Los datos fueron revelados en la edición de 2026 de la Evaluación de la Declaración Forestal -que monitorea los esfuerzos para lograr la protección de los bosques prometida por 145 países en la cumbre climática de Glasgow de 2021- y expone que el mundo perdió más de 7 millones de hectáreas de bosque por deforestación en 2025, lo que representa una disminución del 15% respecto a 2024 y al periodo base de 2018-20. A pesar de esta caída interanual, el mundo se mantiene un 70% desalineado con respecto a la trayectoria necesaria para detener la deforestación de cara al 2030. Desde 2021, la pérdida constante de bosques ha acumulado un déficit de 10.7 millones de hectáreas que habrían permanecido en pie si se hubieran cumplido las metas establecidas.
Fuente: Climate Focus North América
Berlín, Alemania//Washington, D.C. (15 de octubre de 2026) — Un nuevo estudio publicado este miércoles, que examina los compromisos mundiales para proteger los bosques, reveló que, si bien la deforestación se ralentizó claramente en 2025, no fue suficiente para evitar que el mundo se desviara drásticamente de la promesa de acabar con la deforestación para 2030.
El estudio se publica antes de una importante cumbre climática y en medio de un año récord en incendios forestales, y con la reciente llegada de un fenómeno de El Niño extremo que amenaza con una nueva ola de incendios devastadores.
Además, la edición de 2026 de la Evaluación de la Declaración Forestal -que monitorea los esfuerzos para lograr la protección de los bosques prometida por 145 países en la cumbre climática de Glasgow de 2021- reveló que, por primera vez, la pérdida de selva tropical en la cuenca del Congo, que alcanzó los 2,4 millones de hectáreas en 2025, se acercó a la paridad con la Amazonía.
También advierte que los cambios derivados de las recientes elecciones en Colombia y Perú, y las próximas en Brasil, podrían amenazar la protección de los bosques en países que han estado a la vanguardia de los avances recientes. «Es una buena noticia que hayamos perdido un 15 % menos de bosque en 2025 que en 2024, pero esto se ve bien en parte porque los años anteriores fueron muy malos», dijo la autora principal del informe, Erin Matson, consultora principal de Climate Focus.
«Esto convierte al año pasado en una excepción, no en la nueva normalidad. En 2021, los líderes mundiales se comprometieron a acabar con la deforestación para 2030. Desde entonces, cada año -incluido 2025- nos hemos quedado muy lejos del progreso necesario para alcanzar esa meta. Si estuviéramos en camino de lograr la deforestación cero, ahora mismo todavía quedarían en pie 10,7 millones de hectáreas de bosque, una superficie del tamaño de Islandia».

Estudio de evaluación forestal
La Evaluación de la Declaración Forestal es elaborada por una coalición de más de dos docenas de organizaciones de la sociedad civil y de investigación para monitorear el progreso hacia el cumplimiento de los compromisos adquiridos por países, empresas e inversores para eliminar la deforestación y restaurar el 30 % de los ecosistemas forestales degradados para 2030.
Para la evaluación se realiza un seguimiento independiente del progreso colectivo hacia los objetivos forestales abarcando la deforestación, la degradación, la restauración, la producción sostenible, la financiación, los derechos y la gobernanza.
«La Evaluación de 2026 examina la evidencia más reciente disponible para mostrar dónde se están produciendo avances, dónde los logros siguen siendo frágiles y qué cambios son necesarios. Va más allá de las cifras de pérdida forestal y analiza las políticas, los mercados, los flujos financieros y las instituciones que determinan si el progreso puede perdurar», señalan los autores.
El estudio recopila evidencia para evaluar la implementación, o la falta de ella, de la Declaración de los Líderes de Glasgow sobre Bosques y Uso de la Tierra (2021) y el Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal (2022). Para ello, mide los cambios anuales en la pérdida de bosques con respecto al período de referencia 2018-2020, cuando la deforestación promedió 8,3 millones de hectáreas anuales. Además, monitorea si la deforestación disminuye lo suficiente, año tras año, para llegar a cero para 2030.
El informe de este año reveló que en 2025 se perdieron 7 millones de hectáreas por deforestación, un 15 % menos que en 2024. Sin embargo, Matson señaló que el problema radica en que un buen año no puede compensar cuatro malos. Entre 2021 y 2024, la deforestación anual apenas varió respecto a la cifra base de 8,3 millones de hectáreas.
