Del 19 al 30 de octubre, gobiernos, científicos, organizaciones ambientales y representantes de pueblos indígenas se reunen en Ereván, Armenia, para la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB). La cumbre llega en un momento decisivo: a cuatro años del plazo de 2030, el mundo debe evaluar cuánto avanzó en sus compromisos para frenar y revertir la pérdida de biodiversidad, y qué necesita cambiar para cumplirlos.
AMÉRICA LATINA (17/10/2026).- Para América Latina y el Caribe, una de las regiones más biodiversas del planeta, las negociaciones de la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) tienen implicaciones directas. La conservación de bosques, humedales y océanos está vinculada con la seguridad hídrica y alimentaria, los medios de vida de las comunidades y el financiamiento para proteger los ecosistemas.
También están en juego los derechos de los pueblos indígenas, el acceso a los recursos genéticos y la distribución de los beneficios económicos derivados de la biodiversidad.
Estos temas se debatirán del 19 al 30 de octubre, gobiernos, científicos, organizaciones ambientales y representantes de pueblos indígenas. Cerca de 200 países se reunirán en Armenia con motivo de la COP17 sobre biodiversidad, con el objetivo de evaluar los retrasos acumulados en la lucha contra la destrucción de la naturaleza y relanzar los esfuerzos para cumplir las metas fijadas para 2030.
La COP17 será la primera oportunidad para evaluar colectivamente los avances en la implementación del marco. El balance preliminar apunta a una brecha entre los compromisos asumidos y las acciones concretas: los países deben acelerar la implementación de sus estrategias nacionales de biodiversidad y resolver obstáculos relacionados con el financiamiento, la gobernanza y el seguimiento de las metas.

Una evaluación global con consecuencias en América Latina
En 2022, durante la COP15 en Montreal, casi 200 países adoptaron el Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, una hoja de ruta con cuatro objetivos generales y 23 metas para 2030. Entre sus compromisos figuran conservar el 30% de las tierras, las aguas continentales y los océanos; restaurar el 30% de los ecosistemas degradados; movilizar US$200.000 millones anuales para la biodiversidad, incluidos US$30.000 millones de financiamiento internacional; y reducir en US$500.000 millones al año los subsidios perjudiciales para la naturaleza.
La COP17 será la primera oportunidad para evaluar colectivamente los avances en la implementación del marco. El balance preliminar apunta a una brecha entre los compromisos asumidos y las acciones concretas: los países deben acelerar la implementación de sus estrategias nacionales de biodiversidad y resolver obstáculos relacionados con el financiamiento, la gobernanza y el seguimiento de las metas.
La urgencia es especialmente visible en América Latina y el Caribe. El informe Planeta Vivo 2026 de WWF y la Sociedad Zoológica de Londres estima que las poblaciones monitoreadas de vertebrados silvestres disminuyeron, en promedio, un 95% en la región entre 1970 y 2022, frente a un descenso global del 73%. Estos indicadores reflejan cambios en el tamaño de las poblaciones estudiadas, no el porcentaje de especies que desaparecieron.
La agenda de Ereván también pondrá el foco en cómo movilizar recursos y reformar los incentivos económicos que favorecen la degradación ambiental. La meta de reducir los subsidios perjudiciales contrasta con el volumen de recursos que siguen destinándose a actividades que dañan la naturaleza.
Para los países latinoamericanos, será clave observar qué compromisos concretos se acuerdan para redirigir esos flujos, aumentar el financiamiento para la conservación y garantizar que los recursos lleguen a los territorios que más los necesitan.
Financiamiento y distribución de beneficios
Uno de los principales interrogantes de la COP17 será cómo convertir las promesas de financiamiento en recursos efectivos. En la COP16 de Cali, Colombia, los países avanzaron en la creación del Fondo de Cali, un mecanismo para que empresas de determinados sectores que utilizan información digital sobre secuencias genéticas de organismos contribuyan a la distribución de beneficios.
El fondo busca que parte del valor económico generado a partir de esa información se destine a la conservación y a los países y comunidades que contribuyen a preservar la biodiversidad. Sin embargo, todavía debe demostrar que puede movilizar recursos a una escala significativa.
La discusión tiene especial relevancia para América Latina, que alberga una enorme diversidad biológica y conocimientos tradicionales asociados a ella. Los debates sobre recursos genéticos, información digital sobre secuencias y distribución justa de beneficios plantean preguntas sobre quién obtiene valor económico de la biodiversidad, quién debe contribuir a protegerla y cómo participan los pueblos indígenas y las comunidades locales en las decisiones.
Los derechos y conocimientos de los pueblos indígenas también atraviesan el conjunto de las metas globales. Aunque el marco reconoce su papel en la conservación, sigue siendo necesario traducir ese reconocimiento en participación efectiva, respeto por sus derechos y mecanismos que permitan proteger sus conocimientos tradicionales.
En Ereván, los gobiernos deberán avanzar además en la discusión sobre la arquitectura del financiamiento para la biodiversidad y sobre cómo reformar los subsidios e incentivos perjudiciales. El resultado de estas conversaciones ayudará a determinar si el marco global puede pasar de los compromisos políticos a medidas concretas antes de 2030.

