Un relevamiento de Junior Achievement Argentina entre más de 6.500 estudiantes del último año del secundario identificó a Abogacía, Medicina y Administración de Empresas entre las opciones más elegidas. En contraste, las áreas vinculadas con inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad reunieron apenas el 3,6% de las preferencias, mientras que un informe de Randstad destaca oportunidades laborales en tecnología, salud, ingeniería y otras actividades productivas.
Fuente: Portico8
BUENOS AIRES (18/10/2026).- Elegir una carrera universitaria supone mucho más que definir una vocación: también implica evaluar las oportunidades de empleo, las perspectivas de desarrollo profesional y los recursos económicos necesarios para sostener varios años de formación. En Argentina, un relevamiento de Junior Achievement Argentina entre más de 6.500 estudiantes del último año del secundario muestra que las profesiones tradicionales mantienen un lugar destacado entre las preferencias juveniles, mientras que distintas áreas vinculadas con la transformación tecnológica tienen una participación reducida. El contraste abre interrogantes sobre cómo se relacionan las aspiraciones de los jóvenes con las necesidades del mercado laboral.
El estudio de Junior Achievement Argentina, realizado entre estudiantes que participaron del programa Socios, identificó a Abogacía, Medicina y Administración de Empresas entre las carreras más elegidas por los adolescentes que están próximos a finalizar la escuela secundaria.
La preferencia por estas disciplinas convive con la expansión de actividades vinculadas con la digitalización y la incorporación de nuevas tecnologías en los procesos productivos y de servicios. Sin embargo, las carreras relacionadas específicamente con inteligencia artificial, ciencia de datos y ciberseguridad concentraron apenas el 3,6% de las elecciones registradas.
El porcentaje corresponde a esas especialidades y no necesariamente representa al conjunto de las carreras tecnológicas. Aun así, expone una diferencia entre la creciente relevancia de estas áreas en el mundo productivo y el lugar que ocupan entre las preferencias de los estudiantes encuestados.
Desde Junior Achievement señalan que las decisiones vocacionales suelen estar condicionadas, entre otros factores, por el conocimiento que los adolescentes tienen de cada profesión y por las posibilidades que reconocen en su entorno. Las tareas de un médico o un abogado suelen resultar más familiares que las de un especialista en ciberseguridad, lo que puede influir en el universo de opciones que consideran.
La dimensión de estas decisiones se refleja también en el sistema universitario argentino. Según el adelanto del Anuario de Estadísticas Universitarias 2024 de la Secretaría de Educación de la Nación citado en el informe, el país registró 2.608.231 estudiantes de pregrado y grado, frente a 2.567.251 en 2023. Aproximadamente el 79% de los estudiantes cursaba en instituciones estatales y el 21% en privadas.
Pero acceder a la universidad no depende únicamente de elegir una carrera y obtener una vacante. Incluso en las instituciones públicas, los estudiantes deben afrontar gastos de transporte, alimentación, materiales y conectividad. Para quienes se trasladan a otra ciudad, el alquiler y la manutención pueden convertirse en factores decisivos para iniciar o sostener la formación.
Las áreas con mayor perspectivas de empleo abarcan tecnología, salud e industria
Mientras las preferencias juveniles muestran una fuerte presencia de carreras tradicionales, las perspectivas de inserción laboral señaladas por las consultoras incluyen disciplinas vinculadas con la tecnología, la salud y distintas actividades productivas.
Según una selección de 12 carreras y áreas con perspectivas favorables de empleo elaborada por Randstad Argentina, entre las opciones destacadas figuran Ingeniería, Programación, Enfermería, Ciencia y Análisis de Datos, Logística, Economía y Finanzas, Biotecnología y Ciencias Ambientales.
El listado también incluye Marketing Digital, Ciencias de la Computación, Negocios Digitales y Energías Renovables. Son áreas relacionadas con necesidades empresariales, avances tecnológicos y cambios en los procesos de producción y prestación de servicios.
La demanda de perfiles especializados no se limita, sin embargo, a las actividades estrictamente digitales. La logística, por ejemplo, incorpora herramientas de seguimiento y análisis de información, mientras que las áreas financieras requieren conocimientos para trabajar con sistemas tecnológicos y procesos automatizados. En salud, energía y biotecnología, las oportunidades también se vinculan con la combinación de conocimientos técnicos, capacidad de gestión y actualización permanente.
La diferencia entre las carreras que los jóvenes manifiestan querer estudiar y las áreas que las consultoras identifican con perspectivas de empleo plantea un desafío para la orientación vocacional y educativa: acercar a los estudiantes información sobre las distintas profesiones, sus campos de aplicación y las transformaciones que atraviesan los sectores económicos.
