El nuevo reporte de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas advierte que la pérdida de biodiversidad representa un riesgo sistémico para la economía global y propone más de 100 medidas concretas para que empresas, gobiernos y actores financieros actúen con urgencia.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
Fuente: IPBES 2026
REINO UNIDO (21/2/2026). – Todas las empresas dependen de la biodiversidad y todas ejercen, directa o indirectamente, un impacto sobre ella. Bajo esta premisa, la IPBES presentó su informe “Empresas y biodiversidad 2026”, un documento que concluye que el actual modelo de crecimiento económico ha generado una pérdida masiva de naturaleza, creando un riesgo sistémico crítico para la economía mundial, la estabilidad financiera y el bienestar humano.
El informe fue aprobado por representantes de más de 150 gobiernos miembros durante la 12.ª sesión plenaria de la IPBES, celebrada en Mánchester, Reino Unido.
El documento sostiene que incluso aquellas compañías que no se consideran “basadas en la naturaleza” dependen de ella a través de múltiples vías: provisión de materias primas, regulación de ciclos ambientales —como el suministro de agua o la mitigación de inundaciones— y contribuciones no materiales como el turismo, la recreación y los valores culturales.
Sin embargo, advierte que muchas empresas no asumen plenamente los costos financieros de sus impactos negativos sobre la biodiversidad, ni cuentan con mecanismos adecuados para capturar valor económico a partir de impactos positivos.
“La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas”, afirmó Stephen Polasky (EE. UU.), copresidente de la evaluación. “Aunque la degradación puede parecer rentable a corto plazo, sus efectos acumulativos pueden desencadenar puntos de inflexión ecológicos con consecuencias económicas profundas”.
El informe, elaborado durante tres años por 79 expertos de 35 países, identifica más de 100 métodos y medidas específicas para evaluar dependencias, impactos, riesgos y oportunidades vinculados a la biodiversidad. También destaca que muchas empresas carecen de información clara y comparable para integrar estos factores en su toma de decisiones.
Matt Jones (Reino Unido), otro de los copresidentes del estudio, señaló que el documento “reúne años de investigación en un marco integrado que muestra tanto los riesgos derivados de la pérdida de naturaleza como las oportunidades para revertirla”.
“Las empresas pueden optar por liderar el camino hacia una economía más sostenible o arriesgarse a desaparecer, junto con las especies que hoy están en peligro”, subrayó.
El informe advierte que el entorno actual no favorece un cambio transformador. Persisten incentivos económicos perversos, marcos regulatorios insuficientes y deficiencias en datos y conocimientos.
En 2023, los flujos financieros globales —públicos y privados— con impactos negativos directos sobre la naturaleza alcanzaron los 7,3 billones de dólares. De ese total, 4,9 billones correspondieron a financiación privada y alrededor de 2,4 billones a subsidios públicos ambientalmente perjudiciales.
En contraste, solo 220.000 millones de dólares se destinaron a actividades de conservación y restauración de la biodiversidad, lo que equivale apenas al 3% de los incentivos públicos que promueven prácticas empresariales dañinas.
Un cambio estructural necesario
La IPBES concluye que es imprescindible transformar los incentivos económicos, los marcos regulatorios y los modelos de negocio para armonizar rentabilidad y protección de la naturaleza.
Según el informe, con políticas adecuadas y reformas financieras y culturales, proteger la biodiversidad no solo es compatible con la rentabilidad empresarial, sino que puede convertirse en una condición clave para la resiliencia económica a largo plazo.
El mensaje central es claro: todas las empresas pueden ser agentes positivos de cambio, pero el tiempo para actuar es limitado.
Elaborado durante tres años por 79 destacados expertos del ámbito de la ciencia y el sector privado, procedentes de 35 países y de todas las regiones del mundo, en consulta con los pueblos indígenas y las comunidades locales, este Informe concluye que las condiciones actuales en las que operan las empresas no están siempre alineadas a un futuro justo y sostenible, y que estas condiciones también perpetúan riesgos sistémicos.
Las empresas se enfrentan con frecuencia a incentivos inadecuados o perversos, a obstáculos que dificultan los esfuerzos por revertir la pérdida de la naturaleza, a un entorno institucional con apoyo, aplicación y cumplimiento insuficientes, así como a importantes deficiencias en los datos y los conocimientos.
Todo ello, unido a modelos empresariales que se traducen en un consumo cada vez mayor de materiales y un énfasis en la presentación de informes de beneficios trimestrales, contribuye a la degradación de la naturaleza en todo el mundo.
El informe señala que es necesario un cambio fundamental para crear un entorno propicio que permita armonizar la rentabilidad de las empresas con lo que es beneficioso para la biodiversidad y las personas.
“Este informe se basa en miles de fuentes y reúne años de investigación y práctica en un único marco integrado que muestra tanto los riesgos de las pérdidas naturales para las empresas como las oportunidades que estas tienen para ayudar a revertir esta situación”, declaró Matt Jones (Reino Unido), uno de los tres copresidentes de la Evaluación.
