La transición energética ocupó un lugar destacado este martes en Nueva York, en el inicio de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Mientras los líderes mundiales se reúnen para el debate general de la UNGA, la presidencia de la COP31 y la Agencia Internacional de Energía (IEA) impulsaron un diálogo de alto nivel sobre electrificación, uno de los ejes que Türkiye y Australia buscan llevar a la conferencia climática de Antalya.
Fuente: Periodistas x El Planeta
ESTADOS UNIDOS (22/9/2026).- Un nuevo informe de la IEA sostiene que aumentar hasta el 35% la participación de la electricidad en el consumo final de energía para 2035 está al alcance con las tecnologías existentes. Una electrificación más rápida podría reducir en más de USD 400.000 millones anuales las facturas de importación de energía de los países que dependen de combustibles del exterior y reducir en torno a 15% las facturas energéticas de los hogares.
Para América Latina, el debate llega con una tensión particular: la región cuenta con una de las matrices eléctricas menos intensivas en carbono del mundo, pero todavía mantiene una fuerte dependencia de los combustibles fósiles en sectores como el transporte y la industria, mientras varios países continúan expandiendo su producción de petróleo y gas. Las intervenciones de Brasil y los nuevos datos sobre el avance de las energías renovables muestran algunos de los dilemas que estarán sobre la mesa camino a COP31.
“Debemos preguntarnos qué genera esa electricidad, quién tiene acceso a ella, quién es dueño de la infraestructura y si está ayudando a las comunidades a dejar atrás los combustibles fósiles. Los países en desarrollo deben contar con los recursos y la capacidad para ser dueños de sus sistemas eléctricos, administrarlos y darles forma en beneficio del interés público”, sostuvo Janet Milongo, directora de transición energética en CAN International.
“La electrificación es clave para abordar la causa fundamental de la crisis climática y energética, pero solo si esos electrones provienen de fuentes renovables, no de combustibles fósiles. Es un medio, no un fin. Cualquier meta debe estar respaldada por medidas de protección concretas: debe cerrar la brecha de acceso a la energía, contar con financiamiento público y respetar los derechos de las comunidades, sin repetir los daños causados por la extracción.”, agregó por su parte Stella Herschmann, directora de política internacional en Observatorio do Clima.

La electrificación y la COP31
El objetivo de alcanzar un 35% de electrificación para 2035 fue anunciado por la presidencia turca de la COP31 en junio, como uno de los ejes de su agenda de acción. La meta busca aumentar la participación de la electricidad en el consumo final de energía desde poco más del 20% actual y acelerar el reemplazo del uso directo de combustibles fósiles en sectores como edificios, transporte e industria.
El nuevo análisis de la IEA muestra que el objetivo es técnicamente posible, pero también deja claro que requiere una transformación importante de los sistemas eléctricos. En su escenario de alta electrificación, las redes tendrían que expandirse y modernizarse un 40% más rápido hasta 2035 que durante la década anterior. La agencia también señala que más de 2.500 GW de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores permanecen actualmente a la espera de conexión a las redes en todo el mundo.
La cuestión no es solamente generar más electricidad, sino decidir cómo se genera y cómo llega a los consumidores. Climate Action Network International advirtió este martes que el objetivo de 35% para 2035 no debería medirse únicamente por la cantidad de electrificación, sino también por las fuentes utilizadas para producir esa electricidad y por quiénes tienen acceso y control sobre los sistemas energéticos.
La discusión coincide con nuevos datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). En 2025 se añadieron 692 GW de capacidad renovable en el mundo, un récord que llevó la capacidad total instalada a 5.149 GW. Sin embargo, IRENA advierte que el ritmo debe acelerarse sustancialmente para cumplir el objetivo mundial de triplicar la capacidad renovable para 2030.
América del Sur ya cuenta con una base importante de generación renovable. Según los datos de IRENA, la región tenía alrededor de 334 GW de capacidad renovable instalada al cierre de 2025, con Brasil representando la mayor parte. Pero la expansión de la generación deberá estar acompañada por redes, almacenamiento y nuevas inversiones para que esa electricidad pueda sustituir combustibles fósiles en otros sectores.
Brasil y las contradicciones de la transición
Las intervenciones latinoamericanas en Nueva York también mostraron los dilemas que enfrenta la región. En su discurso ante la Asamblea General, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva reafirmó el compromiso de Brasil con la transición energética y señaló que el país presentará una hoja de ruta para la transición fuera de los combustibles fósiles, una promesa vinculada a la agenda de la COP30 celebrada el año pasado en Belém.
Pero Lula también defendió la continuidad de la investigación y exploración de nuevas reservas de petróleo, incluida la denominada margen ecuatorial, frente a la costa norte de Brasil. El gobierno brasileño sostiene que es posible combinar el desarrollo económico y la explotación de recursos naturales con políticas ambientales y una transición energética.
El contraste refleja una tensión que va más allá de Brasil. América Latina busca aprovechar su potencial en energías renovables, minerales críticos y nuevas tecnologías limpias, pero al mismo tiempo varios países continúan dependiendo de los ingresos y las inversiones asociados al petróleo y el gas.
La discusión sobre electrificación plantea así una pregunta que será cada vez más importante camino a Antalya: no solamente cuánto aumentará el uso de electricidad, sino qué fuentes reemplazarán a los combustibles fósiles, quién financiará la infraestructura necesaria y quién se beneficiará de esa transformación.
“En lugar de caer en la idea de que los combustibles fósiles pueden garantizarnos la independencia, Brasil debe enviar un mensaje claro a los líderes mundiales: la verdadera seguridad se basa en un futuro impulsado por las energías renovables, no en una dependencia interminable de los combustibles fósiles, que son volátiles y calientan el planeta. De cara a la COP31, esperamos con interés que Brasil publique su propia hoja de ruta para la transición fuera de los combustibles fósiles”, señaló por su parte, João Cerqueira, director para Brasil de 350.org.



