Operaciones sostenibles: ¿un camino para ahorrar costos y crecer para empresas, instituciones y organizaciones?

(*) Por Cesar José Galarza, PhD. Consultor en Sostenibilidad. Director de la Consultora Apostillas Ambientales.

 

ARGENTINA (Julio 2019).- El conocido Ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon afirmo hace unos años que “en el futuro no se podrá alcanzar un éxito empresarial sin un entorno sostenible”. Y esto implica no sólo dar las empresas –pequeñas, medianas y grandes- un rostro más humano y responsable, considerando como principal capital primero a sus empleados, la comunidad y el ambiente en que se desenvuelven y le permite desplegar sus actividades, sino en ser más eficaces, siendo capaces de producir más y mejor en menos tiempo y con el menor uso de recursos.

Así, el comercio, la empresa o la institución que desee proyectarse en el tiempo deberá encontrar alternativas para el ahorro apuntando para consumir menos energía y recursos, tener personal más contento y por ende más leal y permanente. Y a su vez, con ellos, posicionarse mejor en sectores de la sociedad cada vez más preocupados por el futuro de nuestro planeta. A muy grandes rasgos, en esto consiste la sostenibilidad que, como vemos, va mucho más allá de la “imagen verde” en que, por lo general, se la identifica.

 Contenido a desarrollar: 1. A modo de introducción. 2. Sostenibilidad: un concepto en boca de todos. Pero, ¿qué significa? 3. Un mundo preocupado por sostenibilidad. 4. ¿La sostenibilidad realmente nos favorece? 5. Conclusión.

 

  1. A modo de introducción

En los últimos años ha surgido innumerables libros, artículos, conferencias y charlas que intentan convencer a los actores económicos sobre la necesidad y urgencia de desarrollar sus actividades cuidando el planeta e impulsando la sostenibilidad, siendo esta última un concepto no muy claro y a menudo utilizado en exceso y con un contenido vacío. Lo cierto es que, para las empresas, organizaciones e instituciones, la sostenibilidad y la protección ambiental (más allá de la que responde al cumplimiento legal) parecería pertenecer a un mundo naif, con poco reflejo en el real, cuya observancia les significaría además una desviación de tiempo y recursos en una épica quijotesca que, a primea vista, no les aporta mucho al cumplimiento de sus fines. Pero, ¿esto es así en realidad? ¿O ello responde a una errónea concepción que procede del desconocimiento o la mala interpretación de lo que es la sostenibilidad, y ésta en verdad puede constituirse en un camino concreto para el crecimiento, convirtiendo así a los urgentes problemas del planeta en una oportunidad (evocando el doble significado de la palabra crisis en el idioma japonés, que puede leerse tanto como peligro/riesgo u oportunidad[2])? En los párrafos siguientes se reflexionará brevemente sobre esta posibilidad.

  1. Sostenibilidad: un concepto en boca de todos. Pero, ¿qué significa?

El planeta tierra es un lugar que no deja de maravillarnos a cada día (con sus paisajes y naturaleza imponente y majestuosa y, sobre todo, sus diversidad de especies de vegetales y animales, incluido el hombre); y ha sido a su vez escenario y testigo -durante miles de años- de incontables logros y avances de la humanidad (culturales, sociales, científicos, económicos, etc.). Pero también lo ha sido de grandes calamidades (guerras, desigualdades, hambre, matanza indiscriminada de animales, etc.) que, en su mayoría, han tenido origen en razones económicas y en la puja por la posesión de bienes y servicios, cuestión ultima que sufrió, sin dudas, una escalada estrepitosa al ampliarse la capacidad humana de producción en las postrimerías del siglo XVIII con la revolución industrial.