“Estamos ante un momento crucial para que las empresas y las instituciones financieras, así como los gobiernos y la sociedad civil, se abran camino a través de la confusión de innumerables métodos y parámetros, y aprovechen la claridad y la coherencia que ofrece el Informe para adoptar medidas significativas hacia un cambio transformador”, dijo.
“Las empresas y otros agentes pueden optar por liderar el camino hacia una economía mundial más sostenible o, en última instancia, arriesgarse a la desaparición… tanto de especies de la naturaleza como, potencialmente, de la suya propia”, remarcó.

Urge un cambio en los incentivos empresariales
Las condiciones actuales refuerzan la situación actual de las cosas y siguen sin propiciar el cambio transformador necesario para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.
Por ejemplo, las grandes subvenciones que provocan pérdidas de biodiversidad se destinan a actividades empresariales con el apoyo de grupos de presión de empresas y asociaciones comerciales.
En 2023, los flujos financieros públicos y privados globales con impactos directamente negativos sobre la naturaleza se estimaron en 7,3 billones de dólares, de los cuales la financiación privada representó 4,9 billones de dólares, y el gasto público en subsidios ambientalmente perjudiciales fue de alrededor de 2,4 billones de dólares.
En contraste, en 2023 se destinaron 220.000 millones de dólares de flujos financieros públicos y privados a actividades que contribuyen a la conservación y restauración de la biodiversidad, lo que representa apenas el 3% de los fondos e incentivos públicos que alientan conductas empresariales perjudiciales o impiden conductas beneficiosas para la biodiversidad.
“La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas”, afirmó el profesor Stephen Polasky (EE. UU.), copresidente de la Evaluación.
“Aun así, la realidad distorsionada es que suele parecer que a las empresas les resulta más rentable degradar la biodiversidad que protegerla. La forma tradicional de hacer las cosas puede parecer rentable a corto plazo, pero los efectos en múltiples empresas pueden tener efectos acumulativos, que se suman a los efectos globales, los cuales pueden cruzar puntos de inflexión ecológicos. El Informe demuestra que no es inevitable seguir como hasta ahora: con las políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, lo que es conveniente para la naturaleza es también lo mejor para la rentabilidad. Para conseguirlo, el Informe ofrece herramientas para elegir mediciones y análisis más eficaces”, explica Polasky.

Medición de efectos y dependencias
El Informe constata que existe una amplia variedad de métodos, conocimientos y datos para medir los efectos y las dependencias de las empresas, que ya pueden servir de base para tomar decisiones y actuar, pero que se entiende más sobre la aplicación de métodos para evaluar los efectos que para medir las dependencias.
Se ha constatado que la aplicación y la incorporación de los métodos son escasas y desiguales en los distintos sectores empresariales y lugares, así como que menos del 1 % de las empresas que presentan informes públicos mencionan en ellos sus efectos sobre la biodiversidad.
Una encuesta reciente entre instituciones financieras que representan el 30 % del valor de capitalización del mercado mundial reveló que los tres obstáculos más citados para una mayor incorporación de la evaluación y gestión de riesgos relacionados con la naturaleza son: a) el acceso a datos fiables, b) el acceso a modelos fiables y c) el acceso a escenarios.
El profesor Polasky afirmó: “Con demasiada frecuencia, las empresas dedican más tiempo a intentar descifrar marcos complejos y contrapuestos de cumplimiento y presentación de informes que a adoptar medidas significativas. Una de las poderosas características de este Informe es que ayuda a descifrar qué métodos, parámetros y herramientas políticas son apropiados para el ámbito de la empresa, lo que contribuye a aportar claridad y coherencia a la forma en que las empresas miden e informan sobre su interacción con la naturaleza. Estamos pasando de los compromisos voluntarios de sostenibilidad a una hoja de ruta con base científica para cambiar el sistema”.
Los autores del informe subrayan que no existe un único método para medir y gestionar los efectos y las dependencias que sea adecuado para todas las decisiones empresariales, y que los aspectos que deben medirse dependen del contexto y la medida o decisión que se esté informando: con frecuencia serán necesarios múltiples métodos o parámetros.
El Informe propone tres características generales que pueden utilizarse para evaluar los métodos más apropiados para cualquier empresa, independientemente de su tamaño o sector:
- · cobertura (geográfica, así como el alcance de los efectos y dependencias incluidos);
- · precisión (el grado en que los resultados describen correctamente lo que están diseñados para medir);
- · receptividad (la capacidad del método para detectar cambios que puedan atribuirse a las acciones y actividades de la empresa).
Otra conclusión clave es que las empresas podrían mejorar la medición y la gestión de los efectos y las dependencias mediante un compromiso adecuado con la ciencia y el conocimiento indígena y local. “Los datos y el conocimiento suelen estar aislados”, afirmó la profesora Ximena Rueda (Colombia), copresidenta de la evaluación.
