La publicación sobre la crisis de la madera en Santa Rosa, Corrientes, desató un inesperado enfrentamiento público en las redes sociales de ArgentinaForestal.com entre industriales del Parque Foresto-Industrial Santa Rosa: los propios madereros acusan que la mayoría de los aserraderos operan en negro, explotan a los trabajadores, evaden cargas sociales e incluso se vinculan con organizaciones delictivas. Las distintas voces revelan una crisis estructural del sector y profundas fallas de gestión empresarial desde mandos medios hasta la alta gerencia.
Por Patricia Escobar
@argentinaforest
CORRIENTES (19/11/2025).- La entrevista publicada este miércoles por ArgentinaForestal.com con el empresario correntino Juan Ramón Sotelo, un referente local, presidente del Parque Foresto-Industrial Santa Rosa, miembro de APEFIC y propietario de Todo Pallets SRL, actuó como chispa para detonar un conflicto que se arrastra hace años en silencio dentro de la foresto–industria correntina.
Lo que empezó como un análisis sobre cómo enfrentan la caída del mercado interno y la presión de costos sobre las PyMEs se transformó en un cruce de acusaciones entre los propios madereros, quienes exponen prácticas irregulares y un entramado empresarial que va mucho más allá de la coyuntura económica o las asimetrías por la política fiscal entre Misiones y Corrientes: la cultura de trabajar en la informalidad.
A partir de la publicación, industriales y referentes de la zona se lanzaron públicamente a exponer las realidades que conocen del sector: evasión, trabajo informal, explotación laboral, compra de madera ilegal, maniobras con guías truchas y hasta mencionaron vínculos con organizaciones delictivas en la zona de Santa Rosa, un polo que el Gobierno provincial suele mostrar como “ejemplo” de radicación industrial bajo el esquema de “impuestos cero”.

La respuesta a Sotelo: “Los problemas que tienen las industrias no son exclusiva culpa de la economía”
Según uno de los referentes consultados -cuyo testimonio coincide con el de varios industriales en privado-, los inconvenientes económicos de Sotelo “no tienen nada que ver con la crisis actual”, sino con fallas internas de gestión, que es cultural en la actividad maderera.
“Los aserraderos de Sotelo los conozco. Los problemas que él tiene también los conozco, y son más cuestiones internas de su administración”, señaló en contacto con este medio.
Sotelo explicó que, al igual que en Misiones, la mayoría de los aserraderos de Santa Rosa están trabajando a un 60% de su capacidad, pero estas dificultades también se presentarían por las lluvias que enfrentó la zona en los últimos meses y la logística, más allá de las cuestiones de costos y mercado interno.
El problema de fondo es mucho más complejo: la informalidad laboral sería la regla entre los madereros de Santa Rosa, no la excepción.

