¿Por qué dos varas para el bosque?

A pesar de que en sus raíces el sector forestal argentino no hace diferencias entre bosque nativo e implantado (Ley Nac. 13.273/49), aceptamos hoy como algo natural que las forestaciones con especies exóticas hayan quedado legal y administrativamente disociadas de nuestros bosques naturales. Escribe: Juan H. Gowda. Investigador Adjunto CONICET; Laboratorio Ecotono INIBIOMA (*)

 

Unidos hace 70 años, divorciados desde 1995

La división entre bosque nativo e implantado se gestó durante décadas, llegando al divorcio el año 1995 a través de dos decretos del Ejecutivo Nacional: El 710/95, de actualización de la Ley Nac.  13.273, que elimina todo mecanismo de promoción de actividades silvícolas en bosque nativo así como el nunca creado Fondo Forestal; y el 711/95 que inicia un ciclo de promoción a las forestaciones centrado en el monocultivo de especies de rápido crecimiento, cuya administración dependerá la SAGPyA, dejando la administración del bosque nativo en manos de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.

A partir de ese momento, el manejo del bosque nativo queda oficialmente abandonado por el sector productivo, administrativo y académico (salvo honrosas excepciones), que se centrará en el manejo e impacto ambiental de las forestaciones. Por alguna razón que aún no entiendo, empezamos a utilizar dos varas para el bosque.

A partir del año 2007, la Ley 26.331 nos permitió manejar de forma sustentable 40 millones de hectáreas de bosques nativos. Luego de once años de promulgada dicha Ley, me surgen muchas preguntas que no puedo contestar. Comparto algunas con la esperanza de que me ayuden a responderlas: ¿Somos capaces de manejar nuestros bosques nativos? ¿O sólo deberemos manejar forestaciones? ¿Cuán productivos son los bosques nativos? ¿Vale la pena manejarlos? Empecemos por ver cuánto producen hoy bosques nativos e implantados.

¿Hay bosque nativo productivo?

En la Argentina hay 53.654.545 hectáreas de bosques nativos declaradas por las provincias, de las cuales el 19% fue categorizado como de alto valor de conservación (Categoría I), el 61% como de aptitud para manejo sustentable (Categoría II) y el 20% restante como de bajo valor (Categoría III) por lo que hoy el 81 % de nuestros bosques, podría manejarse.

Dado que la Ley de Bosques se generó bajo el paradigma de la conservación no tenemos hoy un mapa de productividad del bosque nativo. Veamos al menos cuál es su realidad en términos de extracción maderera:

La extracción acumulada de especies nativas desde la implementación de la Ley (2007-2016) totaliza 26 millones de m3 o unos 0.06 m3/ha/año. ¿Tal vez sólo quedan bosques en tierras no productivas? ¿O nuestros bosques no son productivos por lo que no permiten un manejo económicamente sustentable? El 67% de lo extraído es leña, lo que indica que el bosque nativo es hoy una fuente de energía renovable. A menos que dicha extracción esté asociada a procesos de conversión a otros usos.

Dado que la deforestación está íntimamente ligada a la capacidad de sus suelos para producir cereales, soja y pasturas, podríamos concluir que al menos inicialmente las tierras que se deforestan son productivas. Su manejo (post mortem) consiste en pasarlas al Ministerio de Producción, previa cosecha, rolado o quema de sus bosques. Desde la promulgación de la Ley se han perdido 3 millones de hectáreas de bosque nativo. Si estas tierras tuvieron unas 50 m3/ha de rollizos y leña, la deforestación del bosque nativo habría generado no menos de 150 millones de m3, 6 veces más que lo que se extrae oficialmente. Desgraciadamente, sólo computamos esa producción como emisiones de carbono del sector forestal (Ver Gráfico 1).

Finalmente, podríamos proponer indicadores de productividad basados en variables edáficas y climáticas. Si bien algunos grupos de investigación han desarrollado buenos modelos de crecimiento, no ha surgido aún a nivel nacional la necesidad de elaborar mapas de productividad para el bosque nativo. ¿Tal vez simplemente no consideremos al bosque nativo como productivo y por eso no lo es?

Mi conclusión es que la productividad maderera del bosque nativo en Argentina es prácticamente nula, dado que la misma sólo puede evaluarse en un contexto de manejo. El día que empecemos a manejarlos con objetivos explícitos veremos cuán productivos son en términos de los bienes y servicios que consideremos importantes, pero también aprenderemos mucho sobre sus habitantes y dinámica.

 

¿Las forestaciones son sustentables?