A esta decisión se suma el costo de estudiar. Los aranceles de las instituciones privadas, el equipamiento, los materiales y los gastos cotidianos pueden condicionar las alternativas disponibles para cada familia. El informe también señala dificultades financieras entre parte de la población joven: un estudio del Centro de Investigación y Acción Social citado por Chequeado registró que el 57% de los jóvenes relevados en el Área Metropolitana de Buenos Aires manifestó que en sus hogares habían tenido que pedir dinero prestado o recurrir al crédito para cubrir gastos cotidianos.
En este escenario, la elección de una carrera reúne vocación, posibilidades económicas y expectativas laborales. Conocer las perspectivas de cada área puede ayudar a tomar decisiones más informadas, aunque las proyecciones de empleo no garantizan una salida laboral determinada ni reemplazan la importancia de los intereses y capacidades individuales.
El desafío para los jóvenes y sus familias es encontrar un equilibrio entre aquello que desean estudiar, los recursos necesarios para completar la formación y las oportunidades que ofrece un mercado laboral en transformación.

Cuánto cuesta estudiar y cómo impacta el endeudamiento en los jóvenes
Según el informe de Portico8, las diferencias económicas entre las propuestas académicas pueden ser significativas. En las universidades privadas, los aranceles varían según la institución, la carrera, la cantidad de materias y la modalidad de cursada. A esos pagos pueden agregarse matrículas, materiales específicos y equipamiento tecnológico, por lo que el presupuesto necesario para estudiar no siempre se limita al valor de una cuota mensual.
Los precios publicados por la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), vigentes desde septiembre de 2026, permiten dimensionar algunos de esos desembolsos. La Licenciatura en Administración de Empresas tiene un arancel mensual de referencia de $487.523 por un paquete de cinco materias por cuatrimestre. Bajo esa modalidad, Ingeniería Industrial parte de $541.874 y Abogacía, de $582.256. Los importes pueden variar según el turno y las condiciones de cursada, por lo que no representan un promedio del sistema universitario privado.
En las instituciones estatales, la ausencia de aranceles no elimina otros compromisos. La compra de una computadora, los libros, el transporte diario o los materiales necesarios para determinadas disciplinas pueden representar desembolsos importantes. Además, algunos gastos se concentran al inicio del ciclo lectivo y otros deben afrontarse de manera permanente, una diferencia relevante para organizar las finanzas familiares y evaluar posibles alternativas de financiamiento que permitan afrontar necesidades puntuales.
“Uno de los principales desafíos para las familias es organizar los recursos necesarios para acompañar una formación que puede extenderse durante varios años. Por eso, es importante anticipar los gastos, establecer prioridades y evaluar la capacidad económica del hogar para evitar que las obligaciones asumidas terminen afectando su estabilidad financiera”, explica Álvaro Pajon Scocco, CEO y fundador de Red Unisol e integrante del Cluster Fintech Córdoba.
En esa línea, un estudio del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS), citado por Chequeado, encontró que el 57% de los jóvenes relevados en el Área Metropolitana de Buenos Aires señaló que en sus hogares habían tenido que pedir dinero prestado o recurrir al crédito para cubrir gastos cotidianos. La investigación reunió 946 casos y registró que seis de cada diez participantes reportaron reducciones del consumo familiar.
El endeudamiento constituye, a su vez, otro indicador de las dificultades financieras. Según un informe de la consultora Analytica, la irregularidad en los pagos de préstamos entre personas de 18 a 30 años se acercó al 40%, el nivel más elevado entre los grupos etarios
analizados. El dato corresponde a jóvenes con obligaciones financieras y no significa que cuatro de cada diez universitarios hayan solicitado créditos para estudiar. Sin embargo, permite observar los riesgos que pueden surgir cuando los compromisos de devolución
superan los recursos disponibles.
Las consecuencias sobre la continuidad educativa también aparecen en experiencias particulares. Associated Press documentó el caso de un estudiante de Derecho de la Universidad de Buenos Aires que no podía afrontar el transporte y los libros necesarios para continuar su formación, pese a cursar en una institución gratuita. Frente a estas circunstancias, las becas, los programas de asistencia y las facilidades de pago pueden contribuir a aliviar determinadas obligaciones.
Los préstamos personales, por su parte, constituyen una alternativa para necesidades específicas, como adquirir equipamiento o afrontar gastos iniciales de una mudanza. Su conveniencia depende del monto solicitado, los ingresos disponibles y las condiciones de
devolución, especialmente cuando las familias ya mantienen otros compromisos financieros.
“Antes de solicitar un préstamo personal, hay que conocer la tasa de interés, el costo financiero total y el monto que deberá pagarse mensualmente. La decisión debe partir de una evaluación realista de los ingresos y de la capacidad de devolución, sin perder de vista
las demás obligaciones del hogar”, agrega Scocco.





