CIFOR: estudio indicaría que plantaciones forestales a escala no han demostrado en forma positiva impactos socioeconómicos para las comunidades 

Una revisión de casos de estudio fue realizado por Investigadores del Centro para la Investigación Forestal Internacional(CIFOR), la Universidad de Helsinki y la Universidad de Yale, principalmente de operaciones forestales de escala en el sureste asiático, Sudamérica, África y Australasia, donde se evidenció que fueron muy inusuales aquellos a nivel local con impactos completamente positivos. En la actualidad, los monocultivos de árboles a gran escala, manejados intensivamente, representan aproximadamente el 1% de los bosques a nivel global. Esta área relativamente pequeña, abastece alrededor de un tercio de  la madera industrial en rollo a nivel mundial. 

Fuente: CIFOR

 

ESTADOS UNIDOS (ENERO 2019).- Investigadores del Centro para la Investigación Forestal Internacional(CIFOR), la Universidad de Helsinki y la Universidad de Yale analizaron 92 artículos sobre casos de estudio de todo el mundo, principalmente del sureste asiático, Sudamérica, África y Australasia. “Fue muy inusual que los impactos fueran completamente positivos”, dijo el principal autor Arttu Malkamäki, de la Universidad de Helsinki.

“Con base en la evidencia que revisamos, es muy difícil mantener el argumento de que las plantaciones han tenido impactos positivos en el bienestar a nivel local”.

Los impactos fueron peores cuando el establecimiento de una plantación resultó en comunidades perdiendo el acceso a la tierra de la dependían para sus medios de medios de vida y cultura. “Esto tiende a tener impactos muy drásticos a nivel local. El balance entre beneficios y pérdidas puede ser intolerable para muchas comunidades, según lo que encontramos. No importa lo que siga, podría no ser capaz de compensar las pérdidas acarreadas”.

Los sistemas locales de derechos a la tierra y la gobernanza también afectan la severidad de los impactos. En muchas partes del sureste asiático y África, la tierra le pertenece al Estado, y los gobiernos tienen el poder de otorgar concesiones a empresas –independientemente de quién podría estar viviendo o usando esa área–.“Desde la ciudad capital, mirando a través de un mapa, podrían parecer ‘páramos’, pero raramente lo son”, señaló Malkamäki.

“Cuando las personas cuentan con una tenencia de la tierra y derechos claros suelen tener mejores acuerdos en términos de compensaciones y su poder de negociación”, agregó su coautor Nicholas Hogarth. “Si no cuentan con tenencia de la tierra o derechos, tienden a ser forzados a salir del camino, algunas veces literalmente”.

 

 

MATE  Y MIEL

El interés de Malkamäki en los aspectos sociales de las plantaciones de árboles se despertó cuando hizo trabajo de campo en Uruguay (donde se convirtió “instantáneamente en un aficionado del mate” –la popular bebida con cafeína, que parece té, y que se disfruta ampliamente en aquel país–).

En aquel tiempo Malkamäki estudiaba a los apicultores del oeste del país. El reemplazo de la biodiversidad en los pastos por monocultivos de eucaliptos tuvo un amplio impacto en las familias de los apicultores, aseguró, aunque en este caso no fue completamente negativo.

El impacto fue moderado por la elección de especies de eucaliptos sembradas, las que florecen abundantemente por una corta temporada, permitiendo a los apicultores usar esta nueva fuente de néctar para obtener miel.

Sin embargo, esto los hizo profundamente dependientes de las empresas forestales, con poca capacidad de resiliencia en el caso de que los gerentes de las plantaciones decidieran plantar otras especies menos amigables con las abejas, explicó Malkamäki. Las empresas deberían considerar el bienestar de la comunidad en su toma de decisiones, afirmó.

“¿Para tener una ganancia moderada en la productividad de los árboles valdría la pena perder un medio de vida importante para cientos de familias de apicultores? se pregunta Malkamäki.

Con base en la evidencia que revisamos, es muy difícil mantener el argumento de que las plantaciones han tenido impactos positivos en el bienestar a nivel local”

 

 

UNA HOJA DE RUTA PARA LLENAR VACÍOS

Aquel estudio fue uno de los 92 que se incluyeron en el análisis. Las revisiones sistemáticas básicamente utilizan la evidencia disponible hasta ese momento sobre un tema en particular, usando un protocolo específico para evitar sesgos al elegir los estudios, indicó Hogarth.

Los investigadores revisaron 20 mil artículos que podían contener información relevante, y de ellos sólo 92 cubrieron los estrictos criterios predeterminados para ser incluidos. Los estudios tenían que ser relevantes en relación a la pregunta de investigación y cubrir ciertos indicadores de calidad.

Esta técnica proviene de la medicina, en donde una prueba aleatoria, controlada, y doblemente enmascarada puede ser fácilmente comparada con otra, aunque esto no es tan fácil en investigación socio-ambiental, según Hogarth, debido a la falta de coordinación y consistencia con los métodos y las definiciones, añadió.

