Estrés calórico en bovinos y los sistemas silvopastoriles: experiencias que aportan a evaluar las condiciones ambientales y determinar los riesgos y beneficios 

“La falta de árboles y por ende de sombra, somete al ganado a una situación de estrés que no sólo afecta la ganancia de peso o la productividad del sistema sino que compromete la salud y pone en riesgo la vida de los animales del rodeo. Los sistemas silvopastoriles, debido a su estructura más compleja, en comparación con los monocultivos de pastos, proveen beneficios para la biodiversidad y son considerados  sistemas sustentables ya que ayudan a la mitigación de gases de efecto invernadero, brindan servicios ecosistémicos (como el secuestro de carbono) y presentan características que mejoran el nivel de bienestar anima”, destaca en su artículo el investigador Diego Nicolas Bottegal .

 

CHACO (Julio 2020).- Los sistemas pastoriles de producción bovina suelen encontrarse altamente afectados por la disponibilidad de recursos naturales, especialmente cuando estos sistemas se sitúan en regiones con condiciones agroecológicas complejas. Un ejemplo de esto es lo como ocurre en zonas tropicales o subtropicales, situación presente en distintas zonas de las provincias del noroeste y noreste de Argentina.

Bajo estas condiciones, la incorporación del estrato arbóreo a los sistemas pastoriles, es decir la preservación o implantación de un sistema silvopastoril, mejora la producción ganadera, el bienestar de los animales, las condiciones agroecológicas del sistema y mitiga efectos negativos en comparación con los sistemas tradicionales a base de pasturas y sin cobertura arbórea.

Cabe mencionar que por condiciones agroecológicas se entiende al conjunto de variables ambientales (temperatura, humedad ambiente, radiación solar, precipitaciones entre otras) y agrícolas (fertilidad y estructura del suelo, periodos de crecimiento vegetal) que definen las características productivas de un sistema o una región.

Por otra parte, se conoce que la inclusión de arbustos o árboles de especies leguminosas (por ejemplo el Algarrobo), que tiene la capacidad de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo, pueden favorecer la producción de forraje, lo que constituye un factor crítico para la producción de carne en los suelos de baja fertilidad de las regiones ya mencionadas.

Una gran parte de los sistemas ganaderos de los trópicos y subtrópicos, están basados en el manejo de las pasturas sin sombra y bajo esas condiciones los animales están predispuestos a sufrir estrés calórico. Un animal se encuentra en estrés calórico cuando existe un desequilibrio entre la cantidad de calor que el animal produce o gana del ambiente y la cantidad de calor perdida o liberada hacia el mismo. En otras palabras, cuando el animal produce o gana más calor del ambiente del que puede perder se encuentra en estrés calórico.

Esta situación se expresa en el bovino de diferentes formas, tales como el aumento de la temperatura corporal, aumento de frecuencia respiratoria y presencia de jadeo, cambios en la fisiología y modificación en el repertorio de sus comportamientos. Es importante considerar que si esta situación se prolonga en el tiempo, el bovino ingresa en un estado de estrés térmico grave, aumenta su temperatura corporal y el riesgo de muerte se vuelve inminente, especialmente cuando dicho aumento de temperatura es de 3-4°C por encima de la temperatura corporal normal (38,5 °C).

Estas situaciones son frecuentes cuando los animales están expuestos a una ola de calor (varios días consecutivos con altas temperaturas durante muchas horas al día) y/o cuando dentro del potrero no existen recursos para protegerse del calor, como puede ser la sombra de un estrato arbóreo.

El estrés calórico no sólo se produce porque existen altas temperaturas, sino que es el resultado de la combinación con otras variables climáticas que pueden agravar la situación, cómo son la humedad relativa del ambiente, la velocidad del viento y la radiación solar. En las regiones tropicales o subtropicales, durante gran parte del año, existen altas temperaturas, elevada humedad relativa y alta radiación solar. Por lo tanto, las condiciones para los bovinos pueden volverse extremadamente estresantes.

Condiciones ambientales y factores de riesgo

Con el objetivo de evaluar las condiciones ambientales y determinar si hay riesgo de estrés térmico, se han propuestos diferentes índices que combinan las variables ambientales. Un ejemplo es el índice de temperatura y humedad, también conocido como ITH, que combina estas dos variables.

