Desde el Consejo Foresto Industrial Argentino (CONFIAR) destacan el potencial de esta fuente energética producida a partir de subproductos de la foresto-industria para abastecer procesos de sectores como el lácteo, avícola, porcino, cárnico y distintas actividades agroindustriales. Con alrededor de 10 plantas productoras de pellets identificadas en el país, el desafío es conectar oferta, tecnología y demanda para que la alternativa gane escala.
Fuente: CONFIAR
BUENOS AIRES (29/9/2026).- Cuando se habla de pellets de madera, una de las primeras asociaciones suele ser el uso de la calefacción residencial. En distintos países europeos su utilización en viviendas y edificios está ampliamente extendida. Pero el mercado potencial es mucho más amplio.
De un lado, aserraderos que todos los días generan aserrín, virutas y otros subproductos durante la transformación de la madera. Del otro, hay industrias que necesitan producir vapor, agua o aire caliente para sostener buena parte de sus procesos productivos. En el medio aparece este pequeño cilindro de madera capaz de conectar ambos mundos: el pellets.
Se trata un subproducto de la madera que se genera a partir de biomasa forestal (o de otro residuo generado en la actividad agrícola) que, compactada, pueden utilizarse como fuente de energía térmica en equipos especialmente diseñados para su combustión.
Para CONFIAR, su desarrollo abre una oportunidad que excede al propio sector forestal: transformar materiales derivados de una actividad rural e industrial en energía capaz de abastecer procesos de otras cadenas productivas. «La alternativa cobra relevancia en un escenario en el que las empresas buscan diversificar sus fuentes de energía, reducir la dependencia de combustibles fósiles, mejorar la previsibilidad del abastecimiento y avanzar en sus procesos de transición energética.», indican en un reciente reporte de prensa difundido.
Hay un dato que permite dimensionar su capacidad energética: un kilo de pellets de madera equivale a aproximadamente 0,81 litros de gas licuado de petróleo (GLP).
Además, el material puede almacenarse durante períodos prolongados y utilizarse en sistemas automatizados de alimentación y combustión.
Durante la transformación industrial de esa madera se generan subproductos que pueden ser aprovechados para producir energía y sumar valor al recurso forestal. En 2025 se habían identificado en Argentina alrededor de 10 plantas productoras de pellets de madera.
Entre las empresas con producción integrada aparecen compañías de Misiones y Corrientes: Lipsia SA (Wanda), Establecimiento Laharrague Chodorge (Montecarlo) en Misiones, y Enrique R. Zeni (Esquina), EUCA-O y Acon Timber (Virasoro), la mayor productora de pellets del país. Otras PyMEs a considerar serían Champions SA (Puerto Esperanza) y GP Energy (Colonia Victoria) en Misiones, o Brago Energía en la Patagoniar argentina.
El directorio sectorial muestra, además, que algunas de estas empresas cuentan con certificaciones de gestión sostenible forestales y específicas para pellets.
La oportunidad consiste ahora en lograr una mayor conexión entre quienes disponen de esta fuente energética y quienes necesitan energía térmica por razones de disponibilidad, costos, diversificación de su matriz o estrategias de transición energética.

Energía limpia para producción industrial
Con la tecnología adecuada, los pellets pueden utilizarse para generar vapor, agua caliente y aire caliente, tres recursos necesarios en numerosos procesos industriales.
El material aportado por el sector identifica entre sus potenciales usuarios a las industrias láctea, avícola, porcina y cárnica, entre muchas otras.
También pueden encontrarse aplicaciones en el secado de granos, té, yerba y otros productos agrícolas; procesos frigoríficos; calefacción de instalaciones productivas; sistemas de agua caliente y climatización, entre otros usos.
“Esto permite mirar el desarrollo de los pellets de madera desde otra perspectiva: no solamente como un nuevo producto de la foresto-industria, sino como un insumo energético para otras actividades económicas. Lo que comienza como aserrín o viruta en un aserradero puede terminar generando el calor necesario para procesar alimentos, secar productos agrícolas, calefaccionar instalaciones o abastecer procesos industriales”, explican desde CONFIAR.

De la leña a los sistemas automatizados
La biomasa forestal no es nueva como fuente de energía. Lo que cambió en los últimos años es la tecnología disponible para utilizarla. Actualmente existen sistemas de combustión mediante estufas, quemadores, calderas y centrales térmicas capaces de operar con pellets.
Entre sus prestaciones aparecen la automatización de procesos, el monitoreo remoto y el control de variables de funcionamiento.
Esto también permite diferenciar al pellet de otras formas tradicionales de biomasa, como la leña o el chip. Su homogeneidad y formato facilitan el almacenamiento, transporte y alimentación automatizada de los equipos, permitiendo incorporarlo a sistemas tecnológicamente más sofisticados.
En instalaciones modernas, la combustión de biomasa puede integrar sistemas automatizados, monitoreo remoto y control de procesos, aportando previsibilidad a la operación.
El desafío, entonces, no pasa solamente por disponer del combustible. Requiere conectar producción de pellets, tecnología de combustión y necesidades energéticas concretas de cada industria.
La Argentina tiene una ventaja particular para desarrollar esta cadena: posee una base foresto-industrial capaz de generar la materia prima necesaria. El país cuenta con alrededor de 1,3 millones de hectáreas de plantaciones forestales, de las cuales aproximadamente el 75% se concentra en la Mesopotamia.
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Un mercado mundial que marca récords
Mientras Argentina busca desarrollar esa conexión, el mercado internacional muestra la escala que puede alcanzar esta industria. La producción mundial de pellets de madera llegó en 2025 a un récord de 53,5 millones de toneladas, un 10% más que el año anterior, mientras que el consumo alcanzó los 51,5 millones de toneladas.
Europa constituye uno de los ejemplos más desarrollados: un año antes, en 2024, la Unión Europea había producido alrededor de 19,5 millones de toneladas y consumido cerca de 22 millones. El mercado incluye tanto calefacción residencial como aplicaciones industriales.
Para Argentina, esa experiencia muestra dos caminos que pueden avanzar en paralelo: desarrollar una demanda interna capaz de aprovechar la disponibilidad local de biomasa y construir escala, calidad y estándares para acceder a las oportunidad es del mercado internacional, señalan desde CONFIAR
La discusión energética ya no se limita a disponer o no de una determinada fuente. Cada industria evalúa costos, disponibilidad, tecnología, logística, previsibilidad, requerimientos ambientales y características específicas de sus procesos antes de elegir cómo generar la energía que necesita. Allí aparece el próximo desafío para los pellets de madera argentinos: competir por esa elección.
Frente a los combustibles fósiles, ofrecen una alternativa energética de origen renovable que puede integrarse a estrategias de transición energética, siendo en muchos casos, competitiva con respecto al GLP.
Y por otro lado, frente a otras formas de biomasa, como la leña o el chip, suman posibilidades de almacenamiento, automatización y utilización en equipos de mayor sofisticación tecnológica .
“En un mundo que produjo más de 53 millones de toneladas de pellets de madera en un solo año, Argentina tiene la posibilidad de mirar aquello que sale de sus aserraderos no solamente como un subproducto, sino como materia prima para una nueva cadena de valor, energía, competitividad y desarrollo regional”, concluyen desde CONFIAR .
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