La gallina de los huevos de oro y los esquemas de compensación por servicios ambientales, PSA y REDD

Por Cesar J. Galarza, Consultor Ambiental.

Los PSA y los REDD  son opciones viables de conservación de los recursos naturales que pueden aparejar además mejoras económicas y sociales para la comunidad, cristalizando de este modo el muy preciado desarrollo sostenible.

ARGENTINA (ABRIL 2013).- El potencial en desarrollo económico entorno al medio ambiente de Argentina es grande. En esta línea, los esquemas comerciales basados en la naturaleza (p.ej. el turismo o las industrias que utilizan al agua como materia prima) se vienen convirtiendo en base angular de muchas economías locales a modo de huevos de oro recogidos en número creciente año tras año. Sin embargo, los recursos naturales son limitados, por lo que, no solo por motivos conservacionistas sino por aquellos económicos de seguir gozando de los frutos a futuro urge concentrar esfuerzos en su cuidado y preservación, puesto que no son otra cosa que la gallina de la cual depende la generación de aquellos huevos dorados. Al respecto, no existen razones de peso que impidan que en Argentina se implementen con éxito -al igual que en Costa Rica, Bolivia, Brasil, Perú, etc.- los mecanismos económico-conservacionistas de compensación por servicios ambientales (CSA), convirtiéndose incluso el país en referente en el tema a nivel regional.

Claro está que la instrumentalización económica de los servicios ambientales no es nada novedosa y se utiliza desde tiempos inmemoriales en la humanidad  (p.ej.: la producción de madera, la caza y pesca para comercialización, etc.), sin embargo, sí lo es su conceptualización como instrumento económico para la conservación de los recursos naturales mediante el otorgamiento de una compensación económica que la posibilite. Entre los esquemas más conocidos en este sentido se encuentran los de “Pago por Servicios Ambientales (PSA)” y los “REDD” (por sus siglas en ingles Reducing Emissions from Deforestation and Forest Degradation); proyectos similares pero con aspectos diferenciales que vale la pena considerar. Así, los PSA son mecanismos que nacen acuerdos voluntarios privados entre los beneficiarios de los servicios ambientales y los propietarios de las tierras en las que se encuentran los recursos naturales que proveen los mismos. Su finalidad es otorgar una ayuda y/o compensación económica por parte de los primeros a los segundos, a fin de “compensarlos” por los gastos y tareas que implica el mantenimiento y conservación de los recursos que proporcionan los servicios ambientales. Los REDD por su parte, son proyectos nacidos en el contexto de la Convención Marco de la Naciones Unidas Contra el Cambio Climático; propuestos en la COP 11  (Montreal, 2005) como un nuevo instrumento económico para luchar contra la emisión de gases de efecto invernadero causada por la deforestación y degradación de los bosques, y ampliados posteriormente en la COP 13 (Bali, 2007) a la conservación y manejo sostenible de los bosques, y al incremento de los almacenamientos de carbono. Esta última adición dio origen a los proyectos REDD Plus (o REDD+), que si bien hoy se confunden con los REDD se diferencian de estos últimos al dedicarse exclusivamente a actividades conservación o incremento los stocks de carbono mientras que aquellos, los REDD “a secas”, se orientan básicamente a disminuir la presión humana sobre los bosques causada por el cambio de uso de suelo y la tala ilegal. A fines prácticos, en este artículo se utilizara el término REDD para hacer referencia en forma indistinta a ambos tipos de emprendimientos.

Ahora bien, como se ha dicho tanto los PSA como los REDD conllevan el otorgamiento de una compensación económica por la  conservación de los recursos naturales que producen los servicios ambientales. No está de más recordar al respecto que entre los más conocidos de estos servicios se encuentran: la regulación climática, la provisión y purificación de agua, el control de erosión, el paisaje (turismo), la polinización, la producción de madera para combustible y agua sin sedimentos para las represas, la absorción y fijación de carbono, la biodiversidad, etc.; y cada uno de los esquemas mencionados tiene un perfil distinto en torno a estos servicios. Los PSA presentan un campo de acción más amplio puesto que pueden comprender tanto los servicios brindados por los bosques como los proporcionados por otros ecosistemas naturales, como ser lagos, ríos, montañas, pastizales, etc.; incluso aquellos prestados por el hombre en relación con el medio ambiente (p.ej.: la recolección y reciclaje de residuos). Debido a esto es que en algunos ámbitos se prefiera la expresión servicios ambientales a la de servicios ecosistémicos, para comprender así a los servicios que no son proporcionados por ecosistemas propiamente dichos (p.ej.: PSA urbanos). Los REDD en cambio focalizan su atención en los servicios de absorción y fijación de carbono prestados por los bosques como un método de mitigación al cambio climático que contribuye a la diminución en la atmósfera de los gases de efecto invernadero (GEI), es decir que su ámbito de actuación es mucho mas limitado.