Otra herramienta muy útil es el índice de Carga Térmica (ICT) que mediante una fórmula combina los datos de temperatura, humedad relativa, velocidad del viento y radiación solar. Dichos índices están asociados al estado de confort térmico. En términos prácticos, cuando el Índice de Carga Térmica alcanza valores superiores a 90 se sabe que el 20% de un rodeo tipo cruza (por ejemplo Braford o Brangus), rodeo característico en las zonas cálidas de Argentina, muestra síntomas de estrés por calor.

Lo más importante de éste índice es que simula la situación de aquel animal que se encuentra bajo el sol directo, similar a lo que ocurre en aquellos campos donde los animales no tienen sombra para resguardarse.

Algunos trabajos realizados en la unidad experimental silvopastoril que posee el Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido-INTA (Tucumán, Argentina) han permitido conocer cuáles son los efectos de los árboles sobre el sistema y sobre el bienestar de los animales. En esta unidad experimental, donde se contrasta un sistema silvopastoril con un sistema pastoril a cielo abierto, se ha estudiado el efecto que tiene el estrés calórico sobre el desempeño productivo, el patrón de comportamiento diurno y el consumo de agua de bebida de vaquillonas Braford.

El sistema silvopastoril está formado por Algarrobo Blanco implantado en 1998 con un distanciamiento de implantación de 10m x 10m y una pastura de Grama Rhodes cv Epica INTA-Pemán implantada en 2010. El sistema pastoril a cielo abierto presenta la misma pastura que el sistema silvopastoril, pero carece de cualquier tipo de sombra. La época estival, periodo que va desde diciembre a marzo, es la época donde se concentran las máximas temperaturas, por lo tanto el trabajo se centró en estos meses.

La foto de la izquierda corresponde al sistema silvopastoril con implantación de Algarrobos Blancos y un grupo de vaquillonas Braford. La foto de la derecha corresponde al sistema pastoril a cielo abierto.

 

En ensayos realizados entre 2018 y 202 en Tucumán, se observó, al analizar las condiciones ambientales, que el mes más cálido del año es enero, seguido por febrero, diciembre y marzo, respectivamente.

Asimismo las condiciones más estresantes térmicamente se encuentran en el sistema pastoril a cielo abierto; el lugar menos estresante es bajo copa o bajo la sombra de los árboles, mientras que el entre copa es un sitio de estrés intermedio. Durante el verano, en el sistema pastoril existe mayor amplitud térmica con respecto al silvopastoril, esto puede deberse a que las variaciones meteorológicas se ven mitigadas bajo la copa de los árboles, produciéndose un microclima más adecuado para los animales en estos sistemas. Un resultado llamativo del estudio surge al contabilizar y sumar todos los momentos en los que el ICT fue mayor a 90, a lo largo del periodo estival de 122 días. De allí se desprende que aquellos animales que permanecen el verano en el sistema a cielo abierto sufren estrés calórico (ICT>90) durante 32 días, mientras que si los animales que permanecen bajo la copa de los árboles el estrés se reduce a 15 días.

La condición de mayor calor en el sistema pastoril se refleja en la mayor cantidad de animales jadeando. Con respecto al jadeo, se puede mencionar que existen distintos niveles según la severidad, partiendo de un estado de jadeo apenas perceptible a un estado extremo donde el animal tiene serias dificultades para respirar. En el estudio realizado, los mayores niveles se encontraron en el sistema pastura a cielo abierto durante el mes de enero. Coincidentemente, aquellos días en donde más jadeo se observó, fueron los días en los que más tiempo los animales permanecieron de pie, ya que esta postura es uno de los mecanismos que adopta el animal para facilitar la disipación del calor corporal, pues de esta manera, disminuye la superficie de contacto con el suelo.

Los momentos más calurosos del día, según los valores del Índice de Carga Térmica, se corresponden con el horario de 10:00h a 17:00h. Durante un día caluroso y en ese rango horario, las vaquillonas del sistema silvopastoril permanecen más tiempo bajo la copa de los árboles. Allí pueden encontrarse echadas descansando o bien echadas rumiando. Algunos investigadores han demostrado que los bovinos tienen preferencia por realizar la rumia en la posición echada, por lo tanto en el sistema silvopastoril los animales presentan mejores condiciones para expresar naturalmente su comportamiento. Por su parte, los animales que están expuestos al sol durante los días o las horas de más calor permanecen de pie o desplazándose dentro del potrero ya que al no disponer de sombra para resguardarse buscan, continuamente, las zonas más frescas.