Es así que, una sociedad que producía más aumentó en modo rápido su capacidad de consumo (y viceversa) y esto, entre otras cuestiones, generó una creciente necesidad de materias primas provenientes de la naturaleza y ello ha acrecentado la huella material de la actividad humana[3], es decir, la presión de ésta última sobre aquella. Este uso indiscriminado de los recursos naturales se asentó desde un principio en la ilusoria fantasía de la capacidad de la tierra para auto restaurarse y volver a producir más materia prima en la misma medida y velocidad que la utilización humana. Se sustrajo así en unos pocos años (¡y gratis!), lo que el planeta venía produciendo y acumulando durante milenios (madera de los bosques, petróleo y minerales de la tierra, agua de ríos y arroyos, carne, pieles y diversas sustancias de los animales, etc.).  Carrera ciega hacia adelante que ha ido delineando un camino que conduce a las generaciones futuras a enfrentarse con un planeta escaso de riquezas que posibiliten su acceso a bienes y servicios naturales (de tan fácil acceso), de los que sí gozaron sus ancestros. Sumado a ello el consumo excesivo generó desperdicios, y estos fueron a parar a mares, ríos, lagos, suelos y ecosistemas que, contaminados, disminuyen día a día aún más su ya menguada capacidad de recuperación.

Ahora bien, cada elemento de la naturaleza cumple un rol clave en el ciclo de la vida, y los ecosistemas en su conjunto proporcionan al planeta, y a sus seres vivos, bienes y servicios que permiten a estos continuar con la vida, llamados servicios ecosistémicos[4]. Esta capacidad que tienen los ecosistemas naturales para crear la infraestructura sobre la cual la humanidad pudo y puede desarrollar ciudades, puertos, escuelas, gobiernos… es decir, nuestra civilización, es lo que la ciencia actual ha denominado capital natural del planeta –y de cada país- (Goldman, Wackernagel, Salomón, et alteri, 2012[5]). Por ende, al romperse el equilibrio de la naturaleza, el mundo, en teoría cada vez más rico, corre el riesgo de convertirse en un planeta orientado a la pobreza y la desigualdad, ya que éstas ocurren cuando se rompe el enlace permanente entre los ecosistemas y el bienestar humano al ser considerados los ecosistemas saludables la verdadera riquezas de los pobres (TEEB, 2010[6]).

Esta dura realidad no pasó desapercibida por la comunidad internacional y, luego de estudiarse seriamente las formas de producción, los avances, retrocesos las necesidades actuales y futuras del hombre y el planeta, la Organización de las Naciones Unidas –ONU- emitió en el año 1987 el informe denominado “Nuestro futuro común” (más conocido como Informe Bruntland) que afirmó en modo rotundo que ya no era posible seguir con el modelo crecimiento económico tradicional y urgía buscar un nuevo estilo de desarrollo. A ese nuevo tipo de progreso económico respetuoso con el planeta, y con los semejantes, se lo llamó “desarrollo sostenible”, considerado como aquel que garantiza las necesidades del presente sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades (ONU. Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1987[7]). En otras palabras, un desarrollo económico que no consuma todos los recursos del planeta ahora, sin dejar nada para nuestros hijos y los hijos de estos.

Irrumpió así en la agenda global, el concepto de sostenibilidad originado en el término anglosajón “Sustainability”, entendido como la habilidad ya sea de evitar el agotamiento de los recursos naturales para mantener un equilibrio ecológico o de mantearse en un estado de cierto ritmo o nivel (Oxford, 2019). El idioma castellano por su parte considera, en términos similares, a lo sostenible como aquello que se puede sostener, o que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente (RAE, 2018) pero, como su riqueza terminológica le permite una mayor amplitud que su par anglosajón, da lugar asimismo a la existencia del término “sustentable” definiéndolo como aquello que se puede sustentar o defender con razones (RAE, 2018). Ello ha servido de base a algunos para diferenciar -en el mundo hispano- a lo “sostenible” de “sustentable”, considerándose al primero como aquello que puede proyectare a futuro de un modo permanente, y al segundo como lo que, además de ello, se autoabastece o sostiene a sí mismo; delicadezas semánticas que no traen gran diferencia a la cuestión por lo que en este trabajo se adoptará el término “sostenible” mayormente utilizado.