Trabajo en negro y evasión sindical: la práctica generalizada
Las denuncias señalan que los aportes a la seguridad social prácticamente no se pagan en la zona. Según cálculos aportados por empresarios del sector:
- · Un empleador formal debería pagar 300.000 pesos mensuales en cargas sociales por cada operario.
- · En cambio, muchos aserraderos optan por alternativas informales y pagan solo 30.000 pesos por trabajador mediante seguros o mecanismos fuera del marco legal
- · A esto se suma que la hora de un oficial maderero, fijada en 4.300 pesos, se pagaría en realidad entre 2.500 y 3.000, según testimonios. Y también suele suceder que los aserraderos declaran menos horas de las trabajadas, para aportar menos en blanco.
El relato de varias voces coincide con una de las críticas más reiteradas de los propios industriales: la competencia desleal de quienes operan sin normas básicas destruye a los industriales que cumplen.
El empresario Hermann Rodolfo Karsten, uno de los más duros en sus opiniones, describió a través de Facebook de ArgentinaForestal.com el funcionamiento del polo industrial con extrema dureza:
“Casi todos los aserraderos de Santa Rosa no son industrias: no pagan impuestos, pero tampoco pagan aportes, compran madera e insumos en negro, venden en negro, trasladan madera con guías truchas, compran madera robada y, de vez en cuando, hacen de mulas del gran mercado narco con base en Santa Rosa.”
Sus afirmaciones, que generaron fuerte tensión en el sector, apuntan a una estructura informal consolidada durante años, con responsabilidad compartida entre empresarios, transportistas y complicidad de actores estatales que no fiscalizan.
Karsten también señaló que muchos dueños de aserraderos “no tienen formación empresaria, no administran, no invierten y trabajan con cheques de terceros a valores viles”, lo que vuelve inviable cualquier mejora en productividad.
Agregó que, en lo personal, como empresario maderero “vengo bancando la crisis de valor (bajo) y volumen (caída de ventas), poniendo la madera a valore CERO. Pagando todos los impuestos, teniendo todo el personal en blanco. Por mí que se ardan todos, que desaparezcan, de ese modo voy a tener menos competencia desleal y vamos a mejorar los precios”, indicó.
Continuando con el debate en redes sociales, ante las reacciones y llamados recibidos, el empresario convocó a un debate público sobre el tema en Santa Rosa: “Algunos están muy enojados por lo que digo; mi buen amigo Juan Ramón Sotelo incluso me pidió mesura. A quienes están molestos les digo: pongan nombre y apellido. Los invito a todos a una audiencia pública en la Plaza de Santa Rosa, con todos los empleadores y empleados presentes, para discutir cara a cara. Me critican desde el anonimato, y no dan la cara. Que se hagan visibles”, expresó, con clara intención de poner sobre la mesa un debate necesario en la industria maderera.

La crisis «es estructural»
De esta forma, queda expuesto nuevamente lo que especialistas y consultores foresto-industriales han marcado en varias entrevistas sobre la falta de gestión, inversiones ausentes en tecnologías y el camino irreversible hacia la automatización del aserradero para lograr eficiencia, escala y hacer frente a la necesaria competitividad del negocio. Otro aspecto marcado es formación que nunca llegó a mandos medios y altos directivos de PyMEs, frente a los cambios actuales que se requiere en este mercado.
Otros industriales consultados coinciden en que lo que ocurre en Corrientes no es un fenómeno aislado, se repite entre las Micro y PyMEs en toda la Mesopotamia:
- Falta de capacitación de los propietarios y gerencias.
- Escasa inversión en tecnología y procesos.
- Dependencia de madera que proviene de zonas cada vez más afectadas por el clima (forestaciones en zonas inundables).
- Un esquema logístico que encarece costos y complica la operatoria.
“La falta de preparación de altos mandos es generalizada en la Mesopotamia. Las empresas que cumplen con todo son las más exitosas. Entonces, ¿por qué evadir? Se supone que evadiendo ganás más, pero la realidad muestra lo contrario”, señaló un productor forestal, que tiene como principal preocupación los bajos precios por la materia prima que se paga en el mercado.
La disputa se vuelve personal
Tras las reacciones, públicas y privadas, a los comentarios del empresario correntino Karsten reveló que algunos colegas se sintieron “muy enojados” por sus reflexiones y que incluso (Juan Ramón) Sotelo le pidió mesura ante el clima de tensión creciente.
Pero lejos de retroceder, el empresario desafió públicamente: “Invito a todos los empleadores y empleados a una audiencia pública en la plaza de Santa Rosa, a cara descubierta. Que digan quiénes están enojados y debatamos con nombre y apellido.”
El mensaje público dejó al descubierto una grieta que ya no se oculta y las diferentes voces sobre el mismo conflicto: los empresarios que operan formalmente están cansados de financiar la competencia desleal de quienes trabajan al margen de la ley y se aprovechan de beneficios como la exención de impuestos cuando no cumplen ni siquiera con sus operarios.
Lo que emergió tras la entrevista no es una polémica aislada, sino el síntoma de un modelo productivo en el sector de la madera que quedó atrapado entre prácticas informales, falta de inversión en el segmento de primera y segunda transformación, y una competencia feroz basada en la evasión. Y con la crisis económica y de mercado, es una situación “terminal” para cientos de aserraderos.
Paradójicamente, el conflicto estalló en un momento en que el Gobierno provincial promociona a Corrientes como un territorio “amigable para las inversiones”, con exenciones impositivas y beneficios para la industria forestal.
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