Para mantener el rumbo hacia la deforestación cero para 2030, debía disminuir en aproximadamente un millón de hectáreas por año.
A ese ritmo, para 2024 no debería haber superado los 5 millones de hectáreas, pero alcanzó los 8 millones. Para 2025, debería haber descendido a 4,2 millones de hectáreas, pero llegó a los 7 millones. «Es como si ni siquiera hubiéramos estado pagando el mínimo de la tarjeta de crédito», dijo Ivan Palmegiani, coautor del informe y consultor sénior de Climate Focus.
«Como el interés compuesto, el «déficit de progreso» mundial en materia de deforestación ha ido creciendo cada año desde 2021. Esto significa que cada hectárea de bosque que se pierde hoy solo aumenta la deuda que nosotros y las generaciones futuras debemos pagar para cumplir nuestro compromiso de detener la destrucción de nuestros bosques».
Ese déficit asciende ahora a 10,7 millones de hectáreas de bosque, que es la diferencia entre lo que se habría protegido si el mundo estuviera encaminado hacia el objetivo de cero deforestación y la cantidad de destrucción forestal que realmente se ha producido en lo que va de década.
«Lo que demuestran las pruebas es que las fuerzas subyacentes que están erosionando los bosques del mundo —incentivos económicos perversos, gobernanza débil y escasa protección para los pueblos indígenas y las comunidades locales— siguen presentes», afirmó Palmegiani.
«En última instancia, la crisis que estamos presenciando en nuestros bosques es realmente la consecuencia de una crisis más amplia en los sistemas económicos y gubernamentales que permiten e incluso fomentan su destrucción».

Las pérdidas en la cuenca del Congo rivalizan con las del Amazonas
El informe muestra que la deforestación se manifiesta de manera diferente en las tres regiones que albergan las mayores extensiones de bosque tropical del mundo. Y la situación en la cuenca del Congo, en África, resulta particularmente preocupante.
El informe revela que, por primera vez en la historia, la deforestación anual en África tropical es comparable a la de América Latina tropical. La cuenca del Congo perdió 2,4 millones de hectáreas en 2025, mientras que América Latina, históricamente el principal foco de deforestación del mundo, perdió 2,5 millones de hectáreas. La cuenca del Congo es la segunda en extensión, solo superada por la Amazonía, y alberga una de las mayores extensiones de bosque tropical intacto que aún existen en el mundo.
Además, el informe señala que ambas regiones parecen avanzar en direcciones opuestas en cuanto a las políticas para detener la deforestación. Constata que, en los últimos cinco años, las medidas adoptadas en algunos países latinoamericanos —como el plan de acción para la deforestación en la Amazonía brasileña, que fue reactivado, y el fortalecimiento de su aplicación— han contribuido a una reducción del 33 % en la deforestación en esa región.
Dichas reducciones fueron el principal motor de la disminución global que se produjo en 2025. El informe no encuentra ninguna iniciativa similar para frenar la deforestación en la cuenca del Congo, donde la pérdida de bosques se debe principalmente a la expansión de la agricultura, la extracción de madera y las actividades mineras.
«No vemos el compromiso ni las acciones necesarias para contrarrestar los principales factores que impulsan la deforestación en el África tropical», afirmó Alison Hoare, consultora independiente y experta en gobernanza forestal que contribuyó al informe.
«Sigue habiendo una falta de inversión en las instituciones responsables de la gestión y el cumplimiento de las normas de uso de la tierra, situación que se agrava por la incapacidad de la comunidad internacional para aliviar la deuda de los países africanos. Es urgente abordar estos desafíos; de lo contrario, los países quedarán atrapados en las industrias extractivas y la deforestación en la región empeorará».

América Latina registra avances notables pero es vulnerable, mientras que Asia se estanca
El informe advierte además que, incluso en América Latina, no hay garantía de que los avances logrados en los últimos años continúen. Constata que la protección de los bosques en la región “depende en gran medida de las decisiones de un pequeño número de gobiernos” cuyas políticas podrían cambiar rápidamente según los resultados de las elecciones recientes y futuras.
Por ejemplo, las elecciones en Brasil determinarán si el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, cuyo gobierno ha defendido la protección de los bosques, logra un nuevo mandato. El resultado podría tener graves consecuencias para el futuro de la Amazonía, especialmente ante las crecientes amenazas climáticas.