  1. Un mundo preocupado por sostenibilidad

Si bien no hay conceso entre investigadores y académicos respecto a una definición de la sostenibilidad[8], existe cierto acuerdo en torno a que la misma posee una triple dimisión conformada por los aspectos económico,  ambiental y social (Artaraz, M. 2002[9]), debiendo éstos ser llevados adelante en forma conjunta para el logro de ese mundo un poco más justo, más igualitario, y sobre todo, con capacidad de continuar siendo vivible en un futuro. Y a fin de que paises, ciudades, instituciones, organizaciones y empresas puedan tener una guía de cómo lograr ese futuro anhelado, hacia fines del año 2000 los líderes del mundo –reunidos nuevamente en la ONU- convinieron en establecer ocho (8) objetivos concretos (con sus respectivas metas e indicadores que pudieran medir año a año el progreso) para combatir la pobreza, el hambre, las enfermedades, el analfabetismo, la degradación del ambiente, y la discriminación contra la mujer fijándose como plazo límite para ello el año 2015; recibiendo los mismo el nombre de “Objetivos de desarrollo del milenio”[10].

 

Una vez llegado año 2015 se efectuó una evaluación del estado de cumplimiento global de estos objetivos  comprobándose que, si bien habían sido grandes y auspiciosos los avances, quedaba aún un gran sendero a recorrer en el logro de los mismos y que, nuevos temas (como el cambio climático, la tecnología, la energías renovables, las condiciones laborales, etc.) merecían una especial y urgente atención internacional.  Así las cosas, a fines de dicho año, los dirigentes del mundo renovaron y ampliaron sus compromisos acordando y estableciendo la Agenda 2030 que contiene 17 de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta, y asegurar la prosperidad para todos como parte de una nueva guía para el logro del desarrollo, conocidos como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Cada uno de tales objetivos contiene metas específicas (169 en total) con sus respectivos indicadores de cumplimiento que deben alcanzarse en los próximos 15 años. Cabe aclarar, que su establecimiento no implicó el abandono de sus predecesores objetivos de desarrollo del milenio, sino que los complementan y profundizan.

Los ODS no son otra cosa que una guía y muy concreta e integral de pasos a seguir en torno a aquellos puntos consensuados entre todos los países sobre lo que hay que hacer para continuar avanzando hacia el progreso sin que nadie quede atrás (sin importa en qué lado del mundo se encuentre), y de un modo respetuoso con el planeta que asegure que este pueda seguir siendo hábitat y proveedor de servicios ambientales y ecosistémicos para todos[11]. Estos se aglutinan sobre 5 ejes: 1) Personas (ODS 1: Fin de la pobreza; ODS 2: Hambre cero; ODS 3: Salud y bienestar; ODS 4: Educación de calidad; y ODS 5: Igualdad de género); 2) Planeta (ODS 6: Agua limpia y saneamiento; ODS 12: Producción y consumo responsable; ODS 13: Acción por el clima ; ODS 14: Vida Submarina, y ODS 15: Vida de ecosistemas terrestres); 3) Prosperidad: ODS 7: Energía asequible y no contaminante; ODS 8: Trabajo decente y crecimiento económico; ODS 9: Industria, innovación e infraestructura; ODS 10: Reducción de las desigualdades; y ODS 11: ciudades y comunidades sostenibles); 4) Paz (ODS 16: Paz, justicia e instituciones sólidas; y 5) Asociaciones (ODS 17: Alianzas para lograr los objetivos).

Si bien los ODS no han sido consagrados en tratados que obliguen a los Estados a su cumplimiento, se espera que ésos los adopten como propios y establezcan marcos nacionales para su logro incluyéndolos en sus distintos planes, programas y proyectos. Y no tan sólo informando sobre en cuál de estos últimos se proyectan los ODS sino incorporando a éstos como objetivos expresos a cumplir en los mismos, otorgándoles una operatividad u obligatoriedad interna. Es decir que, los países no sólo tienen la responsabilidad de seguimiento y examen de los progresos conseguidos en torno a los ODS utilizados como parámetro, sino que se esperar que sean impulsores y garantes del logro de los mismos[12]. No está de más resaltar que los ODS no son solo para los gobiernos, sino que constituyen también una guía para para el sector privado a quien se encuentran proyectados a través del Pacto Global que los traduce 10 principios correlativos, subdivididos en 4 ámbitos (Derechos humanos, Estándares Laborales, Medio Ambiente y Anticorrupción) que orientan el actuar de empresas y organizaciones que se comprometen voluntariamente a cumplir los mismos para el logro de la sostenibilidad en sus propias actividades.

Para terminar este apartado, es necesario acotar que en el mes de julio de 2019 la ONU emitió su reporte anual sobre el estado de avance de los ODS donde, si bien destaca que se han logrado adelantos en muchos temas (lucha contra pobreza extrema, salud, tasas de mortalidad infantil, acceso a la energía eléctrica, etc.), remarca que existen áreas que requieren de una atención colectiva urgente poniendo el acento en el cambio climático, que se encuentra en un estado crítico, así como el medio ambiente natural que se está deteriorando a un ritmo alarmante debido a la subida del nivel del mar, la aceleración de la acidificación de los océanos, el aumentos estrepitoso del calor en muchas regiones, el millón de especies de plantas y animales que están en peligro de extinción, y la degradación de los suelos que continua de manera descontrolada (Antonio Gutérrez, 2019[13]).

  1. ¿La sostenibilidad realmente nos favorece?

A estas alturas cabe preguntarnos por lado si, nadie conoce mejor sus necesidades y prioridades para atenderlas -y los recursos que destinar a ello- que las propias naciones, empresas, instituciones, etc. ¿Necesitan realmente éstas de una guía establecida, entre y por, países con realidades muy distantes, que les marque a donde deben dirigir sus esfuerzos para lograr un desarrollo económico que respete sus propios recursos naturales? Y por otro, ¿Tienen derecho los estados con un mayor grado de desarrollo -que por otra parte en forma histórica han vapuleado y agotado sus riquezas naturales- a exigir o solicitar a los países que luchan hoy denodadamente por subirse al tren del progreso a que limiten el uso de tales tesoros en pro del bien global?

Respondiendo a estas mismas preguntas, y dado que la urgencia y necesidad de la situación impone la obligatoriedad de realizar acciones conjuntas a nivel planetario (en un mundo que, por mucho que hagan sus naciones por diferenciarse, son parte de una realidad común), la ONU ha tomado como premisa el postulado de que el logro de ese futuro mejor es responsabilidad de todos, pero no para todos por igual (Principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas) (Conferencia de ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, 1992[14]). Y para convertir ello en realidad, ha emprendido un gran –y no exento de dificultades- camino hacia la movilización de capitales públicos y privados, desde los países más hacia los menos desarrollados, para apoyar a estos últimos tanto en lo económico como en lo técnico, social y cultural, a que puedan embarcarse en el cumplimiento tanto de la Agenda 2030 como de la multitud de acuerdos y tratados ambientales, climáticos y vinculados a la protección del planeta y el logro del desarrollo sostenible. En este mismo sentido la cooperación internacional[15], si bien ha sufrido los embates de las diversas crisis económicas regionales o globales, ha estado muy activa en las últimas décadas.

El ámbito privado también viene desplegando desde hace algunos años el concepto de finanzas sostenibles o sustentables (sustainable finance), asociado comúnmente a los proyectos de inversión que tienen un tinte no solo ambiental sino que abarca también los aspectos sociales y de manejo corporativo ético (ESG por sus siglas en inglés: environmental, social and governance). Éstos se caracterizan por el impacto duradero y a largo plazo en interrelaciones benéficas entre estos tres aspectos), y no abarcan únicamente el modo en que las decisiones de financiación e inversión influyen en los problemas medioambientales, sociales y de gobierno, sino también cómo esta triple dimensión puede influir en las decisiones de inversión y las valoraciones de activos. Los instrumentos que viene desarrollando la banca financiera para promover las inversiones en proyectos sostenibles pueden agruparse, a grandes rasgos, en “bonos verdes” (green bonds) y “préstamos verdes” (green loans), ambos destinados a financiar proyectos ambientales, sociales y sostenibles, sobre los cuales ahondaremos en otro artículo dadas las características sucintas del presente. Se observa así, que si bien el camino recién se inicia, se viene impulsado desde el ámbito público y privado desde hace ya unos años, la generación y consolidación de fuentes de financiamiento para los proyectos vinculados con la protección del planeta, lo que se denomina financiamiento ambiental y climático[16].

Sin embargo, como adelantamos supra, si bien es comprensible –y esperable- la orientación a la sostenibilidad que deben mantener los organismos públicos -dada su finalidad de satisfacción del interés del bien común – al igual que aquellas organizaciones no gubernamentales (ONGs) que persiguen un fin social o ambiental, no resulta a primeras luces perceptible una justificación cuantificable y medible que podría impulsar a una pequeña, mediana o gran empresa -cuyo objetivo es hacer negocios y el aumento de capital- a querer destinar recursos a la sostenibilidad (más allá de lo que debe asignar a cumplir las normativas ambientales, sociales, laborales que le impone su actividad).

En respuesta a ello se puede acotar que, además del logro del objetivo global de la protección del planeta y la concreción un mundo más justo e igualitario (lo les compete por estar inmersas en la sociedad), existen otros beneficios – a los que la sostenibilidad les da acceso- como ser: 1) el prepararse preventivamente para futuros efectos adversos del cambio climático y la degradación ambiental en su actividad, 2) el adaptarse de antemano a cambios legislativos que les impongan obligaciones en tal ámbito a futuro; 3) el agiornarse a las nuevas tecnologías e infraestructuras sostenibles que se irán generalizando; 4) la apertura a nuevos mercados, tanto locales como internacionales, que se inclinan cada vez más por la sostenibilidad; 5) el acceso a financiamiento verde, climático y sustentable, 7) la fidelización de clientes y proveedores, y 8) en último, pero no menos importante lugar dada su reflejo concreto en los balances contables, el ahorro de costos que se logra a través de la eficiencia y eficacia en el manejo de los recursos materiales y humanos.

Para conseguir  los beneficios de la sostenibilidad la empresa, entidad, organización, etc. debe acreditar la veracidad de los mismos ya sea presentando resultados concretos y medibles, o recurrir a entidades que acrediten el cumplimiento de tales fines a través de las distintas certificaciones verdes que existen en el mercado (Leadership in Energy and Environmental Design -LEED-; Building Research Establishment Environmental Assessment Method -BREEA-: FCS ; Forest Stewardship Council –FSC-; Rainforest Alliance, entre muchas otras). Cabe subrayar que, si bien el cumplimiento de los ODS no se certifica, existen instrumentos como el Pacto Global (Global Compact) que constatan periódicamente el avance de empresas y organizaciones que en el cumplimiento voluntaria de los mismos.  Por último, se debe señalar que, las certificaciones y acreditaciones sirven también de útil de información a los consumidores para conocer si bienes, productos y servicios que consumen han surgido de un proceso respetuoso con la sostenibilidad.

 

  1. Conclusión

En definitiva, para concluir estos breves párrafos, y haciendo un enlace con la idea inicial se puede colegir que no existen dudas que la implementación de los criterios de sustentabilidad en general y protección ambiental si bien persiguen el fin principal del logro de un mundo más igualitario, justo y respetuoso con el planeta, significan una oportunidad de crecimiento, eficiencia, eficacia y nuevos negocios para las empresas de todo tamaño y ellos les puede significar un valor agregado que posibilite su despegue de las crisis económicas.

En esta línea, el conocido Ex Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon afirmo hace unos años que “en el futuro no se podrá alcanzar un éxito empresarial sin un entorno sostenible (Ban Ki Moon, 2015[17])”. Y esto implica no sólo dar las empresas –pequeñas, medianas y grandes- un rostro más humano y responsable, considerando como principal capital primero a sus empleados, la comunidad y el ambiente en que se desenvuelven y le permite desplegar sus actividades, sino en ser más eficaces, siendo capaces de producir más y mejor en menos tiempo y con el menor uso de recursos.

Así, el comercio, la empresa o la institución que desee proyectarse en el tiempo debe encontrar alternativas para el ahorro apuntando para consumir menos energía y recursos, tener personal más contento y por ende más leal y permanente. Y a su vez, con ellos, posicionarse mejor en sectores de la sociedad cada vez más preocupados por el futuro de nuestro planeta. A muy grandes rasgos, en esto consiste la sostenibilidad que, como vemos, va mucho más allá de la “imagen verde” en que, por lo general, se la identifica en los medios de comunicación (incluidas redes sociales).