Grupo de vaquillonas Braford descansando bajo la copa de los Algarrobos del sistema silvopatoril

Por otra parte, se observa que en ambos sistemas las vaquillonas destinan las horas más frescas de la mañana (7:00h a 9:30h) al pastoreo, por ello es más difícil encontrarlas rumiando en estos momentos del día. En este sentido, en el silvopastoril los animales pastorean a la mañana o la tarde (55 y 67% del tiempo, respectivamente) es decir, en las horas más frescas. Por su parte, en el sistema de pastura a cielo abierto los animales pastorean principalmente a la mañana (60% del tiempo) y durante la tarde incrementan el tiempo que permanecen echadas.

Ambas fotografías corresponden a la observación de comportamiento. La de la izquierda corresponde al sistema pastoril a cielo abierto, la de la derecha corresponde al sistema silvopastoril.

 Vale destacar que el tiempo destinado al pastoreo, durante el estudio, fue semejante en ambos sistemas pese a las diferencias térmicas existentes entre los mismos. A pesar de esto, tras 8 años de evaluación, el sistema silvopastoril ha demostrado una producción de 50 kg de peso vivo/hectárea mayor que el sistema pastoril a cielo abierto, al finalizar el periodo de recría.

En este sentido, hay investigadores que sostienen que el patrón de comportamientos de los bovinos no sólo responde al efecto térmico sino también a un esquema de comportamiento diurno, donde el pastoreo es máximo durante la salida y puesta de sol. Por lo tanto, la mayor ganancia de peso en el sistema silvopastoril podría estar asociada no solo a las mejores condiciones ambientales en las que se encuentran los animales, sino también a una mejor calidad del recurso forrajero asociado a los efectos benéficos que los árboles puedan ejercer sobre la pastura.

Vaquillonas Braford pastoreando en un sistema silvopastoril con Algarrobos Blancos y Grama Rhodes

En relación al consumo de agua, este es un comportamiento muy influenciado por las condiciones ambientales, a diferencia de lo que ocurre con el consumo de pastura. En ambos sistemas y durante el mediodía, los animales se encuentran más tiempo bebiendo. Algo importante a resaltar es que, sin importar el mes del verano que se analice, los animales del sistema pastura a cielo abierto destinan el doble del tiempo a beber que aquellos del sistema silvopastoril.

Según datos relevados en esta unidad experimental, las vaquillonas del sistema pastoril a cielo abierto consumen en promedio 8 lts de agua/día más que las vaquillonas del sistema silvopastoril, durante el periodo estival. Registrándose un consumo de 21,33 lts/día en sistema pastoril a cielo abierto y 13,33 lts /día en sistema silvopastoril.

 

Conclusiones finales

Por todo lo descripto anteriormente, la incorporación del estrato arbóreo en los sistemas ganaderos resulta ser una alternativa eficaz para mitigar los efectos adversos del estrés calórico sobre los animales.

Las consecuencias favorables de esta incorporación se manifiestan, principalmente durante los días y momentos más estresantes desde el punto de térmico, donde los animales del silvopastoril hacen uso de la sombra de los árboles, mientras que los del sistema pastoril sin sombra aumentan el nivel de jadeo, permanecen más tiempo en locomoción, beben más y realizan la rumia de pie.

Por lo tanto, la falta de árboles y por ende de sombra, somete al ganado a una situación de estrés que no sólo afecta la ganancia de peso o la productividad del sistema sino que compromete la salud y pone en riesgo la vida de los animales del rodeo.

Los sistemas silvopastoriles, debido a su estructura más compleja, en comparación con los monocultivos de pastos, proveen beneficios para la biodiversidad y son considerados  sistemas sustentables ya que ayudan a la mitigación de gases de efecto invernadero, brindan servicios ecosistémicos (como el secuestro de carbono) y presentan características que mejoran el nivel de bienestar animal.

Se agradece la participación y la colaboración de profesionales pertenecientes al Grupo de Bienestar Animal y Calidad de Producto y al Grupo de Ecofisiología del IIACS, como así también a estudiantes y profesionales de la Facultad de Agronomía y Zootecnia-Universidad Nacional de Tucumán (UNT) pertenecientes a la Cátedra de Zootecnia Especial 1 y a la Cátedra de Anatomía y Fisiología Animal. Cabe destacar que los estudios realizados contaron con el financiamiento de la Asociación Cooperadora INTA LEALES, Proyecto PIUNT A622 (FAZ-UNT) y Proyecto Estructural (PE) INTA I507 y PE INTA I015

 

 

 (*) Por Diego Nicolas Bottegal 

Instituto de Investigación Animal del Chaco Semiárido (IIACS)-Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)

Contacto: bottegal.diego@inta.gob.ar

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar, en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

 

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