La ciencia, la técnica y la gestión, una controversia para el manejo sustentable de los bosques nativos

La Ciencia y la Técnica dice saber cómo los bosques deben ser manejados, y ha dado muestras de ello. Ahora, solo falta que lo sepan los Estados y gran parte de los productores de este país federal. Para esta situación hay una máxima que vale la pena recordar: “saber y no hacer, es no saber”. (*) Escriben Luis Chauchard , Javier Grosfeld, Juan Gowda y Hernán Attis Beltrán. 

(*) Por Luis Chauchard, director de la sede Universidad Nacional del Comahue (AUSMA), Ex–Jefe Departamento Forestal, Administración Parques Nacionales, Ex–Director de Bosques de la Nación, MAyDS ; Javier Grosfeld , CPA Principal CCT Patagonia Norte, ex Subsecretario de Bosques, Río Negro, ex investigador CONICET; Juan Gowda, Investigador en dinámica de bosques, CONICET Consultor forestal, ex Jaakko Pöyry Consulting; y Hernán Attis Beltrán, Investigador y docente, AUSMA.

 

El manejo de cualquier recurso tiene implícita su utilización, sea ésta para generar productos tangibles y/o servicios intangibles. Para alcanzar ese propósito es necesario que los sistemas manejados, fuentes de estas provisiones, perduren en el tiempo. En el caso de los bosques nativos podríamos definir tres grandes ejes de actuación: conservar (en el sentido de preservar como fuente inalterada), producir (en el sentido de conservar como fuente alterada) y/o restaurar (en el sentido de revertir su degradación). En los tres casos, al bosque se le asigna un valor como fuente de bienes y servicios, el cual, según el caso, debe recuperarse y/o mantenerse a perpetuidad.

Toda decisión de manejo de un recurso natural implica un análisis de estado o diagnóstico para, luego, escoger el mejor camino que implique mejorar o mantener el valor del objeto manejado. Tanto la acción como la inacción pueden surgir de una decisión de manejo.

Desde fines de los años 80 la aplicación del término “sustentabilidad” surgió como condición y aspiración para toda acción del ser humano asociando e integrando los factores económico, social y ambiental.

En primer lugar, la sustentabilidad del manejo enfocado a la producción forestal continuará dependiendo del resultado económico para quien lo ejecute y para quienes estén directa e indirectamente vinculados a la cadena o conglomerado productivo. En segundo lugar, desde lo social, a la hora de definir los objetivos para un manejo adecuado del bosque nativo debemos llegar a un acuerdo entre el sector forestal y la sociedad sobre qué pretendemos de los mismos. En tercer lugar, la valoración ambiental del manejo forestal fue evolucionando y haciéndose más compleja que los otros dos componentes, al integrar hoy la producción a conceptos asociados a la estructura y dinámica de los bosques, su biodiversidad funcional y biológica, así como su resiliencia en escenarios de Cambio Climático.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que analizar la sustentabilidad de un proceso, aislando uno de los componentes (económico, social o ambiental) y sin tener en cuenta las interacciones con el resto, limita la validez de los resultados. Ello nos ratifica que el concepto de sustentabilidad, siempre asociado al hombre y los procesos, es indivisible en sus componentes. Aún más, la experiencia posterior muestra que el intento de integración entre esta tríada de factores puede resultar infructuosa o bien insuficiente en muchas regiones del planeta, para generar un proceso sustentable en muchas iniciativas debido a la existencia de otros factores, usualmente no considerados, que actuaron negativamente.

¿Es posible alcanzar el Manejo Forestal Sustentable (MFS) en Argentina?. La complejidad del desafío aumentará con la escala, si consideramos al propietario, a una cuenca productiva, a una provincia, a una región o al país. Y con el aumento de la complejidad, cobran importancia nuevos factores determinantes de la calidad del proceso, y sobre todo, va aumentando la incidencia de un actor fundamental… el Estado o la jurisdicción, sin el cual, sería imposible promover procesos sustentables para direccionar el desarrollo.

