La deforestación en la Argenina: grandes males que requieren grandes (y urgentes) soluciones

(*) Por Jorge Trevin (Buenos Aires) y Gustavo Cortés (Tierra del Fuego).

 

ARGENTINA (27/5/2020).- En estos días vimos sin asombro una imagen de la NASA donde se ve en escala global la dimensión de los desmontes en la región del Gran Chaco argentino.

Diversas denuncias ocuparon las redes sociales alertando sobre el aumento de la voracidad de empresarios que se llevaban puestas miles de hectáreas de bosque nativo chaqueño en varias provincias.

Los esfuerzos de las instituciones encargadas de velar por nuestros bosques evidentemente no han sido hasta el momento efectivos, o al menos no han alcanzado.

 

Desde hace dos décadas Argentina se encuentra entre los diez países más deforestadores del mundo. La sanción en 2007 de la Ley 26.331 de Presupuestos Mínimos para la Protección Ambiental de Bosques Nativos promulgada en 2009 contribuyó a reducir las pérdidas, pero aún hoy se mantienen en niveles inadmisibles, rondando con muchas variaciones las 100.000 hectáreas anuales.

El principio precautario

Lo peor de todo es que se ha perdido algo esencial, el espíritu básico de la normativa, el principio precautorio. El Estado está actuando ya hace años sobre hechos consumados. Los hechos han comprobado que las penas actuales no asustan a nadie. Cuando el premio o sea la renta potencial es tan grande la multa no alcanza para frenar este despojo que atropella el monte.

A la vez, la obligación de recomponer el daño ambiental, consagrada en el Art. 41 de la Constitución no ha tenido un correlato en la normativa, y  directamente se actúa como si no existiese.

Esta catástrofe no viene sola. Sus consecuencias no son sólo económicas y ambientales, e incluyen desalojos, marginación, desnutrición y muerte de niños y adultos.  No solo mueren árboles mueren seres humanos y muere la fauna, y las primeras víctimas siempre son los pueblos originarios y campesinos que viven y obtienen recursos de estos bosques.

A la vista de los resultados quizás sea el momento de cambiar la lógica de los procedimientos más enfocados en atender las consecuencias. Quizás sea el momento de dar un mensaje claro a la sociedad de que así no se puede seguir.

Como en toda solución a un problema, sólo es efectivo atender las causas. El agronegocio es una de las causas subyacentes y actúa presionando. Una gran presión sin duda, como lo son también los mercados internacionales, pero que no deberían ser determinantes. A que lo sean contribuyen otras causas.

Estas son variadas y tienen pesos diferentes, pero tres de ellas constituyen un coctel mortal: Debilidades legales, deficiencias en recursos, y un componente de corrupción que comúnmente se encuentra siempre asociado, favorecido por esos dos factores. Estos tres elementos nunca son independientes, y se potencian y retroalimentan entre ellos.

Revertir deficiencias..¿cómo?

No es el propósito de esta nota mostrar o resumir un programa de acciones que necesita ser desarrollado, pero tal programa es necesario, deberá fortalecer el marco legal haciendo uso de lo que la Constitución ya dictamina, y deberán la Nación y provincias asegurar los recursos necesarios para que las deficiencias en estos aspectos dejen de ser un impulsor clave del desmonte, ni real ni invocado.

El desafío es valorizar el bosque por sus beneficios ecosistémicos y productivos. El proceso de fortalecimiento y jerarquización de los organismos forestales provinciales debe ser continuo, para que estos tengan el protagonismo y peso suficiente para discutir políticas y acciones que los comprenden e impactan, la mayoría de ellas originadas en otros sectores.

Las medidas requerirán de la participación de las comunidades y pobladores de los bosques, la cual no debe decaer sino profundizarse con los nuevos cambios.

La tecnología de última generación, incluida un sistema de alerta temprana satelital, no debe ser un sustituto de esa participación sino más bien deberá complementarse y facilitarla. Y la presencia de agentes forestales en el terreno seguirá siendo irremplazable.

Se requiere urgentemente un nuevo marco de trabajo en el cual las ilegalidades y las transas a cualquier nivel desaparezcan o al menos pasen a ser una excepción adecuadamente tratada por los mecanismos de control y jurídicos que correspondan.

 

 

 

(*) AFOPE (Agrupación Forestal Peronista “Lucas Tortorelli)

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *