Por Maximiliano Umlandt e Yván Corbalána, de la Cátedra de Elementos de Máquinas y Máquis para Trabajar la Madera, de la carrera Ingeniería en Industrias Forestales de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (FCF-UNSE).
SANTIAGO DEL ESTERO (Octubre 2026).- En muchos talleres de carpintería de Santiago del Estero y de buena parte del país, el oficio de carpintero se sigue transmitiendo de la misma manera en que se transmitió siempre: un operario más experimentado le enseña a uno más nuevo a fuerza de práctica, mirando y repitiendo. Ese saber hacer es de enorme un valor enorme, pero cuando una carpintería crece y empieza a fabricar en cantidad, esa forma de aprender y de organizarse muchas veces no alcanza.
Faltan planos que estandaricen las piezas, faltan indicadores que digan si se está trabajando bien o mal, y falta muchas veces una mirada de conjunto sobre el proceso productivo. Ahí es donde el equipo docente de una cátedra universitaria de Santiago del Estero decidió tener un rol activo.
Una cátedra con un objetivo que va más allá del aula
La cátedra de “elementos de máquinas y máquinas para trabajar la madera”, que forma parte de la carrera de Ingeniería en Industrias Forestales de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, no se limita a dictar contenidos de mecanismos y maquinaria. Desde hace un tiempo, el equipo docente viene impulsando un conjunto de acciones y actividades orientadas a un objetivo más amplio: promover la gestión industrial aplicada a la carpintería industrial, y con ella, la profesionalización de todo un sector productivo.
Ese objetivo se apoya en tres ideas que se repiten en cada actividad que organiza la cátedra. La primera es dar visibilidad a un sector que, pese a su peso en la economía regional, suele pasar desapercibido fuera del círculo de quienes trabajan en él. La segunda es contribuir a la profesionalización de la mano de obra que ya está trabajando en talleres y fábricas, sumando herramientas de gestión a la experiencia práctica que los operarios ya tienen.
Y la tercera es generar recursos humanos formados específicamente para este sector, de manera que la industria de la madera cuente cada vez, con más profesionales y técnicos capacitados para acompañar su crecimiento. Detrás de las tres ideas hay una preocupación común: mejorar el rendimiento y la productividad de los procesos productivos de la carpintería industrial, es decir, lograr que se fabrique más y mejor con los mismos recursos.
Reunir en un mismo espacio a quien estudia, a quien opera y al es dueño del negocio
Una decisión que atraviesa la forma de trabajar de la cátedra es no limitar sus actividades a los estudiantes de una sola carrera. Cuando se organiza una acción vinculada a la gestión industrial de la carpintería, se busca que participen estudiantes de distintas carreras de la universidad (Ingeniería en Industrias Forestales, Ingeniería Forestal, Ingeniería Industrial, Ingeniería Electromecánica, entre otras) junto con operarios que ya trabajan todos los días en talleres y aserraderos, y con empresarios del sector maderero que toman las decisiones sobre qué y cómo se produce.
Esta mezcla no es casual. Cada uno de esos tres grupos aporta algo que a los otros les falta. El estudiante trae una mirada fresca y herramientas conceptuales de gestión que todavía no ha visto puestas en práctica. El operario aporta un conocimiento del oficio que ningún libro puede reemplazar, adquirido con años de trabajo frente a una máquina. Y el empresario aporta la perspectiva de quien necesita que esos conocimientos se traduzcan, finalmente, en decisiones que hagan más viable su negocio.
Cuando estos tres mundos se encuentran en una misma actividad, dejan de ser compartimentos separados (la universidad por un lado, el taller por otro, la empresa por otro) y empiezan a hablar un lenguaje común en torno a la gestión de la producción.
Esa combinación solo es posible porque la cátedra no trabaja sola: se apoya en la articulación con el Instituto de Tecnología de la Madera (ITM) y el Centro Tecnológico de la Madera (CETEMAD), dos espacios que ponen a disposición la infraestructura, la maquinaria y los técnicos con oficio que una universidad, por sí sola, no siempre tiene a mano. Esa alianza entre la universidad y los institutos técnicos es, en buena medida, la que permite que una actividad no se quede en la teoría y termine, en cambio, con estudiantes, operarios y empresarios parados frente a una misma máquina, discutiendo un mismo problema de producción.
Un ejemplo concreto de esta manera de trabajar
Una de las acciones más recientes impulsadas por la cátedra en esta línea fueron las primeras Jornadas Prácticas de Producción Industrial de Carpintería, realizadas en mayo en la carpintería del ITM y del CETEMAD. Más que un fin en sí mismo, esta jornada funcionó como una muestra concreta de cómo la cátedra pone en práctica sus objetivos de visibilidad, profesionalización y eficiencia productiva.
Durante la actividad, los participantes trabajaron sobre dos formas distintas de organizar una producción: la producción por pedido, en la que se fabrica solo cuando llega un pedido específico de un cliente, fue el caso de una silla hecha en madera maciza, con un fuerte componente artesanal en cada pieza; y la producción por lote, en la que se fabrica de antemano una cantidad determinada de piezas iguales antes de pasar a otro producto, el caso elegido fue una mesa de luz fabricada con placas, usando maquinaria de corte y de terminación de bordes propia de una línea más estandarizada.
Antes de tocar una sola máquina, se trabajó sobre la importancia de contar con planos y documentación técnica precisos: la idea de que un error de un milímetro, si no se corrige a tiempo, se multiplica tantas veces como piezas iguales se fabriquen. Después, guiados por los técnicos del ITM, los participantes recorrieron el proceso completo de fabricación de ambos productos, desde el corte de la madera hasta el mueble terminado, pasando por las distintas máquinas involucradas en cada caso.