 

Sobre el autor

(*) César J. GALARZA es Doctor por la Universidad de Santiago de Compostela, España (donde recibió el premio extraordinario de doctorado por la tesis “La tributación de las actividades ilícitas”), Magister en Diseño, creación y gestión de proyectos, Especialista en Consultoría Ambiental, Especialista en Derecho Tributario, abogado, Técnico en Derecho Ambiental y Diplomado en Cuestiones legales del cambio climático. Se ha capacitado en distintos aspectos del ambiente, el cambio climático, la sostenibilidad, y la gestión de proyectos en diversas Universidades e Institutos de Iberoamérica, temas en los que ha tiene más de 20 publicaciones en Argentina, Perú, México, España e Inglaterra. (mayor info en web: www.cesargalarza.com).

[2]   “Crisis es una palabra que a todos nos pone los pelos de punta y tiene, por lo general, una connotación negativa. En efecto, la palabra de marras nos sugiere inestabilidad, incertidumbre, desequilibrio, desempleo, bolsillos vacíos entre otras cosas más, pero ese es sólo un lado de la balanza. Veamos, entonces de qué se trata. En japonés la palabra crisis se traduce como “kiki” (危機). Hay que anotar que ambos ideogramas fonéticamente son iguales más semánticamente son diferentes. Ahora bien, sucede que con los dos ideogramas que forman la palabra crisis, tomándolos separadamente, podemos construir dos palabras con sentidos opuestos. Veamos. Con el primer ideograma formamos la palabra “kiken” 危険 que significa “peligro” y con el segundo, obtenemos la combinación “kikai” 機会, cuyo significado es “oportunidad”. ¿Qué tenemos entonces? Que la palabra “crisis” tiene dos polos: el “negativo” con la acepción de peligro y el “positivo” con el de oportunidad” ( Fujita, Miguel A., “Significado de la palabra 危機”, en Latin-a.com [On line]. Disponible en web: http://latin-a.com/latina-antigua/index.php?entry_id=1380093164&title=significado-de-la-palabra-%E5%8D%B1%E6%A9%9F

[3] La “huella material” hace referencia a la cantidad total de materia prima extraída para satisfacer la demanda de consumo final. Es uno de los indicadores de las presiones que se ejercen sobre el medio ambiente para apoyar el crecimiento económico y satisfacer las necesidades materiales de las personas.

[4] Los principales servicios ambientales […] son: a) Polinización (provisión de polinizadores para reproducción de poblaciones de plantas y dispersión de semillas); b) Purificación y desintoxicación (filtración, purificación y desintoxicación del aire, agua y suelo); c) Control biológico (regulación de la dinámica de poblaciones, control de plagas y enfermedades); d) Reciclado de nutrientes (fijación de nitrógeno, fósforo, potasio); e) Formación de suelos (meteorización de rocas y acumulación de materia orgánica); f) Regulación de gases con efecto invernadero; [Reducción de emisiones de CO2 (deforestación evitada); Captación o fijación de carbono]; g) Provisión de belleza escénica o paisajística (paisaje); h) Provisión de un espacio para la recreación y el turismo; i) Conservación de la biodiversidad: (Conservación de recursos genéticos importantes; Conservación de especies raras, amenazadas o en peligro de extinción y Conservación de ecosistemas); j) Servicios hidrológicos [o conservación de cuencas hidrográficas] (Regulación de flujos hidrológicos; Reducción del impacto de deslaves e inundaciones, Reducción de la erosión del suelo; Reducción de la sedimentación en los cursos de agua Mantenimiento o mejoramiento de la calidad del agua [filtración de contaminantes potenciales], Mantenimiento o mejoramiento de la recarga de acuíferos, mantenimiento o mejoramiento de hábitats acuáticos, Conservación de suelos). (Cfr. Cordero, D. – Moreno Diaz, A. – Kosmus (2018), M., Manual para el desarrollo de mecanismos de pago/compensación por servicios ambientales, GTZ; Quito, p. 18.).

[5] Goldman – Wackernagel – Salomón [et al.] ¿Gratis?: los servicios de la naturaleza y cómo sostenerlos en el Perú (2008), Ed. por Hajek F. y Martínez de Anguita, P. – Servicios Ecosistémicos Perú – 1a ed., Lima:, p. 10.

[6] The Econocomics of Ecosystems and Biodiversity –TEEB- (2010); TEEB report for business, pp. 6 ss.