“Aún algo tan básico como ‘¿qué es una plantación de árboles, o qué es un bosque?’, no es claro. Puedes recurrir a 100 artículos y obtendrás docenas de definiciones, con diferencias en lo que incluyen y lo que no”.

Tal vez el principal hallazgo de la revisión, y una advertencia importante, es que todavía hay mucho que no sabemos: “Evidencia sólida sobre los impactos socioeconómicos a largo plazo de las plantaciones forestales a gran escala sigue siendo limitada”, concluyeron los autores.

“En muchos sentidos es una hoja de ruta para cubrir los vacíos en el conocimiento, y mejorar la forma en la que hacemos investigación”, señalo Hogarth. “Generalmente, las descripciones de los métodos son hechas a la ligera, necesitamos mejores formas de medir el impacto y formas de remover sesgos en la selección”.

Muchos de los estudios vienen de partes del mundo donde hay conflictos entre las empresas que tienen plantaciones y las comunidades locales; mientras áreas con menos conflictos –donde los impactos podrían ser positivos– parecen estar poco representados.

Además, la mayoría de los estudios se llevaron a cabo poco tiempo después de que se cambió el uso del suelo, con pocos casos de estudios longitudinales, aseguró Hogarth.

“Conforme las plantaciones de árboles maduran, las comunidades locales podrían comenzar a ver más beneficios, como empleo en el procesamiento local, o ser capaces de cosechar hongos, leña, u otro tipo de productos forestales. El punto es que necesitamos estudios de largo plazo para realmente ver si con el paso del tiempo hay beneficios a nivel local”.

Espero que las empresas sean más conscientes de sus impactos, y que planeen sus estrategias con anticipación. Necesitan tomar en consideración cómo sus plantaciones impactarán a los diferentes grupos a nivel local y al medio ambiente del que depende su bienestar –antes de plantar los árboles–”

 

 

HABLEMOS DE ÁRBOLES

Con frecuencia, los científicos no tienen la oportunidad de hablar de su investigación cara a cara con la gente que les gustaría que supiera de ella, así que cuando Hogarth recibió una invitación para participar en el Diálogo sobre Plantaciones de Árboles en el Paisaje, en noviembre de 2018, decidió hacer el esfuerzo de viajar desde Finlandia al otro lado del mundo en Rotorua, Nueva Zelanda.

La conversación, organizada por The Forests Dialogue, New Generation Plantations y Scion, reunió una mezcla internacional de actores, desde empresas con plantaciones hasta diseñadores de políticas, representantes indígenas y organizaciones no gubernamentales (ONG). “Fue la audiencia que había soñado para este estudio”, dijo Hogarth. “Eran exactamente a quienes queríamos llegar”.

En las sesiones, durante la comida, en el autobús y mientras visitaban plantaciones de pino manejadas por grupos locales e indígenas Maorí, Hogarth pudo hablar uno a uno sobre sus resultados de estudio. La respuesta fue positiva, afirmó.

“Estaba esperando la oposición de parte de la gente de la industria, pero quienes leyeron el texto se dieron cuenta de que tratamos de ser neutrales en la medida de lo posible”.

A través de este diálogo, hay ahora un canal de comunicación que va de los investigadores hacia los actores.

“En el futuro [los resultados de] la investigación irán directamente a  quienes diseñan políticas, a la industria, a la sociedad civil y aquellos que desean hacer o facilitar inversiones más sostenibles en las plantaciones”, agregó Hogarth.

“Queremos usar lo que hemos aprendido con esta revisión para promover ciencia rigurosa e independiente, y llegar directo a los actores involucrados”.

Ignorar los problemas no es una opción. Las predicciones indican que la creciente población mundial y el aumento en el consumo podrían triplicar la demanda de madera y otros productos forestales para el año 2050. Durante el mismo periodo se espera que el área de plantaciones de árboles a gran escala se duplique.

“Esto no va a desaparecer. Conforme aumenten el número de plantaciones y la competencia por la tierra, habrá mayor potencial para el conflicto, y una mayor necesidad de hacer lo correcto”, explicó Hogarth.

 

“Hay una enorme demanda de productos del bosque. Así que, ¿cómo podemos producir más en superficies menores sin afectar negativamente a las comunidades? Esta es un área de investigación muy importante”.

 

Para la industria, un primer paso sería consultar con las comunidades locales antes de cualquier desarrollo, ofrecer compensaciones justas por cualquier pérdida de la tierra y establecer foros donde los reclamos puedan ser inmediatamente atendidos.

“Espero que las empresas sean más conscientes de sus impactos, y que planeen sus estrategias con anticipación. Necesitan tomar en consideración cómo sus plantaciones impactarán a los diferentes grupos a nivel local y al medio ambiente del que depende su bienestar –antes de plantar los árboles–”.

 

 

 

 

 

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