Últimas noticias

Opinión

Contabilidad social y ambiental: un enfoque para que las empresas se vuelvan “más humanas”

La contabilidad social y ambiental, un enfoque que invita a reflexionar sobre el rol de las empresas en la sociedad y su responsabilidad con el entorno. El artículo, que se enmarca en «Miércoles de Ciencia e Investigación en la UCA», plantea la importancia de ir más allá de los resultados económicos, incorporando también el impacto social y ambiental de las decisiones empresariales, para avanzar hacia organizaciones más humanas, responsables y comprometidas con el desarrollo sostenible.

 

 

BUENOS AIRES (14/10/2026).- La docente e investigadora de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Católica Argentina (UCA), María Marta Panario Centeno, analiza cómo las entidades producen impactos en sus entornos: si un aspecto define a la contabilidad es la rendición de cuentas. “Las empresas suelen rendir cuentas al capital, al inversor, al que pone la plata. Se le comunica la solvencia, la liquidez, el endeudamiento, el rendimiento en general. Sin embargo, desde el marco de la contabilidad social, la rendición de cuentas es más democrática. No solo se le debe rendir cuentas al que maneja la plata, porque las empresas gestionan recursos que son de todos, consumen, dependen de relaciones de diversos grupos de interés”, explica.

En el 2000, la empresa de juguetes Mattel retiró 967 mil productos del mercado porque estaban contaminados con plomo. En 2013, el hundimiento de un edificio terminó con la vida de 1100 trabajadores en la fábrica Rana Plaza de Bangladesh utilizada por más de 25 marcas. En 2015, millones de coches Volkswagen fueron sacados de circulación luego de que la empresa admitiera haber falsificado pruebas de emisiones tóxicas y contaminantes. En 2018, Wells Fargo, la multinacional que presta servicios financieros, creó millones de cuentas y tarjetas de crédito a nombre de sus clientes sin su permiso.

La lista podría extenderse sin problemas; los ejemplos son infinitos. Según los casos, las entidades pagaron multas exorbitantes, quebraron, y hubo renuncias y condenas para los cargos ejecutivos. El denominador común: fueron conflictos vinculados a riesgos de sostenibilidad, que van más allá de lo económico y financiero, y que se conectan con factores ambientales o sociales.

En el último tiempo, como se advirtió que esta clase de aspectos podrían ser decisivos para la supervivencia de las organizaciones, los organismos internacionales comenzaron a establecer regulaciones. Esto es: instaron a que las entidades incorporaran reportes de sostenibilidad en donde constaran sus aportes de responsabilidad social empresarial e informaran su desempeño no financiero. En concreto, en el presente se solicita que difundan el compromiso que tienen con el ambiente y la sociedad.

Sucede que, desde la perspectiva de la contabilidad social, las empresas no solo se definen por el ánimo de lucro; pues, no solo se trata de medir cuánto ganan, sino cómo lo hacen. En el fondo, se trata de responder a una pregunta muy sencilla: ¿qué impactos sociales, ambientales e institucionales producen las actividades que realizan?

Rendir cuentas

Si un aspecto define a la contabilidad es la rendición de cuentas. El problema, según Panario Centeno, es frente a quién se realiza dicha tarea. “Las empresas suelen rendir cuentas al capital, al inversor, al que pone la plata. Se le comunica la solvencia, la liquidez, el endeudamiento, el rendimiento en general. Sin embargo, desde el marco de la contabilidad social, la rendición de cuentas es más democrática. No solo se le debe rendir cuentas al que maneja la plata, porque las empresas gestionan recursos que son de todos, consumen, dependen de relaciones de diversos grupos de interés”, explica.

Uno de los instrumentos para comenzar a divulgar a la sociedad lo que las empresas hacen (más allá de lo económico y financiero) son los reportes de sostenibilidad, también conocidos como memorias de sustentabilidad o balances sociales. La idea es que la entidad informe sobre los impactos que tienen sus decisiones y actividades en las personas, el ambiente y en la sociedad, en base a indicadores y marcos institucionalizados a nivel internacional.

En los reportes, se puede encontrar información valiosa relacionada a los impactos ambientales provocados por la empresa como, por ejemplo, de qué recursos depende para su proceso productivo, es decir, si son renovables o no; si está ubicada en una zona de estrés hídrico y cuánto consume de agua; qué sucede con la energía y sus emisiones de dióxido de carbono; cómo afecta al cambio climático en general a partir de sus actividades; si compromete ecosistemas y biodiversidad específica. En cuanto a los impactos sociales, la empresa debe referir, por caso, la cantidad de empleados que tiene, la diversidad por género, edad y región; si capacita a su personal; o bien, cuestiones como el nivel de independencia de quienes toman decisiones.

La especialista destaca: “El tema es que estos reportes siempre fueron voluntarios. Hoy en día, está la intención de volverlos obligatorios y que se conecten con la información financiera. Muchas empresas aluden que ‘hacen cosas por el medioambiente, que tienen políticas y programas de acción’, pero son datos desconectados de los gastos económicos que suponen. No se cruza lo financiero con lo no-financiero. Hay una presión de parte de los organismos internacionales para que este cruce se explicite”.