Consideramos que la principal causa que limita las posibilidades de alcanzar el MFS es la baja institucionalidad de los Estados, dada por la falta de jerarquización de las Autoridades de Aplicación y sus débiles estructuras que no permite ofrecer a los propietarios y la sociedad una adecuada calidad de gestión e interacción. Se podría listar una larga enumeración de factores negativos que, sin embargo, son consecuencia de la débil institucionalidad (como incumplimientos de los compromisos con los propietarios, insuficiente integración de la gestión con el conocimiento que aporta la ciencia y la técnica, falta de procesos que promuevan integralmente la cadena de valor de los productos forestales, la debilidad e inconsistencia de los planes de manejo u ordenación forestal, ausencia de una planificación estratégica de los usos de la tierra, elevada actividad informal en el mercado de productos, limitados avances tecnológicos e industriales, inadecuados incentivos fiscales, etc.). Y seguramente se podrán aportar muchos otros, pero es importante identificar y diferenciar causas y consecuencias en la debilidad para alcanzar procesos sustentables, pues la solución sostenible comenzará cuando se ataquen las causas.

En nuestro país, el concepto de sustentabilidad fue acompañado de las controversias y acuerdos internacionales, sin embargo continúa teniendo una fuerte connotación académica. Desde el momento en que se analiza la decisión de iniciar el manejo de un bosque, hay dos elementos clave: quién o quiénes lo gestionaron y para qué escala territorial.

Desde el punto de vista del propietario, la finalidad enfocará en su propiedad y el negocio económico, pero desde el punto de vista del Estado, la escala mínima debería ser la cuenca socio-productiva y con una clara finalidad de promover el desarrollo integrando a todos los usos.

Es posible encontrar en Argentina, como en Latinoamérica, casos de asociación exitosa entre la ciencia y la técnica y la gestión de empresas o propietarios; que manejan los bosques con altos estándares de responsabilidad ambiental y social, y además bajo intensos monitoreos. Pero estos casos suelen ocurrir en sitios específicos (una propiedad), en un escenario general de deterioro del ambiente por prácticas inadecuadas o falta de planificación estratégica sectorial, por lo que a estas iniciativas se las denomina como “casos envasados o enlatados”. Estos se llevan exitosamente a cabo, básicamente por iniciativas propias, de particulares o empresas, de llevar adelante un manejo forestal sustentable y, a la vez, el Estado no tiene ni la voluntad ni la capacidad suficiente para fomentar la replicación de ese proceso exitoso en el resto de la región.

El MFS y las políticas públicas

En política pública el Manejo Forestal Sustentable debería considerar al nivel de cuenca o región forestal como la unidad mínima de planificación y acción de manera que esta planificación estratégica, aún sectorial, tendría que contener al conjunto de propietarios y usos dentro de ella. En esta planificación integral, la Ordenación de los Bosques públicos y privados de la cuenca tendrá la finalidad de promover el desarrollo de las comunidades de la misma. Entonces, así como es poco factible concebir un plan de manejo predial sustentable sin un marco institucional adecuado, un plan de manejo a escala de cuenca no será viable sin la participación activa de quienes habitan dicha cuenca, que haga conjugar sus intereses, los cuales serán los que guíen su formulación, aprobación y ejecución.

Si bien existe hoy en la academia una base de conocimiento adecuada para comenzar a manejar gran parte de los bosques nativos según criterios asociados a su estructura y dinámica, la mayoría de las prácticas de manejo no supera la escala experimental, aún dentro de una propiedad. Es inusual identificar casos de manejo sostenido a escala productiva que consideren a la cuenca y al conjunto de propiedades y comunidades allí contenidas.

Manejo sostenido logrado en el PN Lanín

Un caso excepcional, que ha recibido poca atención, y se desarrolla en Patagonia norte, es el del manejo del bosque mixto de raulí, coihue y roble pellín (Nothofagus) en el Parque Nacional Lanín, único caso identificado de manejo a escala de cuenca productiva con 30 años de actividad ordenada y sistematizada llevada adelante por parte del Estado Nacional.

Este proceso conjuga conservación, manejo silvícola para la producción maderera (1.000 a 3.000 m3/año, a razón de 100 a 300 m3/ha), investigación (INTA, CONICET, Universidades) y educación (Sede de San Martín de los Andes de la Universidad Nacional del Comahue, y la participación en varios tramos de las carreras de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales de la Universidad Nacional de La Plata).