Según una evaluación reciente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, es muy probable que el mundo supere los 1,5 °C de calentamiento en los próximos años. Los científicos advierten que esto elevaría la temperatura media global a un nivel que pondría a la Amazonía al borde del colapso.
En este mundo más cálido, incluso un aumento moderado de la deforestación podría llevar a la región a un punto crítico al alterar los procesos naturales de humedad del bosque, lo que podría transformar grandes áreas en bosques degradados o ecosistemas similares a la sabana. El próximo líder de Brasil gobernará durante este período de extrema vulnerabilidad, cuando detener la deforestación se convierta en la única herramienta para rescatar a la Amazonía del borde del desastre.
Mientras tanto, en Colombia, el recién elegido presidente Abelardo de la Espriella ha marcado un cambio con respecto a las políticas de protección forestal de su predecesor al derogar las restricciones a la minería y prometer apoyar la expansión de la exploración de petróleo y gas, actividades que representan amenazas potenciales para los bosques.
En Perú, la presidenta Keiko Fujimori ha prometido acelerar la inversión minera, incluyendo un sistema de aprobación acelerada e incentivos fiscales, lo que podría poner en peligro las regiones boscosas.
En Asia tropical, el informe describe una situación de estancamiento más que de crisis o progreso significativo. La deforestación regional de 1,6 millones de hectáreas en 2025 representa una disminución del 12 % con respecto a los niveles de referencia de 2018-2021, cifra modesta en comparación con los avances logrados en América Latina durante el mismo período. Sin embargo, los autores advierten que en Asia “los factores estructurales que impulsan la deforestación persisten”.

Más allá de la deforestación: otras señales de alerta, incluido el fenómeno de El Niño extremo
La deforestación acapara los titulares porque es visible y fácil de medir. Sin embargo, dos indicadores distintos analizados en el informe demuestran que una gran parte de los bosques del mundo está sufriendo daños o degradación sin ser talados por completo; impactos perjudiciales que rara vez se reconocen en las estrategias nacionales y los planes de acción empresariales.
La degradación de los bosques tropicales —daños causados principalmente por incendios y actividades de tala que no llegan a la pérdida total— alcanzó los 3,5 millones de hectáreas en 2025, un 34 % menos que el excepcional repunte provocado por incendios en 2024. Sin embargo, en este caso, África tropical volvió a desafiar la tendencia, con un aumento del 25 % en la degradación forestal regional, que llegó a 1,1 millones de hectáreas.
Este aumento no se debió a incendios, sino a la expansión agrícola a pequeña escala, la tala informal y la escasa aplicación de la ley: las mismas fuerzas que impulsan el creciente nivel de deforestación en la región.
Dicho esto, el informe advierte que los incendios siguen siendo una amenaza preocupante, como se observó en Europa este verano y también en Indonesia, donde los incendios afectaron a turberas ricas en carbono. Ya existen indicios preliminares de que los incendios que han asolado el país este año han causado daños considerables en las regiones boscosas, y el próximo año podría ser mucho peor.
Los autores señalan que un «super El Niño» podría alcanzar su punto máximo en noviembre, con el potencial de provocar un «aumento repentino de la degradación forestal relacionada con los incendios en la mayoría de las regiones tropicales», similar a lo ocurrido con el Super El Niño de 2015-16.
El informe también ofrece una visión global sobre el deterioro de la integridad ecológica de los bosques en todo el mundo, determinando que los bosques se están fragmentando cada vez más, son más vulnerables a la tala o los incendios futuros y tienen menor capacidad para almacenar carbono y mantener la biodiversidad.
Según este indicador, los datos más recientes disponibles, de 2024, muestran que 65,4 millones de hectáreas de bosque cayeron a la categoría de menor integridad, de las cuales más de 50 millones se encuentran en los trópicos. Esto representa un orden de magnitud mayor que los 8,2 millones de hectáreas deforestadas ese mismo año. América Latina tropical (23,1 millones de hectáreas) y África tropical (20,2 millones de hectáreas) concentraron las mayores extensiones de bosques del mundo que perdieron integridad y resiliencia ecológica.

La evidencia demuestra el impacto de las protecciones forestales legales frente a las voluntarias
El informe concluye que alcanzar el objetivo de deforestación cero para 2030 requerirá la adopción de políticas sólidas respaldadas por una aplicación rigurosa, ya que constituyen la palanca de cambio más duradera. Asimismo, señala que las medidas voluntarias, por muy bien intencionadas que sean, pueden fracasar rápidamente.