Sin embargo, pecar de ingenuos sería inconveniente. Al constituir una información sensible, las entidades demuestran reticencia al momento de contar cómo afectan a su entorno social y ambiental. Lo que aún significa más: “Una de las críticas a estos informes es que son reputacionales, es decir, que cuando se entregan, se convierten en una estrategia de marketing de la propia empresa para atraer inversores, clientes y consumidores”, refiere Panario Centeno.

Aunque con retrocesos y matices, la Unión Europea y Estados Unidos presentaron marcos para regular esta clase de fenómenos; mientras que, en América Latina, las comisiones nacionales de valores, de alguna manera, buscan que las entidades comiencen a rendir cuentas como es debido.

¿Qué impactos sociales, ambientales e institucionales producen las actividades que realizan?

 

La lupa en Argentina

De manera reciente, Panario Centeno publicó junto a Andrés Mancini, colega de la UBA, un artículo científico en la revista Saberes, orientada a ciencias económicas y estadística. Fue titulado “Adopción de marcos voluntarios de sostenibilidad y grado de madurez del reporting en empresas cotizadas argentinas (2004-2021)”. Con un abordaje de análisis de contenido y técnicas estadísticas, examinaron lo que sucedía con 466 reportes en 155 empresas del mercado de capitales argentino.

Comprobaron que existe un crecimiento progresivo en la adopción del reporte de sostenibilidad por parte de las empresas, aunque con marcadas asimetrías sectoriales. Los sectores más globalizados presentan mayores niveles de adopción, mientras que los sectores más rezagados demuestran una baja incorporación de estándares relacionados a riesgos climáticos.

Para tener referencia, hacia el final del periodo analizado, en 2021, solo el 34 por ciento de las empresas había adoptado esta práctica, lo que indica que una proporción significativa aún no incorpora los reportes de sostenibilidad como parte de su gestión corporativa. El sector financiero lidera esta tendencia (concentrando el 39 por ciento de los reportes publicados), seguido por el energético (19 por ciento), el manufacturero (17 por ciento) y el rubro telecomunicaciones (12 por ciento).

Sobre ello, la investigadora de la UCA sintetiza: “El estudio permite mirar la trayectoria, no solo una fotografía aislada. No alcanza con decir que una empresa es sostenible: hay que saber qué mide, cómo lo mide, qué riesgos reconoce y si esa información puede verificarse”.

Y continúa: “En Argentina no todas las empresas hablan el mismo idioma de sostenibilidad: las más conectadas con los mercados internacionales reportan más y mejor”.

En el país, la elaboración de reportes de sostenibilidad ha sido históricamente de carácter voluntario. No obstante, en los últimos años se observa un proceso de creciente institucionalización. La Comisión Nacional de Valores, a través de la Resolución General 1115 de 2026, introdujo la obligación de incluir información sobre sostenibilidad en la memoria anual de las entidades emisoras. La memoria, precisamente, es ese espacio en donde las empresas definen qué consideran relevante sobre sí mismas y lo comunican (vuelcan sus perspectivas, metas y desafíos).

Luego la especialista remata: “El objetivo ya no es que las empresas publiquen más reportes, sino que produzcan información comparable, verificable e integrada a la estrategia. Más obligación no garantiza mejor información: la regulación debe priorizar calidad, comparabilidad y utilidad”.

 

Panario Centeno, de perfil

Al leer su CV es posible enterarse de que María Marta Panario Centeno es doctora en Ciencias Económicas (UBA) y se especializa en contabilidad social y ambiental, información y reportes de sostenibilidad. También, el documento dice que es docente e investigadora de la UCA y de la UBA, y que su línea de investigación se relaciona con la ampliación de los sistemas de información contable frente a los desafíos de la sostenibilidad, la transparencia corporativa y los mercados de capitales.

Sin embargo, lo que el CV no explica es cómo una contadora decidió quebrar todos los estereotipos de la profesión e involucrar sus saberes en áreas que, a menudo, parecen tan lejanas de los números, como lo social y lo ambiental.

“Hice mi carrera como contadora en la UBA y a lo largo de las cursadas vi impuestos, auditorías, contabilidad financiera. En un momento de mi vida me interesó hacer investigación; el único problema es que no sabía bien qué investigar”, relata. Afortunadamente, conoció al profesor emérito Carlos Luis García Casella que, durante el primer encuentro, le realizó una pregunta muy sencilla: “¿Qué es la contabilidad y a qué se dedican los contadores”?

“Como mi respuesta fue de manual”, recuerda Panario Centeno, “me respondió que mi mirada era muy estrecha, que la contabilidad era mucho más de lo que yo pensaba”. Con el tiempo, entendí que era una disciplina que iba más allá de los números, de lo económico y de lo financiero, y que tenía una función social que cumplir.

García Casella se convertiría en su director de tesis, le propondría pasantías y le enseñaría a mirar la contabilidad con otros ojos. Esos mismos ojos, curiosos y rigurosos, con los que María Marta Panario Centeno mira cuando explica la relevancia de lo que hace. ¿Será que la pasión por el conocimiento científico finalmente es contagiosa?

 

Fuente: UCA

Artículos relacionados