Nadie duda de la capacidad productiva de nuestros suelos. Hemos forestado praderas, “tierras marginales”, bosques nativos y “capueras” obteniendo crecimientos superiores a los 40 m3/ha/año. Tras cuatro décadas de incentivos, tenemos hoy 1,3 millones de hectáreas de forestaciones, con una producción media de 10 m3/ha/año y una industria forestal sujeta a crisis recurrentes. A pesar de ello seguimos subsidiándolas por lo que existen dos posibilidades en términos económicos:

  1. Que las forestaciones no sean económicamente sustentables, por lo que estaríamos subsidiando a la industria forestal
  2. Que sean sustentables y por lo que estaríamos gastando dinero en aumentar la renta económica de quienes forestan.

Dado que el precio de mercado de rollizos y leña de pino cuya implantación fue subsidiada es por lo general inferior al de especies nativas, provenientes de regeneración natural y sin manejo, deberíamos preguntarnos si las forestaciones son económicamente sustentables y si convendría subsidiar el manejo silvícola de la regeneración natural en bosques nativos.

¿Es posible unificar la administración de nuestros bosques?

Creo que si queremos dejar de perder superficie de bosque nativo debemos fomentar su manejo productivo y su valorización. Subsidiar la recuperación productiva de nuestros suelos y velar por que la misma no se pierda debido a prácticas extractivas de corto plazo debería ser política de estado.

Imagino un Ministerio de Producción que sustente una política de largo plazo de esta recuperación productiva. Sus métricas deberían estar asociadas a las mejoras en la calidad de vida de nuestra población rural, la calidad de nuestra dieta y la sustentabilidad de nuestra producción.

La Secretaría de Ambiente es hoy responsable del monitoreo de la sustentabilidad ambiental y social del sector productivo, mandato para el que tiene personal idóneo. Como tal, se fortalecería al dejar de ser juez y parte en la administración del manejo sustentable del bosque nativo, mandato para el que hoy carece de capacidad operativa.

Lluvia de ideas

Hace unos meses pregunté en el foro de la REDFOR.ar si era conveniente unificar la administración a nivel Nacional del Bosque Nativo e Implantado. Dejo algunos conceptos que me dejó el debate con la esperanza de que sumemos diagnósticos y propuestas para el manejo sustentable de nuestros bosques.

Sistema administrativo

  • Varios colegas plantearon que la administración de los bosques debería incluir bosque nativo, forestaciones y tierras forestales históricamente convertidas a agricultura.
  • Una visión aún más holística del sistema productivo, propuso integrar al entramado de bosques, praderas y cultivos intensivos bajo una mirada de paisajes productivos y como contraparte una entidad de monitoreo ambiental transversal a todo el sistema socioeconómico.

Sería muy bueno llegar a un consenso sobre la visión y estructura administrativa del sistema que nos nutre y sustenta económicamente, tal vez a través de un nuevo debate que se centre en cómo concebimos el sistema productivo futuro de nuestro país.

 

¿Dos manejos para el bosque?

  • El manejo de forestaciones simula eventos catastróficos como el fuego, característico de sistemas dominados por coníferas y eucaliptos, en tanto que el manejo de bosques nativos, con pocas excepciones, se basa en el extraño concepto de impacto mínimo que en el mejor de los casos conlleva la tala selectiva de los mejores individuos degradando al bosque remanente en su productividad y composición.
  • A mi parecer la diferencia de manejo planteada para bosques nativos y forestaciones tiene un fuerte componente ideológico que empobrece la formación de biólogos e ingenieros forestales, limitando fuertemente su capacidad de aprendizaje y expulsando a jóvenes creativos que pretendan mejorar nuestra relación con el ambiente. ¿Podremos plantear desde la academia manejos innovadores, basados en la valorización de nuestros bosques?

La utopía de volver al bosque

  • Desde la academia, deberíamos nutrir a la próxima generación de una base ecológica, socio-económica y filosófica que le permita definir caminos a lo largo de su formación profesional, acompañando su aprendizaje en la medida de nuestras capacidades e incentivando la generación de nuevos paradigmas de interacción con el bosque.
  • Para ello es fundamental romper la división entre universitarios urbanos que conforman el entramado académico-administrativo político y económico que define las reglas de juego, y habitantes de nuestro extenso y despoblado sector rural, quienes buscan adaptarse a ellas. El mayor valor que tiene nuestro sector rural en general y nuestros bosques en particular es el de quienes lo habitan y conocen. Sin ellos tendremos paisajes vacíos.
  • Quiero imaginar que seremos capaces de valorizar al bosque desde lo emocional. Creo que sólo podemos cultivar el amor por lo que conocemos y que la convivencia es el mejor modo de aprendizaje. Viendo la extraña relación que tenemos hoy con el bosque, estudiándolo, manejándolo y administrándolo desde centros urbanos, me cuesta entender que podremos amarlo, comprenderlo y valorarlo.

 

Este artículo forma parte del espacio de colaboración de Columna  de Opinión mensual de la REDFOR.ar en ArgentinaForestal.com, que busca divulgar y generar debate sobre la problemática forestal del país. Las opiniones pertenecen a los autores.

 

 

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