Para investigadores de la UBA y la UNSE, es “factible” la recuperación de los bosques del Chaco Semiárido

Sostienen que los nuevos montes que crecen en esta región, al cesar la agricultura, comienzan a parecerse en funcionamiento y biodiversidad a los originales a partir de los 15 y los 30 años desde el abandono, respectivamente. Proponen recategorizar estas áreas en la Ley de Bosques.

Fuente: FAUBA – SLT (Sobre la Tierra)

BUENOS AIRES (8/5/2019).- Al igual que en muchas regiones del mundo, los bosques del Chaco Semiárido argentino están amenazados por el desmonte para implantar cultivos agrícolas como soja y maíz. En algunos casos, ya sea por causas económicas o por procesos sociales, los productores abandonan la agricultura y el monte vuelve a crecer.

Un estudio de doctorado realizado en la Escuela para Graduados de la Facultad de Agronomía de la UBA (EPG-FAUBA) determinó que la productividad de estos ‘nuevos bosques’ y la de los originales se igualan a los 15 años de abandono de la agricultura, mientras que la diversidad de especies vegetales se equipara recién a partir de los 30 años. Los investigadores resaltan que esta información abriría el debate para una eventual reclasificación de las áreas ‘blancas’ dentro de la Ley de Bosques y a la posibilidad de restaurar el bosque nativo en zonas desmontadas ilegalmente.

“Nuestra idea fue estudiar si en el Chaco Semiárido, los nuevos bosques que crecen en los campos donde se deja de hacer agricultura —a los que llamamos bosques secundarios— recuperan o no características de los bosques originales —o remanentes—, ya sea desde aspectos de su funcionamiento, por ejemplo, su productividad, como de las especies que los integran. Y si se recuperan, en cuántos años sucede”, comentó María de los Ángeles Basualdo, docente de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Santiago del Estero y reciente Doctora en Ciencias Agropecuarias en la EPG-FAUBA bajo la dirección de Gervasio Piñeiro, docente de la cátedra de Ecología de esa Facultad.

Ubicación de los sitios donde se llevó a cabo la investigación en la región del Chaco Semiárido argentino. El sector en rojo abarca el área estudiada

María de los Ángeles explicó que para detectar las áreas a investigar usó una serie de varios años de imágenes satelitales de distintas regiones de Salta y Santiago del Estero. “En total identificamos 33 sitios con tres tipos de áreas adyacentes: desmontadas donde ya no se hacía más agricultura, cultivos y bosques remanentes. A partir de las imágenes también pudimos calcular la edad de los bosques secundarios. A partir de esta información los comparamos entre sí”.

Tiempo al tiempo

“Una forma de analizar cómo impactan los cambios en el uso de la tierra sobre estos ecosistemas es a través de los cambios en la cantidad de luz solar que interceptan, lo cual se relaciona con su productividad. Esa intercepción la estimamos por medio de imágenes satelitales. Al comparar los bosques secundarios con los originales encontramos que, en los primeros años, los secundarios interceptan más luz. Las diferencias entre ambos tipos de bosque desaparecen tras los primeros 15 años desde que se abandona la agricultura”, destacó Basualdo.

Con el tiempo, los bosques secundarios vuelven a parecerse en parte a los originales. Esto permitiría reclasificarlos en la Ley de Bosques, donde actualmente figuran como ‘no-bosque’

La investigadora añadió que realizó la misma comparación para otro aspecto fundamental de estos bosques: las especies vegetales que los componen. “Los resultados de mi tesis muestran que, en promedio, recién alrededor de 30 años a partir de que se dejan de cultivar los campos, los bosques secundarios y los remanentes comienzan a parecerse entre sí en cuanto a la diversidad de plantas que los habitan, desde arbustos hasta árboles”.

“También vimos que los cultivos —maíz y soja, en particular— presentaron generalmente valores anuales de intercepción de radiación solar más bajos que los bosques secundarios y remanentes. Por su parte, la productividad anual fue poco estable en los cultivos y en el bosque secundario, dependiendo mucho de la precipitación de cada año, mientras que la productividad del bosque remanente fue más estable en el tiempo y se relacionó, sobre todo, con la lluvia de los años anteriores”, puntualizó.

 

Se renuevan las opciones

“Cuando una mira un monte secundario de pocos años, lo que ve es un sitio muy arbustizado. Lógicamente, la tentación de pensar que el bosque original es irrecuperable es grande. Sin embargo, esa es una apreciación muy subjetiva, ya que hay procesos y propiedades de los suelos y de la vegetación que están teniendo lugar, y que aunque no se aprecien a simple vista es necesario cuantificarlos para sacar conclusiones sobre bases concretas. Y eso es lo que hice en mi tesis”, dijo María de los Ángeles a Sobre La Tierra.

Para Basualdo, la recuperación de las especies en los bosques secundarios se podría acelerar por medio de una restauración pasiva que involucra la clausura de las áreas afectadas

El título de la publicación de Basualdo y colaboradores en la revista Science of the Total Environment comienza con la pregunta Lost Forever?…(¿Perdidos para Siempre?). Para la investigadora, el mensaje del trabajo es que los bosques ‘no están perdidos’, y remarcó enfáticamente que “de ningún modo se debe interpretar esto como un aval a los desmontes, sino todo lo contrario. En nuestro trabajo verificamos que hay atributos como la productividad o el carbono del suelo, entre otros, que se pueden recuperar, y esto nos lleva a pensar que estas áreas deberían ser reconsideradas en la Ley de Bosques. Esto abre la posibilidad de que las áreas desmontadas ilegalmente dejen de ser cultivadas y se promueva la recuperación del bosque nativo”.

En ese sentido, agregó: “Bajo esta ley, muchas de las áreas desmontadas están pintadas de blanco y son consideradas como ‘no-bosque’. Salvo que algún productor haga un pedido expreso o un reclamo, van a seguir clasificadas así. A partir de nuestro trabajo pensamos que algunas áreas se podrían recategorizar. Pero habrá que esperar al próximo ordenamiento”.

Otra vez el verde de mi bosque

“Para comprender mejor la recuperación de los bosques secundarios en esta región se necesitarán nuevas investigaciones que profundicen en los cambios en la estructura y en las especies vegetales de estos montes” (Basualdo)
Basualdo destacó que a partir de su doctorado se generó una información valiosa para esta región desmontada en la que no había estudios sobre la recuperación de campos luego de la agricultura. “Pensamos que nuestros resultados serán útiles para encarar el manejo y la restauración de esas áreas. Una podría pensar en clausurarlas para llevar adelante una restauración pasiva. O bien, si se quiere acelerar el proceso de recuperación, realizar una restauración activa incorporando plántulas de especies nativas, dependiendo del objetivo de esa recuperación”.

“Aunque aún se necesita investigar mucho más distintos aspectos de la restauración, al menos ya sabemos que a estos sitios no hay que considerarlos como ‘no-bosque’ luego del desmonte. Además de la multa se debería estipular que sigan su curso desde la recuperación. Ahora sabemos que el bosque puede recuperarse y volver a proveer energía, regular el clima, retener agua o capturar carbono, entre muchos otros servicios ecosistémicos”, concluyó.

 

 

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