internacional, quienes analizaron cómo la construcción con madera gestionada en forma responsable puede vincular las decisiones de consumo en las ciudades con la gobernanza pública, la restauración y el desarrollo de los territorios forestales.

El bosque puede volverse más vulnerable si no genera valor
Existe una idea muy extendida: cuanta más madera se utiliza, menos bosques quedan. Pero la relación no es necesariamente tan directa.
La pérdida permanente de superficie forestal suele producirse cuando los terrenos ocupados por bosques se transforman para destinarlos a otros usos, como determinadas actividades agropecuarias o desarrollos urbanos.
En ese contexto, cuando mantener un terreno como bosque ofrece escasas posibilidades económicas para el propietario o productor, pueden debilitarse los incentivos para conservar su uso forestal.
Por el contrario, la demanda de madera obtenida bajo criterios de sostenibilidad y márgenes de rentabilidad, puede contribuir a financiar el manejo, la regeneración y el mantenimiento de los recursos forestales, además de generar actividad económica y empleo en las comunidades vinculadas con ellos.
La condición es fundamental: no se trata de promover una extracción indiscriminada, sino de garantizar que el aprovechamiento se mantenga dentro de límites sostenibles y legales, y que los bosques conserven sus funciones ambientales.
La madera, entonces, puede formar parte de una estrategia de conservación productiva cuando su utilización está asociada con una gestión responsable y verificable.

El desafío en Japón ante la falta de aprovechamiento
Uno de los ejemplos internacionales presentados durante el encuentro fue el de Japón. El país cuenta con importantes superficies de bosques plantados durante la posguerra, muchos de los cuales alcanzaron su madurez.
Sin embargo, la disminución de la utilización de madera y los bajos retornos económicos contribuyeron a generar problemas de gestión en determinadas áreas forestales.
Frente a esta situación, las políticas japonesas buscaron fortalecer el vínculo entre la utilización de madera y la renovación de los bosques. Los edificios públicos constituyeron uno de los primeros espacios para demostrar las posibilidades de la construcción contemporánea con madera.
Posteriormente, las iniciativas se ampliaron hacia otros usos, acompañadas por innovación tecnológica y acciones destinadas a mejorar el conocimiento público sobre estos sistemas constructivos. El caso plantea una enseñanza que puede resultar relevante para otros países: la gestión sostenible de los bosques y la utilización responsable de sus productos no necesariamente son objetivos contrapuestos.
Por el contrario, pueden reforzarse cuando existen políticas adecuadas, capacidad técnica, demanda y mecanismos de control.

El futuro de los bosques también se decide en las ciudades
La construcción es uno de los sectores donde esta relación adquiere especial importancia.
Cuando una empresa, un arquitecto o un desarrollador eligen madera de origen responsable, esa decisión puede contribuir a sostener cadenas de valor vinculadas con el manejo forestal.
Además, los productos de madera de larga duración pueden mantener almacenado parte del carbono capturado durante el crecimiento de los árboles, mientras que su utilización en determinadas aplicaciones puede reducir la necesidad de materiales con mayores emisiones asociadas a su fabricación.
Pero estos beneficios dependen del origen de los recursos, de las características de cada proyecto y de la forma en que se gestionan los bosques. La demanda por sí sola no garantiza mejores resultados ambientales.
Para que el aprovechamiento forestal contribuya a la sostenibilidad, es necesario asegurar la regeneración, proteger la biodiversidad, respetar los derechos de trabajadores, propietarios, pueblos indígenas y comunidades locales, y contar con mecanismos que permitan verificar la legalidad y trazabilidad de los productos.

Certificación forestal, la trazabilidad desde el origen hasta el consumidor
En este escenario, la certificación forestal cumple un papel fundamental. El sistema de certificación PEFC establece requisitos de gestión forestal sostenible y mecanismos de cadena de custodia que permiten vincular los productos comercializados con fuentes sostenibles.
Su función es trasladar los compromisos ambientales y sociales a criterios verificables, tanto en la gestión forestal como en las distintas etapas de la cadena de suministro.
Esto permite que una decisión de compra tomada lejos del bosque -por ejemplo, en una obra de construcción o en una empresa que utiliza materiales forestales- pueda estar respaldada por información sobre el origen de esos recursos.
La trazabilidad también adquiere relevancia frente a las crecientes exigencias de los mercados internacionales, donde las empresas necesitan demostrar que sus materiales cumplen determinados estándares de sostenibilidad. De esta manera, la certificación contribuye a conectar el valor económico de los productos forestales con prácticas de manejo responsable.

¿Qué significa este debate en la Argentina?
Argentina reúne realidades forestales muy diferentes, desde bosques nativos de alto valor ambiental hasta plantaciones forestales con especies de pinos y eucalipto destinadas a la producción de madera y otros productos.
Esta diversidad exige evitar simplificaciones. La protección estricta sigue siendo indispensable para determinados ecosistemas, hábitats críticos y áreas de especial valor de conservación.
Al mismo tiempo, en los territorios donde el aprovechamiento está permitido y resulta ambientalmente adecuado, la gestión sostenible puede contribuir a mantener la cobertura forestal, promover la regeneración y generar oportunidades para las economías regionales.
En el caso de las plantaciones forestales, la utilización responsable de madera puede formar parte de ciclos productivos que incluyan planificación, cosecha y renovación de los recursos.
En los bosques nativos, cualquier aprovechamiento debe respetar las condiciones de conservación y el marco normativo correspondiente, incluyendo las restricciones que establecen las categorías de ordenamiento territorial.
Desde PEFC Argentina promueven la certificación como una herramienta para acompañar estas decisiones y ofrecer garantías sobre la gestión responsable de los recursos forestales.
El desafío no consiste en elegir entre conservar o producir como si fueran siempre opciones excluyentes, sino en definir dónde corresponde proteger, dónde es posible gestionar sosteniblemente y cómo asegurar que las actividades productivas contribuyan a mantener los valores ambientales y sociales de los territorios.
El valor de los bosques y las plantaciones
Desde PEFC Argentina explican que el debate internacional propone ampliar la mirada sobre el futuro forestal. Los bosques cumplen funciones esenciales para la biodiversidad, el almacenamiento de carbono, la regulación del agua y la vida de numerosas comunidades.
“Esos valores deben preservarse independientemente de su aprovechamiento económico. Pero también existen territorios forestales donde una actividad productiva responsable puede aportar recursos para sostener el manejo, financiar la regeneración, generar empleo y contribuir de manera activa a la conservación”, señalan en un reporte de prensa.
Considera que proteger los bosques no siempre significa dejarlos sin intervención. En determinadas circunstancias, también puede significar contar con las capacidades, los recursos y los incentivos necesarios para gestionarlos adecuadamente.
“La pregunta correcta ya no es solamente cuánta madera utilizamos, sino de dónde proviene, cómo se produce y qué sucede con los bosques que la generan. La certificación PEFC da buenas respuestas a esos interrogantes donde se juega una parte importante del futuro de la gestión forestal sostenible”, concluyeron.
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