Ante un descenso promedio del 73% en el tamaño de las poblaciones de fauna silvestre, los científicos revelan motivos para la esperanza
El Informe Planeta Vivo 2026 de WWF revela que el tamaño medio de las poblaciones de fauna silvestre monitorizadas se redujo un 73% entre 1970 y 2022. En América Latina y el Caribe, el descenso alcanza el 95%. El análisis, elaborado por ZSL, abarca casi 35.803 tendencias de 5.790 especies de vertebrados.
Los ecosistemas de agua dulce son los más afectados, seguidos de los terrestres y los marinos. La pérdida y degradación del hábitat es la principal amenaza, impulsada por fallos en los sistemas alimentario, energético y financiero.
Hay señales de esperanza: la mitad de las poblaciones analizadas son estables o están aumentando, y especies como la tortuga verde, el atún rojo, el tigre y el elefante del sur de África se han recuperado gracias a acciones de conservación específicas.
Sin embargo, el informe subraya que la conservación por sí sola no basta. La naturaleza puede recuperarse si la sociedad activa puntos de inflexión positivos en los sistemas energético, alimentario y financiero.
La Dra. Kirsten Schuijt, directora general de WWF Internacional, afirmó: «La biodiversidad continúa degradándose a un ritmo alarmante. Sin embargo, en medio de estos fuertes descensos, hay motivos para la esperanza. El Informe Planeta Vivo 2026 destaca evidencias de que muchas poblaciones de especies son estables o se están recuperando, junto con historias inspiradoras que demuestran que la naturaleza puede recuperarse y que el cambio es posible. La recuperación de poblaciones de especies como los tigres, el atún rojo y las tortugas verdes muestra lo que pueden lograr años de esfuerzos colectivos y sostenidos de conservación».
«Para continuar y ampliar estos éxitos de conservación, es necesario transformar las industrias y los sistemas que impulsan la pérdida de naturaleza. Ya se están produciendo avances. No en todas partes, ni todavía a la escala necesaria, pero sí lo suficiente para demostrar que el cambio es posible. Es hora de acelerar la escala de esos cambios sistémicos que ya están en marcha y trabajar juntos en armonía con la naturaleza para construir un mundo más sostenible, equitativo y resiliente. Juntos podemos restaurar nuestro planeta vivo».

Roberto Troya, vicepresidente senior de oficinas de país y director regional de Latinoamérica de WWF, comentó: «Esta última edición del Informe Planeta Vivo muestra que América Latina y el Caribe registra el declive más acelerado de las poblaciones de especies estudiadas, con una disminución del 95 % entre 1970 y 2022. Es una cifra profundamente preocupante para una de las regiones más biodiversas del planeta, que alberga seis países megadiversos y especies que no se encuentran en ningún otro lugar».
Y agregó: «Pero estos datos también nos muestran que nuestras acciones importan. El trabajo que hemos realizado junto con nuestros aliados ha contribuido a evitar pérdidas aún mayores de biodiversidad y a proteger ecosistemas y especies clave. Esto nos da esperanza y nos impulsa a seguir actuando, con la resiliencia, determinación y colaboración necesarias para enfrentar los desafíos de nuestra región».
De puntos de inflexión negativos a positivos
La biodiversidad sustenta economías y sociedades, pero tres sistemas impulsan su destrucción: el alimentario (principal causa de pérdida de hábitat), el energético (cambio climático) y el financiero (financia actividades dañinas). Según investigaciones de la Universidad de Exeter incluidas en el informe, estos sistemas pueden transformarse al activar puntos de inflexión positivos: umbrales a partir de los cuales el cambio se vuelve autosostenido, más rápido, más barato y difícil de revertir.
- Energía: el punto de inflexión ya se superó y el cambio se acelera, con la solar como la fuente más barata de nueva generación en la mayoría de los países, aunque la transición aún es lenta y desigual.
- Alimentación y agricultura: el cambio está en marcha y muestra señales iniciales, con avances en producción positiva para la naturaleza, comercio y consumo sostenibles, dietas saludables y menor desperdicio.
- Finanzas: se encuentra en fases tempranas; debe dejar de financiar actividades dañinas, valorar naturaleza y clima como riesgos materiales, dar certidumbre regulatoria y cerrar una brecha anual de 942,000 millones de dólares en financiación de biodiversidad.
Daudi Sumba, director de Conservación de WWF Internacional, afirmó: «Aunque la ventana para un futuro diferente se está estrechando, sigue abierta. Transformar sistemas complejos a la velocidad y a la escala necesarias no será fácil, pero, activando puntos de inflexión positivos, puede ocurrir más rápido de lo que pensamos. Cuanto antes actuemos, mayores serán los beneficios para las personas y la naturaleza. Tenemos el conocimiento, las herramientas y las vías; lo que importa ahora es nuestra determinación colectiva para actuar juntos y estar a la altura del desafío de situar la naturaleza y el clima en la senda de la recuperación de aquí a 2030».
El Dr. Andrew Terry, director de Conservación de ZSL, afirmó: «Las poblaciones abundantes de fauna silvestre y la intrincada red de interacciones entre ellas sustentan los ecosistemas saludables que nos permiten prosperar a todos. No hay alternativa a esto; el bienestar humano y la seguridad económica dependen de que trabajemos con la naturaleza, en lugar de contra ella».
Durante demasiado tiempo, la naturaleza ha sido infravalorada, y el Índice Planeta Vivo nos muestra las consecuencias; pero estos descensos no son inevitables y el cambio es posible. La naturaleza puede recuperarse y las historias recogidas en el Índice son un poderoso recordatorio de ello.
«Nuestros equipos de todo el mundo han visto cómo especies y ecosistemas se recuperan cuando se reducen las amenazas y se mantiene la acción de conservación. Cuantas más personas se unan a nosotros para emprender acciones decididas y rápidas con el fin de proteger la fauna silvestre y los ecosistemas de todo el mundo, antes podremos convertir el conocimiento en acción y alcanzar puntos de inflexión positivos que garanticen un futuro más saludable y resiliente», concluye desde WWF.