[7] Naciones Unidas. Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1987), Informe: Nuestro futuro común, 1987, Cap.2. Pto. 1.

[8] “[…] «sostener los recursos naturales» (Carpenter, 1991); «sostener los niveles de consumo» (Redclift, 1987); «lograr la sostenibilidad de todos los recursos: capital humano, capital físico, recursos ambientales, recursos agotables» (Bojo et al., 1990); «perseguir la integridad de los procesos, ciclos y ritmos de la naturaleza» (Shiva, 1989); «sostener los niveles de producción» (Naredo, 1990) […]”. (Artaraz, Miren (2002). “Teoría de las tres dimensiones de desarrollo sostenible”. Ecosistemas 2002/2, [On line]. Disponible en web: URL: http//www.aeet.org/ecosistemas/022/informe1.htm ).

[9] Ver: Artaraz, Miren (2002). “Teoría de las tres…”, op. cit. p. 1 ss.

[10] Objetivo 1: Erradicar la pobreza extrema y el hambre; Objetivo 2: Lograr la enseñanza primaria universal; Objetivo 3: Promover la igualdad de género y la autonomía de la mujer; Objetivo 4: Reducir la mortalidad infantil; Objetivo 5: Mejorar la salud materna; Objetivo 6: Combatir VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades; Objetivo 7: Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente; y Objetivo 8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo.

[11] “El bienestar humano y la mayoría de las actividades económicas dependen de un medio ambiente sano. Un enfoque hacia los beneficios proporcionados por la naturaleza – servicios ecosistémicos – nos permite identificar las maneras directas e indirectas en que dependemos del medio ambiente. Esta percepción puede apoyar significativamente la generación de políticas locales y la administración pública.

Los beneficios múltiples de la naturaleza sustentan nuestra subsistencia. Estos incluyen nuestros alimentos y agua; materiales tales como madera, lana y algodón; y muchos de nuestros medicamentos. Otros beneficios menos evidentes, pero igualmente importantes, incluyen la regulación del clima. Los bosques del Amazonas producen buena parte de las nubes de lluvia de Sur América. Humedales intactos o cinturones de dunas (`infraestructura ecológica’), protegen contra el impacto de inundaciones, tempestades y otras amenazas naturales. La diversidad de la vegetación natural garantiza la recarga de acuíferos y reduce erosión del suelo y sedimentación de represas. Asimismo, la naturaleza ofrece oportunidades increíbles de recreación, inspiración cultural y realización espiritual. Por último, los sistemas naturales sanos – con diversidad de especies vegetales y animales – contribuyen a la mitigación y adaptación frente a cambios climáticos” (TEEB [2010], Una guía rápida: La Economía de los Ecosistemas y la Biodiversidad para Diseñadores de Políticas Locales y Regionales, p. 3.)

[12] El Pacto Mundial de Naciones Unidas es un llamamiento a las empresas y organizaciones a que alineen sus estrategias y operaciones con Diez Principios universales sobre derechos humanos, normas laborales, medioambiente y lucha contra la corrupción. Cuenta con el mandato de la ONU para promover los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en el sector privado. Tiene como misión generar un movimiento internacional de empresas sostenibles para crear el mundo que queremos. También, una capacidad inigualable para unir empresas con otros actores que trabajan para promover el desarrollo sostenible: gobiernos, sociedad civil y las Naciones Unidas.

Los Diez Principios del Pacto Mundial derivan de declaraciones de Naciones Unidas en materia de derechos humanos, trabajo, medioambiente y anticorrupción y gozan de consenso universal, y son: 1) «Las empresas deben apoyar y respetar la protección de los derechos humanos fundamentales, reconocidos internacionalmente, dentro de su ámbito de influencia»; 2) «Las empresas deben asegurarse de que sus empresas no son cómplices en la vulneración de los Derechos Humanos»; 3) «Las empresas deben apoyar la libertad de afiliación y el reconocimiento efectivo del derecho a la negociación colectiva»; 4) «Las empresas deben apoyar la eliminación de toda forma de trabajo forzoso o realizado bajo coacción»; 5) «Las empresas deben apoyar la erradicación del trabajo infantil»; 6) «Las empresas deben apoyar la abolición de las prácticas de discriminación en el empleo y la ocupación»; 7) «Las empresas deberán mantener un enfoque preventivo que favorezca el medio ambiente»; 8) «Las empresas deben fomentar las iniciativas que promuevan una mayor responsabilidad ambiental»: 9) «Las empresas deben favorecer el desarrollo y la difusión de las tecnologías respetuosas con el medioambiente»; y 10) «Las empresas deben trabajar contra la corrupción en todas sus formas, incluidas extorsión y soborno». Pacto Global. Naciones Unidas, “Quienes somos/Pacto Mundial de las Naciones Unidas” – “Diez principios”: [On line]. Disponible en web: https://www.pactomundial.org