Si bien la compensación otorgada en ambos tipos de proyectos es siempre económica (en dinero y/o en especie) la misma puede tener un origen distinto en cada uno de ellos. En los PSA proviene de los beneficiarios de los servicios ambientales que tienen interés en la conservación de los mismos, siendo su finalidad la optimación o continuidad a futuro de su uso y provecho (p. ej.: en un esquema hipotético, los habitantes ladera abajo de los márgenes de un arroyo contribuyen económicamente para que los habitantes ladera arriba del mismo desarrollen su actividad agrícola-ganadera de un modo que, aunque más costoso, evite el enturbiamiento del agua del arroyo, lo cual les permite continuar gozando del agua limpia en las zonas más bajas del cerro). En los REDD, por su parte, la compensación tiene su génesis en los aportes económicos de empresas interesadas en la conservación del planeta por distintos motivos como ser: la neutralización de su huella de carbono, la mejora de su imagen, el posicionamiento en el mercado, la adopción de una política de responsabilidad social empresaria ambiental (RSE), etc. Las empresas reciben a cambio un certificado que avala que la absorción y/o fijación de carbono es cierta y comprobada técnicamente.  El proceso de obtención de dicho certificado (realizado actualmente por distintas entidades como: Verified Carbon StandarD [VCS], The climate, Community & Biodiversity Alliance [CCBA], Plan Vivo, Gold Estándar, etc.)  tiene un costo económico determinado, y una vez finalizado el mismo y lograda la certificación, los créditos de carbono pueden ser comercializados (compra-venta de carbono certificado) ya sea en forma directa con los compradores, o en el “mercado voluntario de carbono” (diferente del mercado regulado, ya sea por la ONU, por la Unión Europea o por algunos países como China, puesto que en éstos se negocian certificados provenientes de la asignación obligatoria a cada sector económico o de determinados tipos de proyectos, como los MDL). El precio del carbono certificado por ende queda sujeto a las reglas de oferta y demanda del mercado.

Uno de los puntos de coincidencia fuerte entre uno y otro esquema de CSA es el objetivo de conservación ambiental. Pese a ello, las perspectivas y el ámbito geográfico de cumplimiento de tal finalidad en cada uno de ellos pueden ser vistas y abordadas de un modo diferente. En los PSA, al apuntar estos al logro de la la conservación y recupero de los servicios ambientales prestados por cualquiera de los ecosistemas naturales (bosques o no), su ámbito de ampliación geográfica abarca cualquier punto en que se encuentren situados los mismos. En los REDD, al estar dedicados a fortalecer los efectos de mitigación del cambio climático (absorción y fijación de carbono), su área de trabajo se circunscribe a aquellas donde existe selva o bosque, quedando fuera las regiones donde estos no están presentes.

Otra característica compartida entre los PSA y los REDD es la de ser “instrumentos económicos” vinculados a la protección ambiental. Ello implica que, además del objetivo de protección del medio ambiente, necesariamente deben poseer un componente de beneficio económico a las partes que lo promueven y las comunidades que le sirven de alojamiento. Cabe señalar que de la interrelación de los factores económicos y ambientales, sumados a los sociales, es en definitiva de lo que se trata el desarrollo sostenible, por lo que resulta claro que ambos esquemas pueden convertirse en vías conductivas válidas para el logro del mismo. Este progreso económico puede venir en los esquemas de CSA tanto de la mano del ingreso de los pagos en virtud de la venta de los servicios ambientales, como del avance o innovación en sistemas productivos. En los PSA dicho desarrollo podría estar ligado a la mejora en el sistema de producción con un incremento en el margen de ganancias por el alcance a nuevos mercados, o bien a la reinversión de lo recibido en concepto de compensación en otras actividades económicas productivas. Esto también puede darse en los REDD, aunque incumbe remarcar que en ellos, al desenvolverse en áreas cubiertas por bosques, el desarrollo sostenible siempre estará vinculado a las actividades ligadas a tales regiones (manejo forestal sostenible, paliación de degradación de suelos y bosques, reforestación, etc.).

