El ciudadano y la gestión del arbolado urbano

“Es nuestro deber como ciudadanos cuidar, respetar y asistir a nuestro ecosistema urbano, los árboles son quienes nos dan sombra en verano, disminuyendo hasta 12ºC la temperatura del aire, purifican la atmósfera, atenúan y filtran vientos, reducen la contaminación sonora, contribuyen a mantener la biodiversidad y otorgan valor natural y paisajístico”, señala en su columna mensual la ingeniera forestal, Cristina Pitsch, docente de la Facultad de Ciencias Forestales de Eldorado, de la UNaM (*). 

MISIONES (29/9/2018).- Cuando hablamos de ecosistemas, nos referimos únicamente a los que son naturales, pero debemos incluir también el concepto de ecosistema cuando nos referimos a las ciudades, aunque estos sean ecosistemas artificiales dependientes de los naturales. El rol del árbol es muy importante, y más su permanencia en él.

Muy poco nos cuesta tirar un árbol abajo, destruirlo, o practicar una poda indiscriminada. Pero ¿cuántos años tenemos que esperar a que un árbol crezca y nos brinde su sombra?

Generalmente, nos disgusta la presencia del árbol cuando vemos como se levantan las veredas, cuando tenemos que barrer en el otoño, o cuando simplemente nos tapa la visual de carteles comerciales.

Somos muy críticos con ellos, nos molestan y por lo tanto los sacamos.

Pero hablando de los árboles explícitamente de vereda: ¿qué función cumplen? ¿de quiénes son?. Los árboles de vereda, como los de parques, plazas, plazoletas, son inherentes a los espacios públicos, por lo tanto pertenecen exclusivamente a la comunidad, y de ningún modo, el frentista puede aducir su propiedad exclusiva aunque lo haya adquirido de su propio peculio. Lo que no es erróneo, es el concepto de que el frentista, tiene la obligación de salvaguardar ese árbol público. Es interesante saber que existen leyes que los amparan.

Los problemas presentes en el arbolado urbano radican no sólo en la intolerancia que le tenemos a la planta, sino también en que históricamente se realizan plantaciones sin planificar, luego, se presentan una variedad lógica de inconvenientes. ¿Qué podemos hacer frente a ellos?

Por empezar, debemos ver cuál es el inconveniente y actuar de manera tal de preservar la planta reduciendo todo impacto posible.

Si el problema es que se levantó la vereda, por causa de las raíces, se puede agrandar el recinto donde está alojada la planta, si el ancho de vereda lo permite.

Si las raíces están invadiendo la casa, se puede realizar una zanja y colocar polietileno grueso. Esto hace que las raíces exploren el suelo en forma vertical.

La relación de la copa con la raíz es proporcional, por lo tanto está directamente relacionada con la planificación del arbolado, ya sea, por el ancho de vereda, como por el distanciamiento entre plantas.

La poda, y el concepto erróneo de que un árbol necesita ser podado para crecer en forma vigorosa, ha sido y es, uno de los grandes problemas que presenta el arbolado urbano.

Si bien, existe la poda de formación, esta responde únicamente a un criterio de practicidad en cuanto al despeje de ramas para el libre tránsito. O sea, se realizan podas en las plantas jóvenes para darle forma a la copa y de esta manera obtener una copa superior a los 2 metros de altura.

También, y por convivir la planta en un ecosistema artificial, donde la presencia constante de cables hace que se deba readaptar la copa para no interferir con los mismos, se realizan podas de limpieza en los lugares donde hay cableado.

Otro caso, es cuando hay ramas secas con posibilidad de quebrarse, aquí se realizan podas de limpieza de ramas secas. Evitando de esta manera los posibles daños que se generarían.

En estos casos hay un porqué de la intervención, pero en los casos de MUTILACIÓN, que pueden ser de distintas formas, como por ejemplo: llevar la copa al tercio de su tamaño original, dejando los típicos percheros. ¿Qué sentido cumple? Generalmente la persona que realiza esta práctica se fija en el tamaño de la hoja luego de la poda y en el aumento de floración. Pero no nos confundamos, esto responde únicamente a que la planta entra en estrés y que la manera de asegurar su perpetuidad es fructificando en mayor cantidad.

Por lo tanto, si nos fijamos, las técnicas de poda varían de acuerdo al criterio con que se las aplica. No es lo mismo la poda de un árbol frutal que la de un árbol ornamental, dado que lo valioso de este último es la sombra que nos brinda.

Además, dentro de lo que es poda, podemos decir que es una de las causales de mayores enfermedades en árboles ya que por medio de las heridas causadas se introducen distintos agentes patógenos, pudriciones de madera, etc.

El criterio de planificación en arbolado urbano comienza con la correcta elección de la especie, para lo cual es importante en primer lugar la elección por adaptación climática, tanto en temperatura como en régimen hídrico. Una vez realizada la selección por este criterio, se eligen las especies de acuerdo a la escala de plantación. Donde es importante saber el tamaño de copa final para un distanciamiento entre plantas óptimo.

Hay un proverbio chino que dice: “El mejor momento para plantar un árbol fue hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”

Es nuestro deber como ciudadanos cuidar, respetar y asistir a nuestro ecosistema urbano, los árboles son quienes nos dan sombra en verano, disminuyendo hasta 12ºC la temperatura del aire, purifican la atmósfera, atenúan y filtran vientos, reducen la contaminación sonora, contribuyen a mantener la biodiversidad y otorgan valor natural y paisajístico.

 

 

Cristina Pitsch (*)

Ingeniera Forestal

Facultad de Ciencias Forestales

“Gestión del Arbolado y Paisajismo en Espacios Verdes Públicos”

Contacto: cpitsch2003@yahoo.com.ar

 

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