[13] Naciones Unidas (2019), Informe de los objetivos de desarrollo sostenible 2019, p. 10. [On line]. Disponible en web: https://www.un.org/sustainabledevelopment/progress-report/

[14] Conferencia de ONU sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (1992); Declaración de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, “Principio 7: Los Estados deberán cooperar con espíritu de solidaridad mundial para conservar, proteger y restablecer la salud y la integridad del ecosistema de la Tierra. En vista de que han contribuido en distinta medida a la degradación del medio ambiente mundial, los Estados tienen responsabilidades comunes pero diferenciadas. Los países desarrollados reconocen la responsabilidad que les cabe en la búsqueda internacional del desarrollo sostenible, en vista de las presiones que sus sociedades ejercen en el medio ambiente mundial y de las tecnologías y los recursos financieros de que disponen”. [On line]. Disponible en web: https://www.un.org/spanish/esa/sustdev/agenda21/riodeclaration.htm.

[15] “La Cooperación Internacional es la relación que se establece entre dos o más países, organismos u organizaciones de la sociedad civil, con el objetivo de alcanzar metas de desarrollo consensuadas. También se refiere a todas las acciones y actividades que se realizan entre naciones u organizaciones de la sociedad civil tendientes a contribuir con el proceso de desarrollo de las sociedades de países en vías de desarrollo. De esta manera, la cooperación puede darse en diferentes niveles, direcciones y formas, dando origen a la Cooperación Sur-Sur, la Cooperación Triangular, y la Cooperación para el Desarrollo Nacional.

La Cooperación Internacional nace en 1945 a partir de la firma de la Carta de San Francisco, o Carta de las Naciones Unidas, cuyo capítulo IX está dedicado a la Cooperación Internacional Económica y Social”, AGCID, Chile, “La cooperación internacional” [On line]. Disponible en web: https://www.agci.cl/que-es-la-cooperacion

[16] Con financiamiento climático se hace referencia al financiamiento transnacional, el cual se puede obtener de fuentes de financiamiento públicas, privadas y alternativas. El financiamiento climático es crítico para abordar el cambio climático porque se requieren inversiones de gran escala para reducir significativamente las emisiones, en particular en sectores que emiten grandes cantidades de gases de efecto invernadero. El financiamiento climático es igualmente importante para la adaptación, para lo cual se requerirán, de igual modo, recursos financieros considerables para permitir que los países se adapten a los efectos adversos y reduzcan los impactos del cambio climático (Cfr. ACT Alianza [2018)], Guía de recursos para financiamiento climático. Una orientación para fuentes de fondos para programas y acciones para el cambio climático”, Ginebra, Suiza, p. 3. [On line]. Disponible en web: https://actalliance.org/wp-content/uploads/2018/06/SPANISH-quick-guide-ES-web.pdf ).

[17] Discurso ante el Foro del Sector Privado realizado el 26 de septiembre 2015, el día después de que la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptara la Agenda 2030.

 

Palabras claves: Agenda 2030 – Ahorro empresarial – Ambiental- Ambiente – Cambio climático – Certificación – Crisis- Económico-  Ecosistemas- Eficiencia – Eficacia – Desarrollo económico- Desarrollo sostenible – Empresa- Finanzas sostenibles- Igualdad- Negocios – Objetivos del milenio– Objetivos de Desarrollo Sostenible- ODS- Pacto Global – Social- Sostenible – Sostenibilidad – Sustentable- Sustentabilidad-

 

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