Figura 1. El equipo docente y técnico explica cómo se traduce un plano técnico en cortes reales sobre la madera. (Foto: los autores)
El cierre de la jornada fue, quizás, el momento donde más claramente se vieron los tres objetivos de la cátedra trabajando juntos. Organizados en grupos, los participantes simularon una línea de producción industrial para fabricar mesas de luz, cronometrando sus propios tiempos y calculando su productividad: en promedio, lograron producir alrededor de una mesa de luz por hora.
Ese número se comparó luego con el que alcanzan los técnicos del ITM en su trabajo diario, de dos mesas y media por hora, y esa diferencia se convirtió en el punto de partida para una discusión colectiva sobre qué aspectos del proceso se podían mejorar.
Entre esos aspectos apareció la idea de que, en cualquier línea de producción, el ritmo general no lo define la etapa más rápida sino la más lenta, en este caso, la máquina que pega los bordes de las piezas (conocida también como pegadora de canto o enchapadora), que trabajaba a menor velocidad que la que las cortaba, y terminaba frenando a toda la línea. Identificar ese punto permitió entender dónde conviene enfocar los esfuerzos de mejora, en lugar de intentar acelerar por igual cada paso del proceso.

Figura 2. Estudiantes, junto a técnicos del ITM, operan la seccionadora horizontal durante el corte de placas. (Foto: los autores)
Un dato que conviene destacar es que nada de lo fabricado quedó en un cajón como pieza de muestra: los materiales fueron aportados por el CETEMAD, y tanto las sillas como las mesas de luz elaboradas pasaron a integrar su inventario, con un uso real dentro de la institución. Se trató, entonces, de un proceso productivo genuino y no de un ejercicio aislado de laboratorio.

Figura 3. Mesas de luz terminadas durante la jornada, hoy parte del inventario del CETEMAD. (Foto: los autores)
¿Por qué este tipo de actividades importa para el sector?
Pensar esta jornada como una muestra de un trabajo más amplio, y no como un hecho aislado, ayuda a entender mejor qué es lo que la cátedra busca lograr con el tiempo. La visibilidad del sector maderero no se construye con un único evento, sino con una presencia sostenida de la universidad en el territorio, mostrando lo que hace la industria de la madera y a quiénes convoca. Abrir estas actividades a las autoridades de la facultad, difundir sus resultados y dar a conocer, como en esta misma nota, qué se hizo y con quiénes, forma parte de esa construcción de visibilidad: un sector que se ve, es un sector que se empieza a tener en cuenta a la hora de pensar políticas de apoyo, líneas de financiamiento o espacios de formación específicos.
La profesionalización de la mano de obra tampoco se logra en una jornada de dos días, pero cada actividad de este tipo suma una experiencia más a operarios que, muchas veces, nunca tuvieron la oportunidad de sistematizar en indicadores lo que hacen de manera intuitiva desde hace años. Y la formación de recursos humanos capacitados para el sector se construye, en buena medida, con estudiantes que egresan habiendo tenido contacto directo con máquinas reales, con productores reales y con problemas de gestión reales, no solo con la teoría vista en un pizarrón.
A esto se suma el objetivo de eficiencia productiva, que atraviesa transversalmente toda la propuesta. Cada actividad organizada por la cátedra busca dejar instaladas, entre quienes participan, algunas herramientas concretas de gestión: la importancia de una buena documentación técnica para evitar errores y desperdicio de material, la utilidad de contar con indicadores que muestren si un proceso está rindiendo lo que debería, y la capacidad de identificar en qué punto de una línea de producción conviene enfocar los esfuerzos de mejora. Son herramientas sencillas de entender, pero que pueden marcar una diferencia real en el rendimiento de un taller o una fábrica de muebles.
Una línea de trabajo que recién empieza
El hecho de que la jornada de mayo haya sido la primera de una serie (así lo indica su propio nombre) deja en claro que se trata de una apuesta de mediano plazo y no de una acción puntual. La cátedra de “elementos de máquinas y máquinas para trabajar la madera” plantea sostener en el tiempo este tipo de espacios, ampliando la participación a más estudiantes de distintas carreras de la universidad, a más operarios de talleres de la región y a más empresarios del sector maderero, con la convicción de que la gestión industrial y la eficiencia productiva no son temas exclusivos de las grandes fábricas, sino herramientas que también pueden transformar a una carpintería mediana o pequeña.
Detrás de esta apuesta hay una idea sencilla, pero con potencial de generar un impacto real en el sector: si la universidad, los operarios con oficio y los empresarios que toman las decisiones logran encontrarse en un mismo espacio de trabajo, cada uno sale de ahí con algo que antes no tenía. Y esa combinación, sostenida en el tiempo a través de nuevas actividades, es exactamente lo que la cátedra se propone seguir construyendo desde Santiago del Estero para toda la industria de la madera.

Figura 4. Estudiantes, docentes y técnicos que participaron de la 1ª Jornada Práctica: Producción Industrial de Carpintería. (Foto: los autores)
ESTE ARTÍCULO FORMA PARTE DEL ESPACIO MENSUAL DE LA REDFOR.AR, EN ARGENTINAFORESTAL.COM, QUE BUSCA DIVULGAR Y GENERAR DEBATE SOBRE LA PROBLEMÁTICA FORESTAL DEL PAÍS. LAS OPINIONES PERTENECEN A LOS AUTORES.