El análisis central muestra que este caso tiene justamente como aspecto central de ejemplaridad, que es el Estado, en la figura de la Administración de Parques Nacionales (APN), el que ha promocionado, guiado, ejecutado y monitoreado el manejo forestal a través de planes sistematizados en campos privados y públicos de la Reserva Nacional Lanín. Este posicionamiento ha permitido llevar adelante el concepto de manejo forestal adaptativo, el cual ha contribuido a un desarrollo forestal local, ambiental, económico y socialmente aceptable y beneficioso. Otro aspecto ejemplar lo constituye el foco de cuenca o paisaje que ha tenido la planificación, que involucra las zonas de aprovechamiento, articuladas con las de otros usos y con las de protección o conservación estricta. Esta escala de trabajo es lo que ha permitido trascender el manejo de un propietario o unidad determinada. Este caso puede considerarse como un éxito entre la generación del conocimiento (Ciencia y Técnica) y la gestión del mismo para el uso y conservación de los bosques (autoridad de aplicación y propietarios). Y posiblemente más importante sea el hecho que esa construcción generó un proceso sostenible y retroalimentado, en donde los efectos benéficos en el campo social, económico y ambiental se hicieron visibles por una participación activa de los Estados (Nacional, Provincial y Municipal), particulares (propietarios, concesionarios, contratistas, transportistas e industriales) y organismos de Ciencia y Técnica.

Cuenca Forestal lagos Lácar-Nohtué, Reserva Nacional Lanín. Algunas unidades de manejo forestal en tierras públicas, entre áreas de conservación, unidades de manejo de propietarios privados (criollos y pueblos originarios), áreas de recreación, centros poblados, étc.

 

Este proceso cobra más relevancia si consideramos, que todos los proyectos públicos y privados iniciados en esta cuenca de la Reserva Nacional Lanín, no pudieron acceder a ningún beneficio o incentivo de la Ley de Bosques N° 26.331 a lo largo de sus diez años de vida.

Por otra parte, desde la ciencia ha generado también un impacto positivo la asociación inter-institucional entre el grupo de genética de INTA Bariloche, los investigadores de la Universidad Nacional del Comahue y los de la Administración de Parques Nacionales. Esto permitió grandes avances en el conocimiento de la ecología y manejo del bosque, el que se fue volcando a la co-gestión del mismo, dando nacimiento a conceptos como el de silvo-genética que ha constituido la base de la silvicultura actual de estos bosques templados mixtos.

En Argentina, a poco más de 10 años de la aprobación de la “Ley de Bosques Nativos”, y con más de 5.000 planes de toda índole, presentados y aprobados en este período, no es posible encontrar planes de manejo productivo plurianuales que tengan un plan estratégico de intervención predial de mediano plazo y con una visión de largo plazo.

Tampoco se pueden encontrar ejemplos de ejecución mayores a cinco años para mostrar aspectos de sostenibilidad.

 ¿Es posible identificar casos que puedan considerarse ejemplares y que valgan la pena analizar en base a su éxito y proyección? Ello daría una llave para acceder a claves que hiciesen posible sortear limitaciones para tender al manejo sustentable, y con ello dar forma a un proceso de aprendizaje. Sin embargo, se podrá avanzar hacia el MFS, recién cuando los planes prediales estén contenidos en uno superior, estratégico, que abarque toda una cuenca o región y el Estado sea protagonista.

La baja calidad de la gestión de los Estados en cada jurisdicción, atenta claramente a todo nivel territorial, tanto para promover la existencia de casos ejemplares, como para replicarlos. Lamentablemente, en este escenario hay una consecuencia que puede considerarse indicador de la dificultad, y es que todavía no está claro qué rol tiene un plan de manejo y en función de ello cómo debe conformarse, qué horizonte de planificación debe contener y cómo se debe ejecutar, controlar y monitorear. El plan de manejo debería ser la hoja de ruta hacia el largo plazo. En definitiva, que sea un instrumento imprescindible para las buenas prácticas y así promover el desarrollo.

La Ciencia y la Técnica dice saber cómo los bosques deben ser manejados, y ha dado muestras de ello, ahora solo falta que lo sepan los Estados y gran parte de los productores de este país federal. Para esta situación hay una máxima que vale la pena recordar, “saber y no hacer, es no saber”.

 

 

Este artículo forma parte del espacio mensual de la REDFOR.ar en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores. 

 

 

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