“La bibliografía científica no está redactada para las empresas y la falta de traducción y atención a las necesidades de estas ha frenado la asimilación de los descubrimientos científicos. Entre las empresas también suele haber una comprensión y un reconocimiento muy limitados de los pueblos indígenas y las comunidades locales como guardianes de la biodiversidad y, por tanto, poseedores de conocimientos sobre su conservación, restauración y uso sostenible”, indicó Rueda.
El desarrollo industrial amenaza al 60 % de las tierras indígenas de todo el mundo y una cuarta parte de todos los territorios indígenas están sometidos a una gran presión por la explotación de recursos, pero los pueblos indígenas y las comunidades locales suelen estar inadecuadamente representados en la investigación y la toma de decisiones de las empresas.
“La colaboración respetuosa que permite poner en común y utilizar mejor los datos, información, las ideas científicas y el conocimiento indígena y local puede 4 traducirse en una mejor gestión de los riesgos y la concretización de las oportunidades empresariales”, afirmó la profesora Rueda.
Prioridades y opciones para la actuación empresarial
El Informe pone de manifiesto que todas las empresas, incluidas las instituciones financieras, tienen la responsabilidad de actuar y podrían adoptar nuevas medidas, si el entorno es propicio. Aunque existen contrapartidas que impiden algunas acciones transformadoras, los autores señalan muchas medidas que pueden adoptar las empresas en este momento y que benefician los negocios y la biodiversidad, como aumentar la eficiencia y reducir los residuos o las emisiones.
Acciones específicas que pueden ser tomadas para gestionar sus impactos y dependencias están incluidas en esta tabla. “Para las empresas, un mayor compromiso con la naturaleza no es una opción: es una necesidad”, afirmó la profesora Rueda.
Esto es vital lograrlo para sus resultados financieros, su prosperidad a largo plazo y el cambio transformador necesario para un futuro más justo y sostenible.
Sin embargo, para evitar el «falso ecologismo», la especialista marcó que “es imprescindible que las empresas tengan estrategias transparentes y creíbles, que demuestren claramente sus medidas y cómo contribuyen a los resultados en materia de biodiversidad y que divulguen públicamente sus efectos y dependencias, así como sus actividades de presión”.
El Informe examina tanto las acciones que llevan a cabo las mismas empresas – como las medidas que cambian el sistema o suponen una “manifestación de intenciones” que influyen públicamente y sirven de inspiración para las acciones de otros.
Las empresas pueden llevar a cabo acciones de cada tipo en cuatro niveles de toma de decisiones: corporativo, operaciones, cadena de valor y cartera.
Los autores reconocen que, si bien existe una amplia base de conocimientos que sirva de guía a la actuación de las empresas, también hay importantes lagunas de conocimiento y aplicación que limitan la capacidad de todos los agentes para comprender plenamente y gestionar con eficacia las actividades empresariales.
El Informe agrupa estas lagunas de la siguiente manera: datos relevantes para las empresas; accesibilidad y transparencia de los datos; fiabilidad de las pruebas; adopción de métodos y aplicación de los métodos, por lo que sugiere cinco conjuntos de medidas para abordar estas prioridades.

Más de 100 medidas concretas para gobiernos, actores financieros y la sociedad civil
Otro mensaje central del Informe es que las empresas no pueden, por sí solas, lograr el nivel de cambio necesario para detener y revertir la pérdida de biodiversidad.
Son imprescindibles medidas individuales, colectivas y colaborativas para crear un entorno propicio en el que las empresas contribuyan a un futuro justo y sostenible.
Se describen cinco componentes específicos como fundamentales para crear dicho entorno propicio:
- · marcos políticos,
- · jurídicos y normativos;
- · sistemas económicos y financieros;
- · valores sociales, normas y cultura;
- · tecnología y datos; y capacidad y conocimientos.
El Informe ofrece más de 100 ejemplos específicos de medidas concretas que pueden adoptar, en cada uno de estos cinco componentes, las empresas, los gobiernos, los actores financieros y la sociedad civil.
“Una mejor gestión de la biodiversidad es fundamental para gestionar el riesgo en toda la economía y en todas las sociedades: no se trata de una cuestión ambiental lejana, sino de un desafío fundamental que se plantea ahora en todas las salas de juntas y gabinetes”, afirmó el profesor Polasky.
“Tenemos que ir más allá de la falacia de una elección dual entre gobiernos y responsables de las políticas a favor del medio ambiente o a favor de las empresas. Todas las empresas dependen de la naturaleza, por lo que las acciones que la conservan y utilizan de forma sostenible también pueden ser las que ayuden a las empresas a prosperar a largo plazo. Una de las innovaciones de este Informe es que proporciona un modelo para acelerar las medidas colectivas y de colaboración a todos los niveles por parte de los gobiernos, los actores financieros y otros actores, incluida la sociedad civil, los pueblos indígenas y las comunidades locales, los 5 consumidores, las ONG y las organizaciones internacionales, y la academia, además de la acción que deben emprender las propias empresas e instituciones financieras”, concluye Polasky.


