Por ejemplo, menciona la Moratoria de la Soja en la Amazonía brasileña, un acuerdo voluntario entre los comerciantes de soja para no comprar ni financiar soja cultivada en tierras deforestadas. Si bien gozó de dos décadas de éxito, comenzó a desmoronarse el año pasado después de que un estado brasileño retirara los incentivos fiscales a las empresas que la apoyaban.
«Los compromisos voluntarios y las medidas represivas a corto plazo siempre se desmoronarán cuando cambien las presiones políticas o del mercado», afirmó Robert Nasi, director general del Centro para la Investigación Forestal Internacional (CIFOR) y director científico de Landscape Alliance.
«La verdadera permanencia requiere marcos legales vinculantes, derechos de tenencia exigibles para las comunidades locales y el fin de los subsidios públicos que financian la destrucción. Sin políticas mínimas firmes y una reforma sistemática de los incentivos, solo estamos pausando la pérdida de bosques, no deteniéndola».
El informe cita ejemplos de medidas más duraderas adoptadas recientemente, como el Reglamento de la Unión Europea sobre la Deforestación (EUDR). Si bien su implementación ha sufrido retrasos y su alcance es limitado, el EUDR ya influye en las políticas de protección forestal de los socios comerciales de Europa.
«El Reglamento de la UE sobre la deforestación nos brinda una oportunidad única para romper el vínculo entre los sistemas alimentarios y la deforestación. Ya ha impulsado a las empresas a actuar a lo largo de las cadenas de valor, especialmente mediante la inversión en sistemas de trazabilidad», explicó Louise Simon, responsable de políticas de la UE y diligencia debida en Climate & Company y colaboradora del informe. «Ahora que el reglamento entrará en vigor el 30 de diciembre, debemos colaborar para demostrar que el comercio libre de deforestación funciona en la práctica».
También existe optimismo respecto a que el Mecanismo para la Conservación de los Bosques Tropicales (TFFF, por sus siglas en inglés), propuesto y lanzado el año pasado en la COP30, pueda comenzar a materializarse como una forma de proporcionar pagos predecibles a largo plazo por los bosques en pie y, en particular, acceso directo para los pueblos indígenas y las comunidades locales.
El informe cita el acuerdo del TFFF como ejemplo del creciente reconocimiento del papel de los pueblos indígenas y las comunidades locales en la dirección e implementación de las políticas forestales.
En general, los autores del informe señalan que para conseguir apoyo para las medidas necesarias para retomar el camino hacia el logro de la deforestación cero para 2030 se requiere un reconocimiento más amplio de las numerosas consecuencias sociales y económicas de la inacción, que incluyen algo más que una aceleración de la crisis climática.
Por ejemplo, señalan que, además de almacenar y absorber grandes cantidades de carbono, los bosques son guardianes fundamentales de los recursos hídricos. Su pérdida conlleva una disminución del rendimiento de los cultivos y una mayor competencia por el agua entre ciudades e industrias. Estas consecuencias económicas persisten a largo plazo y rápidamente eclipsan cualquier beneficio financiero derivado de la tala de madera o la conversión de bosques en pastizales o zonas de cultivo industrial.
La deforestación también se considera una amenaza para la salud humana, ya que permite la propagación de patógenos antes desconocidos y la intensificación de riesgos ya conocidos.
“Debemos dejar de creer en el peligroso mito de que la protección de los bosques perjudica el crecimiento económico”, afirmó Matson.
“Mantener los bosques en pie y restaurar los que ya hemos perdido proporciona beneficios e ingresos reales y tangibles a las familias y comunidades directamente. Por ejemplo, la evidencia de Brasil muestra que un enfoque de desarrollo libre de deforestación podría inyectar 8200 millones de dólares a la economía amazónica para 2050, además de crear empleos locales. Lograr la deforestación cero no es un sacrificio económico. Los bosques sanos y en pie son esenciales para mantener nuestras economías fuertes”.
La seguridad de los derechos sobre la tierra y el acceso a la financiación siguen siendo carencias cruciales. Los nuevos compromisos para reconocer los territorios de los pueblos indígenas y las comunidades locales impulsan el progreso, pero para que esos compromisos se traduzcan en una protección efectiva se requiere financiación, capacidad institucional y derechos exigibles.