Como se adelantó supra el desarrollo sostenible no sería tal sino incluyera un componente de mejora social; y éste también está presente en los esquemas de CSA puesto que tanto la recepción de compensaciones (en dinero y/o en especie), como la ejecución de nuevos y mejores sistemas de producción, pueden redundar en un progreso en las condiciones de vida de la población, y contribuir indirectamente a la lucha contra la pobreza y otros males sociales (como el éxodo rural a los centros urbanos, la desnutrición, analfabetismo y  trabajo infantil, etc.). A ello podría añadirse incluso la generación de óptimos  y más inclusivos sistemas de gobernanza de los recursos naturales vinculados a una comunidad determinada (p.ej.: comités de cuenca). En los PSA las mejoras sociales pueden tener un campo bastante amplio de acción, puesto que se multiplican las oportunidades de implementación de formas de producción sostenible al cubrir un mayor campo de servicios ambientales, mientras que en los REDD, dichas mejoras dependerán del esquema que se implemente en torno a la conservación y/o recuperación de los bosques.

Huelga decir que la ejecución de los proyectos de CSA es una práctica relativamente nueva y no exenta de dificultades en su proceso de implementación, pese a ello las experiencias de manejo y superación de puntos difíciles en uno, sirven de lecciones aprendidas para no cometer los mismos errores en el otro. En los PSA algunas cuestiones básicas identificadas como posibles obstáculos son: la concienciación de los beneficiaros/compradores de los servicios ambientales sobre la necesidad de su conservación cuando no existe una sensación limite (o de inminente carencia) del recurso natural; el acuerdo de valoración económica del servicio ambiental entre proveedores y compradores; el monitoreo del estado inicial y posterior conservación y/o recuperación de los servicios ambientales; la falta de titularidad de las tierras en las que trabajan algunos productores; el sistema de acreditación o certificación; y la constitución de un fondo semilla para los primeros pagos, entre otras complicaciones propias de cada región y proyecto en particular. Los REDD presentan dificultades similares a los PSA, y por ende le sirven casi en su totalidad las experiencias que se van adquiriendo en estos últimos, sin embargo no se puede dejar de señalar que los REDD enfrentan sus propios escollos en el ámbito internacional que ralentizan su progreso y desarrollo completo. En este sentido la principal traba está dada por el hecho de que, al haber sido concebidos dentro del contexto de la lucha internacional contra el cambio climático, dependen en gran medida del otorgamiento de fondos internacionales en dicho marco y de la admisión de sus certificados de carbono para su comercialización en los distintos mercados regulados. Lamentablemente en últimas COPs no se han dado grandes avances en tal sentido, y tampoco se espera que las haya a muy corto plazo.

Para cerrar este breve análisis comparativo de los esquemas de CSA, se podría decir que, pese a sus falencias y aspectos perfectibles, los PSA y los REDD  son opciones viables de conservación de los recursos naturales que pueden aparejar además mejoras económicas y sociales para la comunidad, cristalizando de este modo el muy preciado desarrollo sostenible. Esto en Latinoamérica asume un atractivo particular dada la exuberancia de recursos naturales y la necesidad de mejoras económico-sociales que presenta la región. Es indudable que Argentina tiene un gran potencial en tal sentido, y el mismo debe ser aprovechado. En definitiva, estos esquemas pueden convertirse en una forma sumamente atractiva de poner la atención en el cuidado extremo y delicado de la gallina que produce los huevos de oro, los recursos naturales, en un mundo donde es de presumir que éstos,  y los servicios que proporcionan, serán cada vez más escasos y por ende valiosos.

Por Cesar J. Galarza, Consultor Ambiental.

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