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Protagonismo mundial de forestales chilenas

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En junio de 2006 comienza a operar en Ránquil, Octava Región, la planta de celulosa Nueva Aldea (ex Itata) que, sumada a la fábrica de Valdivia en San José de la Mariquina (Décima Región), pondrá a Celulosa Arauco y Constitución (ARAUCO) a la cabeza de los productores mundiales de celulosa.

Fuente: Lignum

CHILE (1/6/2006).- En este año, la principal forestal de Chile alcanzará a la norteamericana Weyerhauser y será junto a ésta la mayor productora mundial, con 2,6 millones de toneladas al año. Pero a diferencia de la estadounidense, que no prevé subir su capacidad en el corto plazo, la empresa del Grupo Angelini irá sumando cada mes producción hasta que en el 2007 supere los tres millones de toneladas. Desde esa posición mirará de lejos a sus competidoras globales. Programada para fabricar 850 mil toneladas de pulpa, la planta Valdivia hoy elabora 440 mil mientras construye un ducto al mar, que estaría listo hacia el 2008 o 2009. Pero su gemela Nueva Aldea sí producirá 856 mil toneladas, aunque partirá fabricando menos este año. La forestal de Angelini no está sola en esta posición. CMPC, del clan Matte, se ubicará en quinto lugar de mayores productores de celulosa con la puesta en marcha en septiembre de la segunda unidad de Santa Fe en Nacimiento (Octava Región), que costó US$ 745 millones. Masisa, que pertenece al Grupo Nueva, lidera el mercado del hemisferio sur y América Latina en los tableros, con una producción de 2,3 millones de metros cúbicos. Y el próximo año, con mejoras productivas de sus 12 plantas y la nueva fábrica de Cabrero, producirá 500 mil metros cúbicos más, situándose entre los seis mayores productores del mundo. El salto ha sido tan sorpresivo como rápido. Hace ocho años tanto CMPC como ARAUCO recién entraban al top 10 del mundo, donde lideraban firmas como la brasileña Aracruz o Weyerhauser. Conscientes de la necesidad de crecer y aprovechando que las gigantes aminoraron su ritmo de expansión, las chilenas pusieron en práctica un agresivo plan de largo plazo que les asegura que su recién ganado liderazgo se mantendrá al menos por unos años. Los polémicos proyectos de celulosa en Uruguay, por ejemplo, podrían empinar a Metsa Botnia del 9º al 7º lugar del ranking, pero sin desplazar a CMPC. Para ARAUCO, el salto grande fue la compra de la planta de celulosa Alto Paraná en Argentina, en 1996. Pagaron US$ 290 millones, un precio caro para la competencia, pero que los llevó a superar la barrera del millón de toneladas anuales de pulpa y poner un pie en el extranjero. En CMPC el proceso de internacionalización tomó un claro impulso a fines de los años 80 y comienzos de los 90, cuando se construyó la planta Pacífico en la Novena Región. En 1991 se adquirió Química Estrella San Luis en Argentina, así como fábricas de papel en ese país y Uruguay. En Masisa, fue la fusión con Terranova la que hizo crecer a la empresa y adquirir un mayor liderazgo en la región latinoamericana. Para eso seguirán invirtiendo. CMPC tiene consideradas para este año inversiones en activos fijos por unos US$ 500 millones y algo menos de la mitad de esa cifra para el 2007. Masisa analiza dos plantas, una en Brasil y otra en Chile, por US$ 140 millones. Y ARAUCO evalúa compras en Brasil. Algunas empresas se quejan de América Latina, pero las forestales saben que operar en la región es una ventaja. Aquí los árboles de pino radiata tardan de 18 a 20 años en crecer, en Escandinavia, 60 años, y en Canadá, 80. En la región hay espacio para plantar, lo que les permite a las forestales chilenas integrarse verticalmente e ir desde el bosque hasta el hogar o la empresa. Arauco ha explicado su estrategia así: por más de una década gestó una gigantesca masa forestal. Cumplida esa etapa, pasó a construir complejos industriales para explotar ese patrimonio. La región es también un mercado inmaduro, con nichos aún en desarrollo como los muebles, los pañales, las toallas higiénicas o los materiales para la construcción, destacan ejecutivos del sector. Por su crecimiento y potencial, Arauco ya definió que «somos una empresa del Cono Sur de América», dice su gerente comercial, Charles Kimber. Miran Brasil, donde ya entraron el 2005 comprando activos de la francesa Louis Dreyfus. En los próximos años quieren ampliar su presencia ahí y por eso observan los activos que International Paper vende en ese país. CMPC y Masisa también sacan sus cuentas. Para estas empresas la región es importante, pero en grados distintos. CMPC acaba de ingresar a México con una pequeña operación de productos tissue que promete algún nivel de desarrollo. Brasil, si bien es un mercado al cual exporta muchos productos, no está contemplado para abrir operaciones industriales por ahora. CMPC va por el lado de exportar, y sabe que en maderas los mercados en expansión están en Norteamérica y Asia, mientras que en celulosa la apuesta es China y las economías desarrolladas. Para cartulinas, gran parte del crecimiento estará en Europa. Masisa optó por Latinoamérica en los tableros, pero en madera sólida piensa en Europa, EE.UU. e incluso Asia, donde además de vender quieren establecer plantas. ARAUCO y CMPC saben que en Chile hay espacio sólo para una fábrica de celulosa más, dado que ya existen nueve instalaciones de este tipo. Debido al ritmo de crecimiento de los bosques, se prevé que en los próximos 10 años sea urgente definir dónde y cuándo construirla. CMPC tiene cuatro fábricas de pulpa: Pacífico (Novena Región), Laja y Santa Fe I y II (Octava Región). La forestal de Angelini tiene cinco, en Constitución (Séptima Región), Arauco, Licantén, Itata (Octava Región) y Valdivia (Décima Región). Este grupo ve que hacia el 2015 se contará con la «fibra» (madera) suficiente para tener un complejo industrial, cuyo emplazamiento dependerá de las condiciones de inversión y de la normativa sobre medio ambiente, han dicho fuentes de la empresa. Una fábrica de celulosa cuesta de US$ 800 millones a US$ 1.300 millones, dependiendo de su diseño. Fuente: La Tercera.

Fuente: Lignum

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