Patagonia: Ante la poca forestación destinada a la explotación económica, la región busca revitalizar la visión productiva de los bosques 

El uso de madera producida de manera sustentable es más amigable para el ambiente que el de materias primas cuya elaboración requiere una proporción elevada de energía fósil. En Patagonia se está consolidando un capital importante en bosques plantados, a pesar de los incendios, del retraso en el manejo y del avance de la urbanización sobre las forestaciones.

Fuente: Diario El Cordillerano

RÍO NEGRO (4/12/2018).- Es importante tener en cuenta que una concepción económico-financiera del desarrollo indica que las plantaciones de árboles deben restringirse a las zonas con mayor potencial productivo del país y que la Patagonia debería importar madera de esas regiones. Sin embargo, motivos socioeconómicos, productivos y ambientales justifican el fomento de las forestaciones en Patagonia.

Especialistas afirman que la demanda regional de madera crece, y para satisfacerla se requieren fletes de más de 2.000 km de distancia, con el consiguiente impacto sobre las emisiones de CO2. Como contracara, es una oportunidad para desarrollar una producción forestal basada sobre empresas locales.

La región patagónica posee un potencial biofísico para forestaciones y podría satisfacer su demanda ocupando una mínima parte del territorio, en un contexto en que los beneficios de la inversión serán percibidos por la generación siguiente a la que realiza la plantación. Su desarrollo requiere de escasa tecnificación y -por ello- genera más empleo que en otras regiones del país. Las plantaciones pueden moderar o revertir los procesos de deterioro de suelos. Los bosques, manejados de forma adecuada, mantienen parte de la vegetación nativa, la vida silvestre, y pueden capturar grandes cantidades de CO2 adicional. La Patagonia posee un conglomerado de instituciones dedicadas a la ciencia y la tecnología que ha generado las bases para conducir de manera sustentable plantaciones en las que se atiendan las consideraciones de localización, diseño y manejo.

 

Comienzo en Bariloche

Las primeras plantaciones forestales en Patagonia que permitieron identificar aquellas especies exóticas con mejor comportamiento se remontan a principios del siglo XX. Se realizaron en Bariloche, que estaba creciendo como “la Suiza argentina”, de acuerdo a la visión de la época. En 1916 ya funcionaba un vivero con sauces y pinos, administrado por el Ministerio de Agricultura de la Nación. Luego, la Administración de Parques Nacionales (1934) realizó reforestaciones para la recuperación de bosques nativos muy degradados por incendios y sobre-pastoreo en la isla Victoria.

A medida que se crearon las provincias patagónicas se implementó la Ley Nacional de Bosques N° 13.273, de 1945, que promueve el uso de los bosques nativos mediante planes de ordenación y la primera promoción de las forestaciones.

Con el transcurso de los años se observó que para la Patagonia este modelo no fue apropiado por las condiciones geográficas, ambientales y económicas (grandes distancias entre plantaciones, bajo crecimiento, poca infraestructura). Como resultado, no se instalaron industrias de síntesis y las plantaciones no fueron adecuadamente manejadas.

En Patagonia, las densidades de plantación se hacen menores, aunque no se explicita con claridad un modelo de desarrollo forestal propio que guíe tanto los objetivos productivos de la plantación como su ubicación y manejo.

Las demoras en el pago de los subsidios nacionales y provinciales en muchos casos han provocado que los productores pierdan interés ante lo incierto de este mecanismo, y que empresas de servicios de plantaciones o producción de plantas debieran enfrentar mayores riesgos, inestabilidad y pérdida del apalancamiento financiero.

Se considera que es necesario fomentar el establecimiento de nuevas plantaciones en Patagonia. Desde el punto de vista económico, el aumento de la demanda de madera en la región norpatagónica por el incremento de la población se satisface con madera proveniente de las industrias de la Mesopotamia, lo que apoya la dependencia económica extra-regional, con mayores costos locales y beneficios que se exportan a otras regiones.

En un estudio realizado en la provincia del Chubut, Aguado (2006) indicó que la producción de madera de bosque nativo presentó su máximo en la década de los ochenta, en coincidencia con el mayor incremento poblacional de las ciudades de la provincia ubicadas en la costa del Atlántico. En la actualidad, los bosques nativos no están en condiciones de satisfacer la demanda de madera en el corto y mediano plazo debido a que los propietarios de la tierra priorizan el uso pastoril de los mismos y las empresas forestales se enfrentan a problemas de acceso a esta materia prima a raíz de la necesidad de realizar importantes inversiones en caminos, entre otras causas. (Con datos de scielo.org.ar).

 

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