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Recesión, cambio climático e Irak en la agenda europea

Internacionales

La política exterior del futuro gobierno de Barack Obama.

Fuente: Diario Clarin

BUENOS AIRES (6/11/2008).- Esta es la hora de los buenos auspicios y las esperanzas entre Europa y Estados Unidos, cuyas relaciones han sufrido más de lo que muchos creen en los ocho años de la pésima era Bush, lo que explica por qué casi el 70% de los europeos querían la victoria de Barack Obama en las elecciones presidenciales. Las grandes dificultades que se viven por la crisis económico-financiera de dimensiones epocales alientan los temores de que las recesiones en curso a ambos lados del Atlántico terminen convirtiéndose en una depresión global. Así ocurrió en los EE.UU. de 1932. Este es el problema más apremiante de los muchos que los europeos ponen hoy sobre la mesa. Los ocho años de George Bush en la Casa Blanca han producido un abismo entre la opinión pública de los 27 países miembros de la Unión Europea (UE) y los Estados Unidos. Barack Obama estuvo en Europa en julio, fue aclamado por 200 mil personas en Berlín, prometió un cambio radical de la política norteamericana y todos le creen. Comienza una época de multilateralismo como en los mejores momentos de la presidencia de Bill Clinton. En estos ocho años en Europa nació el euro y se consolidó el mercado único que tanto aprecian las multinacionales norteamericanas. Además, en los últimos cuatro años se ha completado la expansión de la UE hacia el Este, hasta englobar a casi todos los países ex comunistas. Obama encuentra en el plano económico «una Europa madura», como señala el ex comisario europeo Mario Monti en el Corriere della Sera. Para Obama y los gobiernos europeos, ésta es una urgente oportunidad para impulsar una renovada alianza común que permita gobernar a los caóticos mercados globalizados. Europa sigue enferma de enanismo político. No logra concretar un acuerdo constitucional ni poner en marcha políticas de defensa y seguridad supranacionales, es decir darse una identidad fuerte y distinta a la de sus países miembros. Y, en parte, la opinión pública europea echa con razón las culpas a los ataques que cometió el presidente Bush en 2003 contra la unidad interna europea para imponer la parálisis del bloque mientras consumaba el ataque militar contra Irak con la adhesión del británico Tony Blair, el italiano Silvio Berlusconi y el español José María Aznar, además de los polacos y otros países ex comunistas. La Unión nunca se repuso hasta ahora de aquel duro trauma. Obama tiene concepciones políticas y una cultura que lo avecinan a los europeos, tanto en la mayor intervención estatal como la creación de un nuevo sistema regulador para los mercados financieros que lleve a una refundación del capitalismo, como insiste el presidente francés Nicolas Sarkozy. Otra cuestión que los europeos quieren tratar con el presidente electo esperando una posición más flexible que la del imperial Bush debería por fin llevar a la aprobación del protocolo de Kyoto sobre el clima. La cita es en Copenhague para la conferencia mundial de diciembre de 2009. Muchos creen que es cada día más difícil contener el cataclismo climático que se aproxima. Pero se sigue perdiendo tiempo porque predominan gigantescos intereses que encontraron su campeón en las políticas de EE.UU. en estos años. Bush metió a EE.UU. en dos guerras que no puede ganar. Barack Obama quiere conseguir un retiro de Irak en 16 meses, pero necesita ayuda de los europeos para asegurar la transición. Más difícil está la guerra en Afganistán. Los europeos sueñan con retirarse de los escenarios más mortíferos, sobre todo en el sur del país. El presidente demócrata les pedirá, por el contrario, que refuercen el dispositivo con más y mejores tropas. Otro problema grave se llama Rusia, nada menos. Bush quiso hacer entrar a Georgia y Ucrania a la OTAN, lo que para Moscú significa una sola cosa: la guerra. Los europeos se han dividido, con Polonia y los países del Este que respaldaron a Bush. Alemania, Francia, Italia, España, están contra Washington y quieren una relación más equilibrada con Rusia para evitar un peligroso desborde. Obama y las potencias europeas deben también, en un nuevo clima de cooperación, afrontar cuestiones tan peliagudas como la relación con Irán -que sigue desarrollando su programa nuclear- y la crónica crisis al borde del abismo en Medio Oriente, que involucra a Israel y los palestinos pero también a los otros países de la región.

Fuente: Diario Clarin

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